Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Pampita o Carolina: La paradoja de la imagen y sus trampas

En su debut en el cine encarna un papel que parece diseñado tanto como para confrontar como para amplificar su figura mediática; la modelo ya se plantea un futuro en la pantalla grande

Domingo 08 de octubre de 2017
SEGUIR
LA NACION
0

Femme fatale dulce. Angelical. Belicosa. Seductora. Maternal. Frágil y arrasadora: el oxímoron que suele vestir Carolina "Pampita" Ardohain para transitar el mundo como un ícono popular no es antojadizo. "Pampita", su nombre artístico, ya superó a la persona para convertirse en el genérico de la belleza, sinónimo automático de "hermosura". Carolina, en cambio, su alter ego, esconde un mensaje que elige develar de a poco: en este juego de las paradojas, quien hizo de su imagen una marca, eligió ahora reinventarse y, en su primer incursión en el cine, intenta transformar a la "mujer objeto" en una bandera contra los prejuicios. ¿Lo logra?

En Desearás al hombre de tu hermana, Ardohain entabla una suerte de cuadrilátero amoroso con escenas de sexo y vocabulario explícito
En Desearás al hombre de tu hermana, Ardohain entabla una suerte de cuadrilátero amoroso con escenas de sexo y vocabulario explícito. Foto: LA NACION / Fernando Massobrio

"Me parece que hay que tener el punto justo. A mí me gusta ser mujer, siempre he sido muy libre en todas mis decisiones, en cuanto a mi cuerpo y mis actos, pero también me gusta el rol del hombre como hombre protector. En ese sentido soy una romántica. Pero me encanta poder mostrar que somos totalmente libres de nuestros cuerpos de gozar sin prejuicios", dice. Es que esa mujer desprejuiciada y libre parece chocar con sus propios tabúes, su estructura moral interna. Como si Pampita y Carolina fueran dos personas que conviven en un mismo cuerpo, que dialogan entre ellas tanto como se repelen. Pampita mantiene los labios entreabiertos, la mirada pícara frente al espejo baja en busca de un pincel que unta con rouge y se lleva a los labios. Cuando el flash se apaga, Carolina suelta una carcajada. No sabe delinearse los labios. Ni siquiera tiene maquillaje en su casa. No usa.

Era adolescente cuando la vida le demostró que no necesitaba todo eso: a cara lavada, fue elegida por sus compañeros para representar a La Pampa en la Fiesta de la Primavera en Jujuy, certamen que ganó casi sin querer. Por entonces buscaba ser bailarina clásica, pero la vida le presentó el universo de las pasarelas y la fama se la arrastró lejos de los teatros, a empapelar la ciudad con su cara, con su apodo: Pampita.

Pero nadie de su entorno le dice así. Caro, Carito. Algunos rescatan su nombre completo, y a ella le encanta escucharlo: Ana Carolina. Así la bautizaron hace 39 años en General Acha, La Pampa, sus padres, Guillermo Ardohain -que falleció en un accidente en la ruta cuando era niña- y Thania Dos Santos, su gran sostén y compañía. Para Carolina, fue la crianza libre de prejuicios lo que forjó su personalidad fuerte. "Siempre fui superdecidida sobre mis cosas y sobre lo que yo quería. Nunca nadie pudo opinar sobre eso. Pude decidir siempre libremente todo", dice en una charla con LA NACION (la primera vez en su carrera). Habla bajito, como si estuviera haciendo una confidencia, pero se toma su tiempo para responder. Sus palabras no brotan con la espontaneidad de su sonrisa.

Pampita habló. Pampita reveló. Pampita bailó en el caño. Juzgó. Se enfureció. Rompió una cámara. Acusó. Destrozó. Cuestionó. Lloró. Pampita, de vacaciones. Pampita, a los besos. Pampita se enamoró.

La lista de hechos que acompañan su nombre artístico es tan larga como el historial de títulos que aparecen al tipearlo en el buscador web: fue la celebridad argentina más googleada de 2016. Tal vez resulta imperceptible, pero Carolina superó por lejos a la Pampita mannequin, chica del verano, la de la pose y la risa más linda del país. Hace tiempo que actúa, pero al parecer faltaba una pantalla grande para que quedara claro. Mientras el público masivo la está viendo ahora, con el estreno de su película, ella tenía claro que hacía tiempo era actriz.

-¿Por qué no lo hiciste antes? ¿No te animabas?

No? Para mí todo llega cuando tiene que llegar. Ahora era el momento en que estaba preparada para enfrentarme a algo así. Para animarme a dar ese paso.

"La vida humana es, tiene que ser, por veces, a ratos broma, farsa; que por eso el teatro existe", dice José Ortega y Gasset en su famoso ensayo Idea del teatro y propone al arte del actor como un juego "que el hombre posee para suspender virtualmente su esclavitud dentro de la realidad, para evadirse, escapar, traerse a sí mismo de este mundo en que vive a otro irreal". Pampita es para Carolina un juego. Con sus reglas, con sus riesgos. Con el triunfo como meta efímera y la opción de barajar y dar de nuevo al alcance de la mano.

Si en 2016 pasó de ser una figura de tapa de revistas, de fiestas y pasarelas a protagonista absoluta de la televisión por su destape como combativa y polémica jurado del certamen de ShowMatch "Bailando por un sueño", en 2017 su debut en cine también es provocador: Desearás? basada en el libro de Erika Halvorsen, es un drama erótico que el director Diego Kaplan eligió contar en un tono psicodélico y desopilante, echando mano a una estética kitsch y a los rastros que quedan en el inconsciente de todo el que vio el cine de Armando Bó con la Coca Sarli, e incluso algo de Almodóvar. Y Pampita se pone en la piel de Ofelia, una mujer que experimenta el sexo con libertad y devoción, sin prejuicios. Se anima al desnudo pero también a proponer una mirada sobre el deseo de la mujer que, paradójicamente, la acerca al feminismo.

