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Al terminar el secundario se mudó a Capital, pero su Norte estaba en el Sur

Martes 10 de octubre de 2017 • 00:32
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Belén nació con una marca en su piel. No con una tangible, como un lunar o una mancha vascular, sino con un mandato difícil de escapar. Como si tuviera un código de barras impreso en el cuerpo ella sabía que a los 18 años, cuando terminara el secundario, migraría a Capital Federal, como años atrás lo habían hecho su papá y sus abuelos maternos.

En realidad, Belén es porteña. A los pocos años de nacer su padre, oriundo de Trelew, decidió volver al Sur, en busca de mayor calidad de vida y su mamá, apostó a que ello fuera cierto.

Más allá de los datos de su DNI, Belén siempre se consideró patagónica: "Ver el cielo, las estrellas, caminar en patas por las piedras que tiene nuestra costa en Playa Unión, sentir el olor del mar. Tenemos la suerte de tener el mar, las montañas, el río y mucha, mucha naturaleza".

La efímera felicidad de hacer las valijas

Vivir en el interior, dice Belén, es transitar el secundario sabiendo que cuando terminás te vas a vivir a otro lado. Ella sabía que el destino era Capital, lo decía su DNI. Allá tenía familia y era el destino elegido por la mayoría de sus amigos. Pensar en la posibilidad de ir al cine o al teatro cuando quisiese, junto con la variedad de shoppings, universidades y avenidas era tan abrumador como encantador. Deseaba con todo su corazón vivir esa experiencia.

En 2001, sus papás la ayudaron con la mudanza. Juntos fueron al supermercado, ordenaron todas las cosas, tomaron el colectivo para calcular la distancia de la casa a la universidad y pasada una semana se despidieron. Se abrazaron y se hizo un silencio apabullante. Belén sintió un nudo en la garganta y su mamá tenía la cara empapada por tantas lágrimas. Finalmente se fueron y Belén dio inicio a su nueva vida.

En tiempo y forma terminó la carrera de psicología. Sus amistades del Sur, junto con unas pocas que había sumado en Buenos Aires, eran su familia porteña: "Eran los que estaban cuando me enfermaba, cuando me peleaba con un novio, cuando volvía a arreglarme y volvía a pelearme, cuando festejaba mi cumple; cuando nos juntábamos en el departamento de la afortunada a la que le había tocado que vaya sus papás en el Día de la Madre o del Padre".

Ocho años, momento de recalcular

Hasta el 2009 Belén fue a decenas de cursos, se vinculó con los mejores profesionales y se convenció de que el lugar para "triunfar" era Buenos Aires.

Pero ese año algo cambió. Aunque tenía novio, amigos y trabajo empezó a angustiarse por cualquier cosa. "Ya no me divertía tanto subirme al colectivo y no encontrar una cara conocida para saludar. No me gustaba que toque bocina alguien apurado y no un vecino para saludar. Aquel anonimato que tanto me había seducido en un principio empezaba a ser ajeno a mí", dice Belén.

Por teléfono, su mamá la notó mal, enojada, rara, y decidió tomarse un avión para verla. Belén lloraba en los cafés, en el shopping, en el cine. Algo le pasaba, aunque no se animaba a ponerlo en palabras.

Un día, se despertó, abrió la ventana y vio el mismo paredón de siempre, sólo que esa vez sintió que se ahogaba. En ese instante entendió todo: extrañaba su cielo, su horizonte, su mar, su Sur.

Belén es feliz viendo como su hijo se cría rodeado de naturaleza
Belén es feliz viendo como su hijo se cría rodeado de naturaleza.

Cuando tu Norte es tu Sur

En julio de 2009 Belén hizo las valijas y se volvió a la Patagonia. Estaba muerta de miedo por volver a empezar pero feliz por conectarse con esos recuerdos maravillosos de la infancia y estar cerca de su familia. Hoy está en pareja, tiene un hijo, es feliz.

Por último, Belén describe: "Para los estudiantes del interior irse y volver siempre es difícil, porque nos queda la nostalgia de aquello que se dejó. Cuando alguien te dice que lo es, te imaginás todo lo que está viviendo o vivió. Sabés que extraña horrores a su familia, pero que ama su libertad y la sensación de independencia. Es sentir miedo y ganas. Angustia y felicidad. Es que llegue tu cumpleaños y soples las velitas rodeada de amigos nuevos mientras se te cae una lágrima porque por teléfono tu mamá y papá te cantan el feliz cumple. Es una identidad que hoy todavía llevo conmigo".

La voz del especialista

El psicólogo Gervasio Díaz Castelli analiza el magnetismo de las grandes ciudades y cómo repercute en los jóvenes del interior el hecho de ser un país de inmigrantes. Escuchá el audio completo:

Si viviste alguna una experiencia que mejoró tu bienestar y calidad de vida y querés compartirla en esta columna, escribí a Bienestarlanacion@gmail.comcon todos los datos que te pedimos acá.

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