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La noche soñada de un predicador sin sermones

Miércoles 11 de octubre de 2017
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LA NACION
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Gregory Potter / