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El largo camino hacia uno mismo

Verónica Chiaravalli

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LA NACION
Lunes 09 de octubre de 2017
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"Mi vida es el poema que me hubiera gustado escribir", dijo Henry David Thoreau (1817-1862). El filósofo estadounidense vuelve una y otra vez en el año de su bicentenario y en sentidas evocaciones de su pensamiento, de ese "corazón eglógico y sencillo" que ha nutrido pacíficas rebeldías políticas y encendidas revalorizaciones de la naturaleza en décadas posteriores.

Sin embargo, las copiosas páginas de minuciosa información y sutiles hipótesis que el historiador Robert Richardson le dedica en su biografía intelectual propician otro tipo de reflexiones. Ocurre que Richardson, al trazar el perfil de erudito de Thoreau, dibuja a contraluz el mapa de sus fracasos. Una larga serie de ensayos y errores, de intentos fallidos, de logros y desaciertos en la búsqueda de la palabra para un poema, de la potencia para una idea. La ardua tarea de encontrar una voz propia; el largo camino de un joven sensible y curioso hasta devenir Thoreau, autor de Walden y Desobediencia civil.

Richardson toma a Thoreau cuando éste tiene veinte años, acaba de terminar sus estudios en Harvard (una experiencia traumática) y está de regreso en Concord, su ciudad natal. Aquélla fue la época de un encuentro decisivo: la amistad que trabó, durante sus últimos años como estudiante universitario, con el poeta Emerson -catorce años mayor que él- lo impulsó a abrazar la escritura como una profesión. Ya lo acompañaba un indeclinable amor por la naturaleza que derivaría en la certeza de que el espíritu del hombre es tierra fértil para los mejores frutos, y sólo hace falta que cada quien se dedique al cultivo de sí.

Leía a Goethe, a Virgilio, a Homero; lo apasionaban las crónicas de viajes y la obra de Emerson quien, desde el primer momento y convencido de su talento, se había convertido en el mentor y protector de Thoreau. Como testimonio de esa fe y de ese afecto quedan sus gestiones para que el joven recibiera un premio universitario o, más tarde, para que aun sus primeros artículos, menos logrados, fueran publicados en la revista del trascendentalismo, corriente en la que Emerson introdujo a Thoreau. Quizás el vínculo que los unió haya sido el más profundo y duradero que el autor de La esclavitud en Massachusetts mantuvo a lo largo de su vida. También había sido muy cercano a su hermano John, dos años mayor, hasta que éste murió de tétanos luego de un accidente banal con su navaja.

Así como la lectura de los clásicos depuró su escritura de formulaciones retóricas estereotipadas; así como Emerson lo guió y alentó en la búsqueda de sus propios temas y de su propia expresividad, acaso John, de manera involuntaria, también contribuyó a que su hermano se convirtiera en Thoreau.

En 1839, Henry y John se enamoraron de una misma mujer: la hermosa y alegre Ellen Sewall, de diecisiete años, cuya familia tenía relación con los Thoreau. Ellen fue a pasar quince días de vacaciones a Concord y causó revuelo: no hubo joven varón en la ciudad que no la cortejara. Un año después, John le propuso matrimonio. Ellen primero lo aceptó, pero luego se arrepintió. Henry sintió entonces una alegría que no se permitía mostrar en público, pero de pronto el diario que llevaba a instancias de Emerson -y que fue cantera de buena parte de las ideas que desarrolló en sus escritos- se llenó de expresiones de júbilo y esperanza. Meses más tarde, él mismo le declaró su amor a Ellen, pero la chica, presionada por su padre, lo rechazó.

Después de esa herida, Henry se consagró al mundo de la escritura y de las ideas, con una actividad pública cada vez mayor, equilibrada por la soledad y el silencio que consolidaron su imagen de buen salvaje ermitaño. En una oportunidad afirmó: "Dentro del perímetro de las costillas de un hombre hay espacio y escenario suficiente para cualquier biografía". En el fondo, no se necesita mucho más.

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