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Para Macri, ya está todo resuelto, para Vidal, no

Jorge Liotti

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LA NACION
Domingo 08 de octubre de 2017
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"Si ganamos en la provincia de Buenos Aires sería el broche de oro". La frase, que la pronunció esta semana Mauricio Macri en una charla informal en la Casa Rosada, sintetiza su visión sobre el proceso electoral: la disputa política de fondo quedó saldada el 13 de agosto en las PASO y todo lo que logre sumar dentro de dos semanas en las elecciones generales será un plus adicional.

El comentario de joyería presidencial no está en la misma sintonía de la gobernadora María Eugenia Vidal, quien tiene a todo su equipo alterado trabajando como si ni siquiera tuviera el diseño de ese imaginario prendedor dorado. El contraste es notable.

En la Casa Rosada impera la calma y la convicción de que lo único importante es que nada altere el clima social hasta el domingo 22. En el piso 19 del Banco Provincia, donde opera el búnker bonaerense, hay un clima de vértigo ante lo que perciben como un escenario de paridad con Cristina Kirchner, a pesar de que la mayoría de las encuestas los da ganadores. Buscan evitar la sensación de triunfo anticipado que podría hacerles perder votos. Vidal sabe que su proyección política depende de una victoria que aún no tiene asegurada. Macri siente que ya fue ratificado electoralmente hace dos meses, al liderar la fuerza más votada a nivel nacional.

El presidente entiende que el 13 de agosto consiguió la confirmación que necesitaba después del ajustado triunfo de 2015 y lo expresa con un término concreto: "Autoridad". Eso es lo que cree que obtuvo: autoridad para sobreponerse a todos los actores que obstaculizaban su propuesta reformista. Hasta entonces tenía todos los atributos presidenciales, pero no ese valor intangible que una elección no garantiza, como es el poder. Esa "autoridad", según su visión, sirvió en los últimos dos meses para domesticar al dólar, que antes de las PASO expresaba ansiedad; para generar un rápido repliegue del sindicalismo, que estaba en marcha hacia otro paro nacional; para dinamizar a la Justicia en el avance de causas sensibles, y para sumir a la oposición en un profundo desconcierto. "Todos entendieron el mensaje de la sociedad", fue su reflexión posterior.

Desde la perspectiva presidencial, las elecciones de agosto marcaron el inicio de la segunda etapa de su gobierno, algo similar a lo que ocurrió con el kirchnerismo a partir del resultado de las legislativas de 2005. Macri no sólo percibe que se despejó el horizonte político, sino que, en términos del jefe de Gabinete Marcos Peña, también "se corrió la nube económica", lo que permitió que se consolidaran los indicadores favorables que se difundieron en las últimas dos semanas. Por eso cuando le preguntan por la "curva descendente" de los dos años que le quedan de gestión, Macri prefiere hablar de "curva ascendente". "Ahora empieza lo mejor", promete.

En el gabinete saben que el Presidente redoblará la presión sobre ellos porque quiere apurar el ritmo de las reformas. Asume que hubo un proceso de aprendizaje para los ministros y para él mismo (en reserva admite que no calculó "el salto cuántico" que significó el pase de la jefatura de Gobierno porteño a la Casa Rosada), y que ahora está todo dado para tomar velocidad. "El que no acelera se va", advierte Macri, quien si bien dice no tener previsto cambios de Gabinete, ha generado intranquilidad en los despachos oficiales porque pocos imaginan tanta expectativa reformista sin ajustes internos.

¿Y qué significa el término reforma para el Presidente? Remover todos los obstáculos que impiden acelerar los procesos de inversión y desarrollo económico. "Macri es ingeniero, y como tal, el legado que imagina son las obras, los puentes, los caminos, la construcción". El análisis pertenece a un alto funcionario vinculado al tema, que ha visto al Presidente dedicar media hora a pedir precisiones sobre un proyecto específico de infraestructura, pero que también lo vio escuchar con desgano el reporte de sus ministros sobre cuestiones políticas. En las reuniones de Gabinete siempre deja bien en claro sus prioridades.

Sus movimientos en los últimos días de campaña ratifican este sesgo. En lo discursivo, habló varias veces de "mafias", que para él simbolizan principalmente la corrupción que impide la gestión. Su breve mensaje esta semana en la Cámara Argentina de la Construcción, después de la detención de Juan Pablo el "Pata" Medina, hay que leerlo en estos términos.

Y en lo gestual, no hizo más que participar de actos vinculados a obras. En un mismo día estuvo en Tres de Febrero para inaugurar el Metrobus, encabezó una videoconferencia con Jujuy por el inicio de la construcción de un parque fotovoltaico, pasó por San Miguel del Monte por las tareas de ensanche del río Salado y voló a Neuquén para la apertura del puente que une esa ciudad con Cipoletti. Ocurrió anteayer, pero seguirá así tras las elecciones. En el proyecto de presupuesto 2018 están previstos $ 436.313 millones para proyectos de infraestructura.

Macri enfrentará en su segundo tramo de gobierno desafíos distintos. Ahora deberá demostrar que sabe aprovechar un contexto que le otorga la iniciativa política. Parece sencillo, pero muchos presidentes gestionaron mejor en la adversidad -que los fuerza a la moderación-, que en la abundancia -que los invita a la embriaguez.

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