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El Conurbano, problema y pelea de fondo

Sergio Suppo

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LA NACION
Domingo 08 de octubre de 2017 • 22:24
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Nadie parece demasiado preocupado, pero todos están pendientes. El Fondo del Conurbano está en la agenda del Presidente, de los gobernadores y de la Corte Suprema, y provoca una pelea llena de roces, presiones cruzadas y negociación obligatoria.

No es poca plata y es mucho poder retrotraer la decisión de Néstor Kirchner que congeló los recursos: son unos 65.000 millones de pesos que en 2018 llegarían a Buenos Aires. El resto de las provincias cree que esos millones se esfumarían de sus presupuestos y ya pusieron el grito en el cielo y la mirada en Macri. Santafesinos y cordobeses calcularon que perderían 7300 millones de pesos anuales. El tema forma parte de la campaña electoral en esas provincias. En cualquier caso, allí ganará el macrismo.

El triunfalismo oficialista que caracteriza el tramo final hacia las elecciones apenas si alcanza a ocultar un enfrentamiento que irá mucho más allá del 22 de octubre.

Habrá que esperar. La Corte debió recordarle a la Casa Rosada su conocido criterio de no resolver conflictos políticos en tiempos electorales.

Deslizan en el tribunal que hasta hace muy poco, Gustavo Lopetegui, desde la Jefatura de Gabinete, insistía en obtener una medida cautelar que legalizara el pago a la provincia de Buenos Aires, tal como lo reclamó en su demanda la gobernadora María Eugenia Vidal. La respuesta fue doblemente negativa: no se puede hasta después de las elecciones, y tal vez nunca se pueda dictar una cautelar porque eso implicaría adelantar el criterio de fondo.

En el gobierno de Vidal disimulan bastante bien, sin que les falten razones para ser optimistas. "Nosotros contamos con esos fondos para este año y ya los presupuestamos para el año que viene. Si sale por un fallo de la Corte o por un acuerdo político con todos los gobernadores, bien; de lo contrario igual la Nación nos ayudará. No hay otra manera de administrar la provincia", afirma un ministro bonaerense.

La historia del desfinanciamiento de la provincia de Buenos Aires es larga, contradictoria y abierta a todas las opiniones. No faltan los que ponen como antecedente de este proceso el acuerdo que sellaron el entonces presidente Raúl Alfonsín y el flamante gobernador Antonio Cafiero, casi 30 años atrás. Era 1988 y el PJ iniciaba la extensa hegemonía que terminó con el triunfo de Vidal, hace dos años. El entonces jefe de la renovación peronista firmó un acuerdo por el cual Buenos Aires cedió unos 6 o 7 puntos de la coparticipación. El hueco financiero fue tan grande que, en 1991, Eduardo Duhalde obtuvo de Carlos Menem el compromiso de crear el Fondo del Conurbano para mudarse de la vicepresidencia a la gobernación.

En 1996, por fin, las provincias lograron untar el pan en el Fondo. Le pusieron un tope a Buenos Aires y el resto se repartió en el interior para atender las necesidades de las grandes ciudades. Supuestamente.

La llegada de Néstor Kirchner marcó el final; decretó dejar de actualizarlo y condenó a los gobernadores bonaerenses a subordinarse a cambio de que los recursos nacionales taparan el rojo fiscal. Daniel Scioli conoció muy bien los términos de esa relación.

Macri y Vidal se prometieron restablecer el Fondo y el camino elegido fue legitimar el deseo en la Corte. Pero los ministros del tribunal no son dóciles y están lejos de fallar a favor de esa pretensión. Antes que tener que pronunciarse prefieren echar mano a otras herramientas. Después de las elecciones, la Corte llamará a audiencias de conciliación a la Nación a Buenos Aires y a las demás provincias. El viejo criterio del máximo tribunal campea en esa decisión: los asuntos políticos deben tener soluciones políticas en lugar de sentencias judiciales.

El Conurbano, con o sin Fondo, sigue siendo un problema de fondo de la Argentina. El peronismo nunca logró demostrar que esos fondos especiales mejoraran la situación en la zona más poblada y en parte la más postergada del país. Por el contrario, la carencia de servicios elementales encadenó a los votantes y los hizo dependientes del poder establecido.

Mirado solo desde el nuevo mapa electoral que tendrá el país a fin de mes, es fácil advertir que en el Conurbano se concentra lo único que le quedará como capital político a Cristina Kirchner. En el sondeo publicado ayer en LA NACION, la ex presidenta tiene una ventaja de más de 15 puntos que Esteban Bullrich revierte en el interior bonaerense, donde el oficialista ronda el 50 por ciento. Ese es un mundo ajeno al conurbano, a tono con la ola macrista, el interior bonaerense votará como la Capital, Córdoba, Santa Fe, Mendoza, Entre Ríos, La Pampa y San Luis.

María Eugenia Vidal ya tiene decidido que hará si Cambiemos gana la batalla de Buenos Aires: se encerrará en la provincia, su casa y de allí no saldrá hasta que quede claro que su próximo objetivo electoral será lograr la reelección, dentro de dos años.

"Ninguna gira, ninguna visita a ninguna otra provincia, ninguna foto con ningún gobernador, nada. Nos quedaremos en Buenos Aires", dice uno de sus colaboradores más directos. "Si es necesario hacer gestos simbólicos, los haremos", agrega el ministro, como si fuese urgente ahuyentar los celos partidarios y sepultar las intrigas. Ambas cosas existen, aun cubiertas por un aceitoso manto de buenos modales.

Vidal 2019

La gobernadora no se cruzará en el camino de Mauricio Macri, que ya anunció su reelección, ni de Horacio Rodríguez Larreta, el otro ganador de este octubre. El jefe de Gobierno porteño también irá por otro mandato y, cumplido el objetivo de relegar al apresurado Martín Lousteau, al igual que Vidal cortará las especulaciones.

Se avecina el mejor momento político de Macri. Ganador de las elecciones de medio término, con el patio interno ordenado y con el peronismo obligado a pensarse en un prolongado tiempo en el llano.

Por inexactas que resulten las comparaciones, los dos principales soportes políticos de Macri tienen gobiernos ampliamente aceptados. Según las encuestas de Poliarquía publicadas el fin de semana por LA NACION, el 68 por ciento de los porteños aprueba la gestión de Rodríguez Larreta y el 60 por ciento de los bonaerenses responde que es bueno el gobierno de Vidal.

Sin embargo, en las oficinas porteñas de la gobernadora cierto aire de inquietud contrasta con el triunfalismo que no oculta Macri. El Presidente repite en los últimos días que será un regalo extra todo lo que sume el 22 de octubre por encima de lo obtenido en las PASO.

Vidal seguirá remando hasta el día de las elecciones para asegurar una diferencia que se insinúa en las encuestas, se expresa en una creencia de cierta opinión pública pero que por la estrechez de las cifras deberá ser necesariamente confirmada en el escrutinio. "Nos estaría haciendo falta un Brancatelli", bromea para hablar en serio uno de los responsables de la campaña del oficialismo.

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