-¿Te preocupa la mirada de los otros sobre la película?

-No me preocupa. Al contrario. Me encantaría que cuando la vean mis familiares se sientan orgullosos de la entrega, del proyecto que elegí para empezar. No me fui a lo cómodo, a lo fácil, preferí arriesgar más y que sea aún mayor el desafío y la satisfacción también.

-¿Te costaron las escenas de sexo?

No. Iba viendo cómo iba quedando la estética de la película y ya me imaginaba que a pesar de que iban a ser fuertes y teníamos que mostrar cuánto siente Ofelia, porque siente muchísimo, estaba contenida. Sabía que iba a ser bello.

-¿Por qué se decidió hacer desnudos totales de los hombres y no de las mujeres? ¿Vos te negaste?

Era una película que Diego quería que esté todo el tiempo desde la mirada femenina. Trabajó mucho en que eso se notara. Y que una diga por fin una película para nosotras en la que los chicos se ven guapísimos: el que se ve como objeto es el hombre y no la mujer. No hay muchos referentes de eso.

-¿Qué te gustaría que le pase al público?

Que la disfruten, que los haga pensar, que a las mujeres las haga retomar el poderío sobre su cuerpo y su deseo y sobre sus decisiones. Que no se sometan a nada.

-¿Es una película feminista?

Sí, es una película feminista. No quiero adelantar mucho, pero ya esta mirada de la madre, de cómo criarlas, de las libertades que les ofrece, sí tiene que ver con eso de ser libres de nuestro cuerpo, de nuestro deseo, de ser las que tomamos las decisiones de las cosas y no los hombres.

-Hay una bajada de línea muy directa en uno de los parlamentos: "Hay gobiernos que no quieren vernos gozar", en referencia a la prohibición de los anticonceptivos?

Sí, tiene que ver con la época [está situada en los 70], con ese momento de represión de muchas cosas. Si vemos hoy cómo estamos, cómo está la sociedad y la televisión, y las redes, de verdad tenemos otro tipo de libertad.

-En esa época, lo que era la píldora hoy podría leerse como la prohibición del aborto. ¿Tenés una postura tomada sobre eso? ¿Creés que debería legalizarse?

Una imagen, un personaje y una persona de carne y hueso
Una imagen, un personaje y una persona de carne y hueso. Foto: LA NACION / Fernando Massobrio

Yo soy católica, entonces para mí siempre la vida es una bendición. Entiendo que cada una decide sobre su cuerpo y es una decisión personal, pero yo no lo comulgaría porque para mí siempre los hijos son un milagro y una bendición.

La tensión entre Carolina y Pampita se cuela en sus palabras todo el tiempo. No va a dejar que el personaje se devore a la persona, y viceversa. La rigurosidad de la bailarina clásica está intacta, aun en este plano tan "líquido".

Su vida personal siempre estuvo a la orden del día en las revistas del corazón, algo que ella no solía rechazar. El país opinó sobre su separación de Martín Barrantes, su primer marido, tanto como del juicio por adulterio que perdió por formar una familia con Benjamín Vicuña antes de que salieran los papeles del divorcio. Carolina, quizá la persona real, la que sufre por amor, la que comete errores, consiguió el apoyo total de la opinión pública.

Sin embargo, en 2012, ser Pampita le significó una invasión masiva de los medios en el momento más doloroso de su vida: la muerte de su hija Blanca, la mayor de los cuatro niños que tuvo con Vicuña. Fue entonces cuando silenció a Pampita. Carolina necesitaba sanar. Y en parte, la cura llegó en 2014, con el nacimiento de Benicio, su cuarto hijo. Pampita volvió a las tapas de revistas después de dar a luz y Carolina se agazapó detrás del personaje guardando lo privado todo lo que pudo. El escándalo la volvió a poner en los titulares cuando los detalles de su separación de Benjamín Vicuña tomaron tal estado público que se convirtieron en memes y bromas en las redes sociales. Carolina y Pampita se unieron entonces para hacer de tripas corazón y salir airosas: las mujeres hermosas también sufren por amor y la empatía del público fue total.

Tras un turbulento 2015 para Carolina, 2016 convirtió a Pampita en la reina de la televisión a fuerza de cruces mediáticos. "Este año me planteé desde el principio que quería vivirlo distinto del año anterior. Estoy más cuidadosa, porque no quiero entrar en ninguna polémica. Dije que me lo iba a tomar distinto y he tratado de mantenerme al margen de cualquier cosa que se trató de armar? llego hasta acá y no me meto más allá de esto". ¿Carolina está dominando el juego? En pareja con el ex tenista Juan Mónaco transita su presente con un regreso a su tono más candoroso y prefiere hablar de valores antes que de peleas.

-¿Cómo es criar a tus hijos, tres varones, en una sociedad que todavía lucha contra el machismo?

Me parece que tenemos que criar individuos con valores, con respeto hacia el otro, hacia ellos mismos, qué cosas no pueden permitir que les hagan, en todo sentido. Yo creo que si uno trata de tener bien su autoestima y el respeto mutuo en todos los ámbitos, son herramientas que les van a servir para la convivencia y para valorarse a sí mismos.

-¿Querés tener más hijos?

Yo creo que en el futuro sí. Como todos saben mi pareja es joven y no tiene hijos, y yo creo que en el futuro van a llegar.

En esta nota:
Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas