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Una apuesta exitosa, dos semanas antes del gran test electoral

Lunes 09 de octubre de 2017
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Toda la carne en el asador. Fue ésa la consigna que, desde el presidente Mauricio Macri para abajo, cumplieron a rajatabla desde el Gobierno para asegurar el triunfo del radical Gustavo Valdés en las elecciones de Corrientes.

El Presidente; el jefe de Gabinete, Marcos Peña, y el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, fueron los funcionarios más destacados -no los únicos- que llegaron personalmente a la provincia comandada por el caudillo radical Ricardo Colombi en los días previos a las elecciones. Nadie quería ni podía pensar en una derrota de Cambiemos dos semanas antes de las elecciones nacionales que sellarán el futuro del Gobierno y la posibilidad de su continuidad como proyecto más allá de 2019.

"No podemos perder, tenemos sólo cinco gobernadores y si nos sacan uno ahora es una mala señal", repetían en la Casa Rosada en la previa de los comicios, mitad convicción y mitad expresión de deseos. El fervor y la disposición por ayudar fueron tales durante la campaña que incluso dieron lugar a una imagen inédita: el siempre atildado Peña arengando en mangas de camisa a los correntinos a "ratificar el cambio" y hasta omitiendo un par de eses al afirmar: "Si seguimos trabajando así vamo (sic) a ganar por una buena diferencia en la provincia". Toda una postal del esfuerzo.

En realidad, en Balcarce 50 auguraban un escenario complejo luego del fallido intento de Colombi por reformar la Constitución provincial y quedarse otros dos años en el poder al que llegó por primera vez en 2001. Cuando ese intento naufragó por la oposición peronista, no fueron pocos los que vislumbraron un final de ciclo luego de tres períodos (dos consecutivos) del líder provincial al frente del Poder Ejecutivo y un eventual retorno del PJ al poder. El narcoescándalo que estalló en marzo también ensombreció el panorama, aunque Macri viajó a mostrarse con él, uno de los pocos líderes radicales que apostaron por su éxito.

Colombi, un viejo zorro con muchas mañas y gran olfato político, los sorprendió y sobrevivió otra vez. El escenario comenzó a despejarse el 4 de junio pasado, cuando su candidato Eduardo Tassano dio el batacazo y le ganó la intendencia de la capital al peronista Fabián Ríos. "Hay que reconocerle que el tipo sabe", decía ayer un alto funcionario. Nadie del Gobierno se metió cuando Colombi designó "a dedo" a Valdés, un diputado radical que le demostró al veterano líder su lealtad en los años que trabajan juntos. "No suele ser muy democrático en esas instancias", ironizaba otro funcionario, que disculpaba las "peculiaridades" de la política correntina y las características de su jefe político, que muchas veces no se condicen con la corrección política de los actuales inquilinos de la Rosada.

A medida que las elecciones se acercaban -y también en coincidencia con la resurrección de Colombi-, el vínculo del propio Presidente con el caudillo provincial se hizo más y más estrecho. El 24 de agosto, Colombi y medio gabinete correntino llenaron el Salón Blanco de la Casa Rosada para asistir a la jura de Carlos "Mono" Vignolo, ex intendente de la capital y hombre de confianza del líder radical, como nuevo titular del Plan Belgrano.

Sin salirse del libreto acordado con el Gobierno, Valdés habló de "cambio" y elogió al Presidente en cuanto micrófono o cámara tuvo cerca. Su imagen, la de un dirigente joven y casi desconocido en Buenos Aires, pero alineado con los postulados de la comunicación oficial, también coincide con los postulados de "renovación" que impulsa el oficialismo.

La apuesta de Balcarce 50 salió bien y terminó en festejo. Agrandados, muchos creen que la "ola del cambio" es imparable.

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