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Fotos y diarios: la Antártida de Adriana Lestido, en absoluto blanco y negro

Del libro a la muestra, la fotógrafa retoma su viaje al desierto de hielo que le hizo ver un paisaje tan cambiante como la vida misma

1.	La tapa. Siento que tiene el espíritu bestia de Decepción. Está lo negro, lo medio lunar y es en el límite, cuando empieza la zona prohibida, el área restringida que no se puede pisar. No iba a ser la tapa, pero se impuso. La integración del pájaro con la roca. Es de las más salvajes. . Foto: Adriana Lestido
2.	Salida de la luna llena. Es la que siento más cerca del origen. Un lugar final para empezar de nuevo. Eso es lo que quería. Vida y obra, es lo mismo. Siempre me impulsa lo que necesito ver desde mi vida, lo que hago expresivamente es consecuencia. El trabajo acompaña las distintas etapas, cosas q. Foto: Adriana Lestido
3.	En el diario menciono esta foto. Recuerdo exacto el momento en que la hice. El pájaro es un skúa, un carroñero muy común en la Antártida. Estaba con un angular y pasó tan cerca que me quitó el aliento. Sentí que entraba en la cámara, en mi cabeza. . Foto: Adriana Lestido
4.	Esta de las que más me gustan. Fotografié esa fumarola una y otra vez, todo lo que pude. Había que cruzar una albúfera que a veces estaba muy crecida y la corriente arrastraba. Pero era lo que más me atraía. El fuego bajo el hielo. Ese día el humo salía con mucha fuerza. Se siente la presencia de. Foto: Adriana Lestido
5.	Amanecer glorioso. Vi salir el sol, que era tan esquivo. Una nube que pasaba casi al ras del horizonte. La noche anterior había nevado y todavía se veía un poco de blanco en el paisaje negro. Un amanecer de mucha felicidad, tal vez el más lindo, rozar el sentido de estar ahí. . Foto: Adriana Lestido
6.	Ese barco es el Beagle, el que nos llevó a Decepción desde la base chilena Frei y que nos trajo de regreso a Ushuaia, atravesando el estrecho de Drake, la unión de los dos océanos. La imagen es como de sueño. Transmite cierta calma.. Foto: Adriana Lestido
Martes 10 de octubre de 2017
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LA NACION
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Lleva una vida de mirar y buscar más allá de lo que se ve. Es la fotógrafa más reconocida y admirada de su generación. Desde aquella primera toma fundante en 1982, Madre e hija de Plaza de Mayo, su obra pasó, entre otros temas, por el trabajo con los vínculos, como Mujeres presas (1991-1993), Madres e hijas (1995-1998), El amor (1992-2005) -parte de las fotos de estas series se exponen desde mañana en Rolf-. Y luego apareció la necesidad de ir hacia otro lado, a un blanco absoluto. "A un lugar de pasaje -dice Adriana Lestido (Buenos Aires, 1955)- que fuera como el fin de algo y desde ahí limpiar. A un final que fuera principio".

Así, en 2012, la fotógrafa llegó a la Antártida. De ese viaje a tierras heladas, que duró un mes y medio, nacieron dos libros que aterrizan en primavera, casi al mismo tiempo. Uno es de fotos, Antártida negra (Capital Intelectual), que contó con el apoyo de Mecenazgo de la ciudad de Buenos Aires y reúne 50 fotos en blanco y negro, formato apaisado, con un papel que eligió especialmente aunque no fuera fotográfico, porque "quería clima, no definición". El otro, Antártida negra, los diarios (Tusquets), dentro de la colección Rara Avis, que dirige y prologa Juan Forn. Es el registro de lo que significó estar allá, los preparativos, la llegada, la experiencia con los otros, la naturaleza, la fotografía. Los dos libros serán presentados en una muestra en la Fundación Fortabat, el 24 de este mes.

La fotógrafa, que fue a buscar un absoluto, tiene una forma singular de entender los ciclos de la vida, el arte. Los diarios dan cuenta de eso: medita, hace lecturas de lo que ve, hay citas del I Ching. Nada pareciera suceder si no para ofrecer herramientas. El clic le llegó al ver una muestra de Miquel Barceló en Madrid: una serie sobre el desierto, puro blanco. Ella venía de presentar Lo que se ve (2008). "Tenía la fantasía de resignificar lo que había hecho hasta ese momento, encontrar la relación entre todo y sacármelo de encima. Pero todo lleva muchísimo más tiempo", dice Lestido. Y apareció su desierto de hielo. Iría en un principio a Base Esperanza, pero terminó en Base Decepción. Pasó de la idea del blanco a un lugar con fuego debajo de la tierra, piedras. Negro. Todo fue diferente de lo pensado: convivió con cuatro mujeres en una habitación pequeña con cuchetas sobre las que cruzaban sogas para colgar la ropa. La estufa no era de tiro balanceado y se apagaba a la noche, pero a las seis de la mañana salía a meditar. Era complicado. "Sin embargo, la sensación de libertad fue enorme. Estar sin Internet ni teléfono ni mails, centrada en lo que me pasaba con el paisaje. El clima de la Antártida cambia todo el tiempo. Y así es la vida: cambio permanente", compara.

Las 50 fotos que llegaron al libro fueron una verdadera elección: sacó muchos rollos. "Encontrarle la música a todo fue difícil. Tuve que hacer la edición con todas las fotografías ya hechas y no a medida que iba avanzando, como suelo hacer; descubrir la melodía oculta en el caos de tantas imágenes fue más duro que otras veces". Las editó con Gabriel Díaz, su coequiper. "Creo que es el libro mío que más me gusta como libro, tal vez porque es el último o porque es el más despojado".

Hielo en plena primavera

A partir de mañana, en Rolf

En Maldita Primavera, las fotos de Adriana Lestido dialogan con las de Juan Travnik. En Esmeralda 1353, gratis

Antártida Negra, al Fortabat

El 24 de este mes inaugura la exposición de fotos del viaje al continente helado en la Fundación Fortabat, Olga Cossettini 141

Dos libros

De aquel viaje se publicaron Antártida negra (Capital Intelectual) y Antártida negra, los diarios (Tusquets)

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