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Con una inversión de 100 pesos por paciente se podría mejorar la salud de 800 mil hipertensos

Ayudaría a un 20% más de los hipertensos con la presión sin controlar; son cinco medidas con las que más de 800.000 adultos podrían reducir uno de los principales factores de riesgo de las enfermedades cardiovasculares, renales y ACV

Martes 10 de octubre de 2017 • 12:49
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LA NACION
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La hipertensión afecta a más de 9 millones de argentinos
La hipertensión afecta a más de 9 millones de argentinos.

En nuestro país, más de 800.000 hipertensos con la presión sin controlar podrían normalizarla con cinco medidas económicas a cargo de promotores de salud entrenados y una inversión del sistema de salud de unos $ 100 más por mes por paciente de lo que paga hasta ahora.

En la Argentina, uno de cada tres mayores de 18 años es hipertenso, lo que equivale a 9.261.116 adultos. Un 58% está en tratamiento, lo que quiere decir que hay un 3,9 millones de hipertensos. Según la última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (2013), esta enfermedad y, a la vez, factor de riesgo, afecta al 38,5% de los hogares de bajos ingresos y al 29% de las familias con mejores ingreso.

En un estudio sobre casi 2000 pacientes de bajos ingresos, ese enfoque combinado logró que un 20,6% más de los participantes con hipertensión mal controlada disminuyera sus valores de presión a menos de 140-80 mmHg, comparado con los que sólo cumplieron el tratamiento antihipertensivo habitual.

El secreto, de acuerdo con el trabajo publicado por la Journal of the American Medical Association (JAMA), estaría en los cinco componentes de esta estrategia y su aplicación simultánea. "A las enfermedades complejas (como la hipertensión) hay que abordarlas con intervenciones complejas. La combinación de estas medidas produce mayores efectos que la suma de medidas individuales aisladas", asegura Vilma Irazola, coautora del estudio y directora del Departamento de Enfermedades Crónicas del Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria (IECS).

COMO ES EL PROGRAMA

El programa está a cargo de un promotor de salud o agente sanitario entrenado en el control de la presión. Luego de orientar al paciente y su familia en cómo modificar hábitos, tomarse la presión y usar los fármacos indicados, los pacientes reciben gratuitamente un tensiómetro y un pastillero para no saltearse los medicamentos durante la semana.

El promotor los visitará durante una hora cada dos o tres meses para repasar los cambios y, a través de mensajes de texto individualizados, se reforzarán los consejos del promotor y se motivarán los cambios.

Finalmente, está la capacitación online y presencial de los médicos de atención primaria en el manejo de la hipertensión para revisar los registros de la presión de cada paciente que le entregan los promotores y ajustar el tratamiento según sea necesario.

El estudio se hizo en 18 centros de atención primaria de cinco provincias: Buenos Aires, Misiones, Tucumán, Entre Ríos y Corrientes. Participaron 1954 pacientes de bajos ingresos y sin cobertura; 1432 eran hipertensos, tenían 56 años en promedio y ninguno tenía la presión bien controlada, lo que aumentaba el riesgo de complicaciones cardiovasculares y cerebrovasculares. El resto no era hipertenso, lo que le permitió a los investigadores del IECS y de la Universidad de Tulane, de los Estados Unidos, comparar los resultados.

El equipo organizó dos grupos: 743 pacientes usaron la estrategia combinada y 689 pacientes accedieron al tratamiento clínico habitual con antihipertensivos. El primer grupo tenía valores de presión promedio más altos que el segundo (151,7/92,2 y 149,8/90,1 mmHg).

En un año y medio, hasta octubre del año pasado, el trabajo de los promotores resultó más efectivo que el tratamiento convencional, al reducir la presión sistólica (máxima) unos 19,3 mmHg y la presión diastólica (mínima) unos 12,2 mmHg, lo suficiente como para salir de la zona de riesgo con valores más cercanos a los 130-80 mmHg recomendados. La diferencia con el tratamiento habitual fue de 6,6 mmHg para la máxima y de 5,4 mmHg para la mínima.

Al final del estudio, un 20,7% más de los hipertensos que había trabajado con los promotores tenía valores normales de presión que en el grupo tratado con el tratamiento de rutina: 72,9 y 52,2%, respectivamente. "La aplicación a mayor escala de esta intervención, de probada eficacia en países de medianos y bajos ingresos como la Argentina, debería traer aparejada una reducción sustancial de la hipertensión mal controlada y la enfermedad cardiovascular asociada", escriben los autores. Además, para Irazola, "no hay dudas" de que el modelo se podría trasladar a otras enfermedades, como "la diabetes, entre otras efermedades crónicas".

MAS DE 9 MILLONES DE HIPERTENSOS EN ARGENTINA

En el país, la hipertensión es un problema de salud pública grave: 9.261.116 mayores de 18 años -uno de cada tres adultos- convive con esta enfermedad, que a la vez es un factor de riesgo de complicaciones que producen muerte o discapacidad prematura, como el infarto, el ACV o la insuficiencia renal.

Pero sólo un 58% recibe tratamiento, según la última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, que es de 2013. El 42% restante, o 3.889.669 de adultos, no tiene la presión controlada. Si este programa se aplicara sobre esa población, por lo menos 801.272 más hipertensos normalizarían sus valores de presión en 18 meses que sólo con el tratamiento antihipertensivo de rutina y con un costo para el sistema de salud de $ 1746 más por persona que con medidas aisladas. "Es una intervención muy costo efectiva", afirmó la autora.

Un estudio epidemiológico en zonas rurales y urbanas de 17 países, incluida la Argentina, dio cuenta en 2013 de que apenas un tercio de los hipertensos en tratamiento tiene valores normales de presión, según se publicó, entonces, en la revista JAMA. Por lo tanto, la población que podría beneficiarse podría ser aún mayor.

Para un grupo de editorialistas dirigido por Mark Huffman, del Departamento de Medicina Preventiva de la Universidad de Northwestern, Estados Unidos, los nuevos resultados "demuestran que existe una intervención efectiva, comunitaria y dirigida por agentes sanitarios, que debería ser parte de cualquier programa de los sistemas nacionales de salud para lograr esas metas tan ambiciosas, incluidos los países de altos ingresos".

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