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La noche que nos vestimos de blanco para comer con desconocidos en un lugar misterioso

Ayer pasó el primer Le Dîner en Blanc en Buenos Aires, donde más de 1000 personas se reunieron en un picnic masivo y sofisticado

Le Dîner en Blanc se realizó por primera vez en la Argentina
Le Dîner en Blanc se realizó por primera vez en la Argentina. Foto: Malcolm MacGibbon
Domingo 08 de octubre de 2017 • 00:57
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LA NACION

Antes de las 17 del sábado, sabía algunas cosas de Le Dîner en Blanc: que ya se había hecho en frente de la Torre Eiffel y en una bahía de Sídney, que en Buenos Aires reservaron mesa más de 1000 personas, que siempre hay que vestirse completamente de blanco, que la comida se lleva en canastos igual de blancos, que solo se permite tomar agua, vino o espumante y que había que ser muy puntual. Lo que no sabía: dónde iba a ser, cuántos se iban a rebelar contra la consigna principal al menos en un detalle (seguro en los ítems más complicados como los zapatos y las carteras), si habría música en vivo (alguna orquesta quizás) y si ese abrigo que tengo es blanco puro o cremita.

La coreografía internacional

Si bien se trataba de un picnic, participar no era tan fácil como llevarse una lona blanca a la plaza y desplegar la comida encima. Había que anotarse en el sitio, esperar a tener lugar (más de 2800 personas se quedaron afuera), pagar un fee y recibir al mismo tiempo un instructivo y un líder. Esa persona sería la única que sabría el sitio exacto del evento y estaría a cargo de llevarnos.

Si viste gente de blanco moviéndose por la ciudad entre las 17 y las 18, seguro estaban yendo a su punto de encuentro para juntarse con su líder y subirse al medio de transporte que los iba a dejar en la fiesta.

La llegada llamó la atención de más de un porteño
La llegada llamó la atención de más de un porteño. Foto: Malcolm MacGibbon

La misma rutina se da todos los años en 80 ciudades del mundo, desde Seúl hasta Honolulu pasando por Montreal en Canadá, donde nació la firma en 2012 (aunque el concepto ya se realizaba en Francia hace más de 30 años). Hoy domingo la gira sigue en Las Vegas y la semana que viene desembarca en Los Ángeles.

Hasta las canastas con la comida debían ser blancas
Hasta las canastas con la comida debían ser blancas. Foto: Malcolm MacGibbon

Pero volvamos a Buenos Aires. Llegamos a nuestro punto de encuentro que era frente al Museo Nacional de Bellas Artes a la hora que nos habían indicado y ahí estaba nuestra líder. Otras opciones de salida eran el Teatro Colón y el Malba. Alrededor de ella, alguna que otra corona con plumas, antifaces y hasta un tutú de bailarina blaquísimo. El cremita de mi abrigo pasó desapercibo, muchos habían tenido la misma duda y decidieron, como yo, seguir adelante.

La fiesta

Sin esperar a una pareja que rompió la regla de la puntualidad, nos fuimos. En el autobús nos repartieron unas fichas que después íbamos a cambiar por mesas, manteles, bebidas y canastas (casi 300 personas prefirieron comprar su comida a llevar la propia). Encaramos por Av. del Libertador hacia abajo y la primera incógnita ya se empezó a resolver: íbamos a Puerto Madero.

Las mesas más lindas tenían flores, luces y centros de mesa
Las mesas más lindas tenían flores, luces y centros de mesa. Foto: Malcolm MacGibbon

Llegamos cerca de las 19 a Oceana, un predio verde con el agua por un lado y los edificios de nuestra Ciudad Gótica por el otro. Desde que cruzamos al arco de bienvenida hasta que desplegamos los manteles no pasaron más de 15 minutos en los que el chiste era, "si lo ves a Alan Faena, ¿lo reconocés?". La respuesta es sí. Al fin y al cabo estábamos en su código postal y en su dresscode. Alan estaba en su salsa.

Cada uno debía armar su mesa y hacerse cargo de lo que iba a comer
Cada uno debía armar su mesa y hacerse cargo de lo que iba a comer. Foto: Malcolm MacGibbon

Entre las 400 había mesas más lindas que otras, con ramos de jazmines, lucecitas y hasta veladores con LEDs; y platos más tentadores que otros entre sándwiches de salmón, tablas de fiambres, tortas y macarons. Parecía un casamiento, o tal vez cuatro casamientos pegados.

Más de 2000 personas quedaron afuera
Más de 2000 personas quedaron afuera. Foto: Malcolm MacGibbon

Durante la comida sonó una banda melódica que frenó para que prendiéramos esas varitas que largan chispas y se anunció la apertura de la pista de baile. Marcela Tinayre y Evelyn Scheidl fueron de las primeras que se sumergieron y se quedaron un rato largo. El clima siguió igual hasta las 23 mientras los que paseaban por los diques frenaban para espiar cómo mil personas se habían puesto de acuerdo hasta en el más mínimo detalle. Todos menos Nicolás Repetto con su campera de cuero...negra.

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