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Barcelona y Buenos Aires ya saben que la calle no es propiedad de nadie

Martes 10 de octubre de 2017
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Salen cientos de miles de catalanes a las calles y se habla de una "mayoría silenciosa". Inmediatamente surge el recuerdo de la manifestación del 1º de abril en Buenos Aires, aquella que el gobierno no convocó y miró con distancia para después abrazar con alivio y alegría. Hay un hilo conductor entre ambas, aunque poco tenga que ver el problema político español con la disputa partidaria en la Argentina. Pero sí, hay algo en común: aquello de que la calle es de un solo grupo y de nadie más es falso. La gente ya no necesita líderes mesiánicos que la saque de sus casas, decide por sí misma. Es falso, también, aquello de que la política es virtual y sólo discurre por las redes sociales. Pregunten en Barcelona si la manifestación del domingo no cambió el rumbo de una historia encorsetada en el discurso único, pregunten en Buenos Aires si la marcha de aquel sábado de hace ya seis meses no influyó también en el cambio de una inercia. Así, salir hoy a las calles sigue teniendo sentido, aunque el asunto funcione de un modo bien diferente al que acostumbrábamos: no es el líder político el que dirige el rebaño. Porque ya no hay rebaño, sólo gente que, de tanto en tanto, sorprende a los políticos y les dice que su silencio no significa indiferencia.

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