Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Cuando hay condenados antes del juicio final

Martes 10 de octubre de 2017 • 00:27
0
Foto: Archivo

QUITO.– El minuto de silencio duró 17 segundos. Julio Grondona había muerto quince días antes y el homenaje fue fugaz. Luis Segura, Miguel Silva, José Lemme y Juan Carlos Crespi habían heredado la AFA y escoltaban al hombre que iba a construir sobre el legado de los subcampeones del mundo. A Gerardo Martino lo eligió Grondona, pero el Tata le presentó la renuncia a Segura. A Bauza lo contrató Armando Pérez y el Comité de Regularización, pero lo echó Claudio Tapia. Entonces Jorge Sampaoli fue el escogido, impulsado por una insistente operación de Daniel Angelici. Tres técnicos, un registro sin antecedentes. Tres técnicos a los que simultáneamente les está pagando la AFA. Nefasto.

El entrenador venezolano Rafael Dudamel no pudo esconder su sorpresa hace algunas semanas, después de llevarse un punto histórico del Monumental: “Qué extraño, ¿no? En menos de un año me enfrenté tres veces con la Argentina, y siempre hubo un técnico diferente”, apuntaba. La verdad al desnudo; fue en Boston, Mérida y Buenos Aires. “Eso solía ocurrir cuando jugaban Argentina y Venezuela… pero al revés”, parecía compadecerse el ex arquero. El espejo de Dudamel devolvía todos los defectos.

La Argentina todavía puede escapar de su Waterloo, y sería imprescindible para evitar peligrosas derivaciones. Ahora, el alivio futbolístico no tendría que exculpar a los dirigentes que por acción o indiferencia ahorcaron a la selección. Los fracasos no se improvisan, se construyen. Creer que la selección está frente al abismo porque erró mil goles en los últimos partidos sería ridículo. Sampaoli tendrá sus errores, pero son exclusivamente del juego. El heredó una crisis que empezó por dinamitar los cimientos y no se detuvo hasta patear los escombros.

Durante las eliminatorias que ahora provocan que todos se arranquen los pelos, las elecciones en la AFA arrojaron un vergonzoso 38-38. Camino a Rusia renunció Messi, harto de una comedia de enredos. También se marchó Martino cuando descubrió que los dirigentes se reían de las prioridades que declamaban en público. Durante estas eliminatorias la AFA directamente abandonó el proyecto de juveniles y la Argentina se cayó del mapa. Ni un grupo de sparrings acompañó al plantel a la Copa América del Centenario y un desamparado equipo olímpico arrastró sus harapos en Río.

Detrás de un comité ejecutivo despedazado aterrizó un Comité de Regularización personalista y miles de tironeos instalaron una sensación de desamparo alrededor de una selección, a la que igual siempre se le exigió ganar y ganar. Durante estas eliminatorias ni Bielsa ni Simeone ni Pochettino ni Berizzo quisieron zambullirse en un océano de lodo. Sampaoli, la primera vez, tampoco. Llegó Bauza, sin más armadura que su fascinación por el cargo.

El rojo financiero de la AFA y algunas jugarretas políticas hasta dejaron descascarar el predio de Ezeiza. Los atrasos en los sueldos se hicieron frecuentes. Mientras, las eliminatorias avanzaban. Los apetitos individuales se entretuvieron entre roscas y operetas. Armando Pérez voló por los aires y llegó el cambio… de la mano de Tapia, Angelici y Moyano. Bauza dirigió en La Paz su último partido sabiendo que estaba despedido. Sampaoli subió al tren… fantasma, porque en la primera acción de gobierno intentaron cambiarle los términos contractuales. A Messi lo sancionó la FIFA y luego le regaló el perdón. Los puntos de Chile, el TAS y el lobby que no alcanzó. Las eliminatorias martillaban con dureza…

Los futbolistas que desde hace más de una década eligieron seguir dando la cara, pese a un sinfín de hostilidades por ser unos perdedores, también soportaron el cóctel de descuidos y mentiras de un cuerpo dirigencial incapaz. Los jugadores no están libres de culpas, se los devoró el victimismo y hace un año que sostienen una silenciosa parodia para esconder su alma asustada. Demasiadas huellas en la escena del delito.

En esta nota:
Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas