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"Tuvimos una muy buena experiencia: en apenas tres años adoptamos hermanitos"

Victoria y Daniel viven en Ciudad Evita con sus hijos de 5, 7 y 9 años; alientan a otras personas a que sigan su camino

Lunes 09 de octubre de 2017
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LA NACION

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"Quiero pastaflora", dice el menor de los hijos de Vicky en la mesa de su casa de Ciudad Evita. Mientras, otra de sus hijas se sube a upa de su papá, Daniel, y lo abraza.

"Tengo pastafrola", contesta su mamá, enseñándole entre risas, y le corta un pedazo.

Hace un año, esta escena era impensada para todos los protagonistas. Si bien el matrimonio estaba anotado para adoptar desde hacía dos años, todavía vivían solos y no sabían nada de dormir poco, de recorridas por los médicos, de meriendas multitudinarias, de hacer los deberes y de todas las típicas demandas de tres hijos de 5, 7 y 9 años.

Los menores, por su parte, vivían en un hogar del Gran Buenos Aires. Hoy, esta familia disfruta de su rutina desafiante con una gran alegría. Como todavía la adopción no es plena, prefieren resguardar su identidad y la de sus hijos.

Ellos son parte de la generación de personas que pudieron adoptar después de la aprobación del nuevo Código Civil. "Siempre escuchamos historias de malas experiencias, pero nosotros tuvimos una buena experiencia. No esperamos tanto tiempo. Enseguida nos empezaron a llamar por posibles vinculaciones que por diferentes motivos no se dieron", dice Victoria, que es profesora de educación física.

Daniel, que es director de un colegio, agrega: "Estuvo buena la charla que nos dieron cuando nos fuimos a anotar en el registro. Ahí nos dijeron que el 90% de las personas pedían bebes, y nosotros no queríamos estar en ese grupo. Entonces nos anotamos para hasta tres chicos de recién nacidos a 8 años y también aceptamos que tuvieran alguna discapacidad sin riesgo de muerte, como que fueran sordos, ciegos o mudos".

Pasaron lo que muchos. Las ganas de tener hijos. Intentar y no poder durante 10 años. Consultar a un especialista en fertilidad. Y finalmente la idea de adoptar. En 2013 se casaron porque les explicaron que así iban a tener más chances. En el momento en que ya empezaban a perder las esperanzas, los llamaron por un nene de 8 años. "Cuando fuimos al juzgado a interiorizarnos del caso nos contaron su historia y cuando estaba terminando la entrevista nos dijeron que tenía más hermanitos. En el viaje de vuelta a casa empezamos a pensar en los hermanitos y cuando llegamos, llamamos al juzgado y les dijimos que íbamos por los tres", cuenta Daniel.

Foto: LA NACION

Un trabajo arduo, pero con una increíble recompensa. Así define este matrimonio lo que significó para ellos pasar a ser cinco en la casa -Daniel tiene además dos hijos mayores de 17 y 19 años de otro matrimonio- con todas las dificultades y alegrías que eso trajo. Sin embargo, son conscientes de que la mayor entrega de amor la hacen sus hijos.

"Mucha gente nos decía «los felicito, qué gran corazón». Y el gran corazón lo tienen ellos, que nos aceptan a nosotros como papás. Ellos son los que se abren, y a partir de su aceptación es que nosotros vamos a encontrar cómo llegar a ellos. Es relindo, una felicidad bárbara, y ellos lo demuestran", explica Daniel, entre lágrimas.

Una experiencia única

Una vivencia inexplicable fue la que Victoria atravesó desde el momento en el que conoció a sus futuros hijos hasta llegar a sentirlos realmente propios. "Cuando los vi, éramos tan lejanos y tan cercanos al mismo tiempo. Fue una sensación que nunca había tenido en mi vida. Y que se vayan convirtiendo en seres tan importantes y amados por mí es una experiencia intransferible", resume.

Ya pasaron seis meses desde el día en que empezaron a vivir juntos y a ser una familia. A Vicky en el colegio le dieron sólo 105 días de licencia (cuando se dan 90 por uno solo) y nunca pudo volver. "Ésta es una de las cosas que no estimulan a que la gente adopte. Ya el año que viene me voy a organizar de otra manera. Igual la traba fundamental es la económica. Solamente puede llevar una adopción de tres nenes alguien que tenga un trabajo fijo y con flexibilidad horaria. Si sos un obrero, es imposible, no te dan los días", se queja Victoria.

Daniel aporta lo suyo: "A partir de los tres enanos se nos va mucha plata. No tenemos ninguna ayuda del Estado. Uno de los nenes ni siquiera tiene DNI y no le podemos dar nuestra obra social, entonces todos los médicos los tenemos que pagar de forma particular".

¿Qué tienen para decirles a otras personas que están pensando en adoptar? "Si no se piden bebes, hay muchos chicos que necesitan una familia. No es un problema adoptar a un chico más grande. Ellos tienen su historia, pero si ellos pueden reconciliarse con su historia, ¿cómo no vamos a poder nosotros?", concluye Victoria, emocionada.

Las principales dificultades

"Te sentís solo y no es tan fácil. Tenés que remar en dulce de leche, pero vale la pena", dice Daniel sobre la falta de acompañamiento posterior a la adopción por parte del Estado. "Si querés algo, tenés que llamar. Y tenés que ir vos al RUA. Te atienden muy bien, te dan muy buenos consejos, pero tenés que ir hasta allá. Yo porque tengo auto, pero si no es imposible ir con los tres en colectivo", explica.

Otra limitación que señalan es la falta de grupos de padres u organizaciones sociales en La Matanza. "Todas las instituciones están en la ciudad de Buenos Aires, pero acá cerca de casa no hay nada", concluye Daniel.

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