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Un mundo sin Messi es peor que un Mundial sin él

Martes 10 de octubre de 2017
Foto: LA NACION / Fabián Marelli

Vos creés qué la FIFA, Adidas y Putin van a permitir que Messi no vaya al Mundial..?". Esa verdad de sobremesa, que circula sin frenos como audio de WhatsApp, demuestra que la fase de pensamiento mágico está activada a pleno. A falta de las certezas en el juego, la trama siempre fértil de las conspiraciones ocupa el espacio de los goles que se niegan. Sólo que cuando las malas prácticas pueden ser favorables, no hay dilema moral que aturda las mentes de los hinchas. Nada que no se haya dicho, por ejemplo, cuando la FIFA revocó la sanción de cuatro partidos para Messi. En esos tiempos el seleccionado estaba con turbulencias, pero algo iba a pasar para sacarlo de esa situación apremiante. Nada bueno ni mágico pasó luego. Tras 17 jornadas de Eliminatorias, estar afuera del Mundial fue la normalidad del seleccionado: apenas en cuatro fechas estuvo en zona de clasificación directa. Argentina siempre dejó para el próximo partido lo que no pudo hacer en éste.

Un Mundial sin Messi sería una gran problema. El tablero global deportivo lo contempla como una pieza clave. El fútbol produce fenómenos que desde nuestra mirada cuesta comprender. Cuando llega un Mundial, en la India, los fanáticos se dividen en dos bandos: los que apoyan a Brasil y los que van con Messi. ¿A dónde íría el 50 por ciento de esos 1.200 millones de habitantes si la Argentina no se clasifica? ¿Estará la AFA enterada de este fenómeno como para explotarlo? En la Cancillería ya tomaron nota de ese impacto notable que produce el fútbol. Los chinos también aman a Messi, pero su fidelidad puede durar lo que un suspiro si sus deseos no se cumplen. Como pasó en Pekin 2008, en el Estadio de los Trabajadores, cuando 53 mil hinchas comenzaron a alentar a Serbia al comprobar que el Checho Batista no iba a poner a Messi en un partido que cerraba la fase de grupos (http://www.fifa.com/tournaments/archive/mensolympic/beijing2008/matches/round=250016/match=300051784/report.html). Unos 53 mil chinos se hicieron fanáticos serbios en un instante.

Cristiano Ronaldo y Neymar completan ese estrecho universo de influencia directa y demanda de información y entretenimiento. Rusia 2018 será el primer Mundial postelevisivo. La TV tendrá los partidos en vivo, el núcleo vital del campeonato, pero las plataformas digitales serán las que capturen y distribuyan cada momento de la historia. Brasil 2014 se hizo sin Facebook Live, pero los Juegos de Río 2016 ya no. Será el primer Mundial que estará abierto las 24 horas del día con las transmisiones en vivo de Instagram, el zapping sin límite de Twitter y la inmersión colorida que propone Snapachat. La televisión deberá sudar mucho para estar a ese ritmo. O sumar a esas plataformas como aliadas gracias a los contratos televisivos por país que la FIFA mantiene como una estrategia inmodificable.

Son muchos los mercados y los actores que sufrirían si la Argentina no va a Rusia. Porque eso significa quedarse sin Messi para centenares de cápsulas de contenidos e historias en vivo que se distribuirán en diferentes plataformas. Porque cuando llegue el momento, el planeta entero no hará otra cosa que mirar Facebook, Twitter, Instagram y Snapchat en sus dispositivos, para encontrar lo último que se haya producido en esa conversación global. Cada tanto levantarán la cabeza para ver los partidos. Un mundo sin Messi suena a algo bastante peor que un Mundial sin Messi.

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