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La frontera irracional de la economía

Martes 10 de octubre de 2017
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PARA LA NACION
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Puede que esta nota confirme lo que usted ya creía que sabía sobre economía del comportamiento. O que le aporte conocimientos para sentirse más inteligente que el promedio de la población. O que le reasegure que usted "ya intuía" que en algún momento Richard Thaler, el profesor de Chicago, iba a ganar el Nobel de Economía.

Si esto es así, estará incurriendo en sesgos de "confirmación", de "exceso de autoconfianza" o de "retrospectiva" (la inclinación a ver eventos pasados como predecibles). Son algunos de los errores sistemáticos que cometemos a diario los seres humanos, la mayoría de las veces en forma inconsciente, y que nos apartan de la racionalidad, uno de los supuestos básicos de los modelos de la economía tradicional. La economía del comportamiento, que cruza la economía con la psicología y de la cual Thaler es pionero, dinamitó este supuesto con el estudio y la categorización de más de 150 sesgos investigados hasta ahora, que además tienden a ser sistemáticos.

Aunque no es el padre de la disciplina (el honor les corresponde a los psicólogos israelíes Daniel Kahneman y Amos Tversky, en los 70), Thaler fue el que le dio -para ponerlo en palabras de relatores de fútbol- "volumen de juego" a la economía del comportamiento, con una sistematización del cuerpo teórico y también con habilidades de buen divulgador, carisma e histrionismo.

Aunque hoy la economía del comportamiento está de moda y es motivo de best sellers y películas, cuando el Nobel 2017 aceleró el motor del campo temático a fines de los 80 se trataba de una avenida académica completamente marginal. Thaler convenció a los editores del prestigioso Journal of Economics Perspectives de publicar una columna regular entre 1987 y 1990 titulada "Anomalías", que fue la base de varios libros posteriores y se volvió un clásico de la ciencia maldita. Lo hizo, para volver más arduo el desafío, desde la Univeridad de Chicago, la meca de la economía neoclásica tradicional, donde reinaba el "homo economicus" racional.

En la Argentina, estos primeros aportes de Thaler fueron incorporados por Daniel Heymann en sus clases de la UBA y de allí transmitidos a alumnos que se volvieron entusiastas del nuevo campo teórico, como Javier Finkman. En el Instituto Interdisciplinario de Economía Política de la UBA, que dirige Heymann, investigan varios economistas con esta visión, como Daniel Aromí, Victoria Giarrizzo y Pablo Mira. "Excelente día para los comportamentalistas y afines. Ojalá promueva la apertura intelectual", dijo ayer Heymann a la nacion.

El otro gran aporte de Thaler fue el de conciliar la economía del comportamiento con la agenda de políticas públicas, principalmente a través de su muy exitoso libro, Nudge, coescrito con Cass Sustein, ex funcionario de la gestión Obama. El libro, editado en 2008, propone decenas de ejemplos de la economía comportamental aplicables por los gobiernos, en donde pequeños cambios en los sistemas de incentivos pueden producir enormes modificaciones en comportamientos sociales agregados. Por ejemplo, pedirle a la gente que "decida" donar órganos marcando una opción cuando va a hacer un trámite público genera significativamente menos donantes que cuando la opción de default es la donación y hay que decidir no hacerlo. En la Argentina, el economista Lucio Castro, del Ministerio de Producción, tiene investigaciones al respecto; y la Oficina Anticorrupción, de Laura Alonso, trabaja con expertos de la unidad Nudge de Inglaterra.

La revolución de la economía del comportamiento hoy abarca todo tipo de ámbitos privados, desde las propuestas de regulación financiera poscrisis subprime hasta el cambio en la estructura y forma de juego de la NBA en la última década. Por eso la noticia del Nobel 2017 no sorprendió a los amigos de Thaler, que sabían que tarde o temprano lo ganaría. Sustein, su coautor, lo celebró en Twitter con una ironía: "Ha sido por fin una decisión de la Academia Sueca completamente racional".

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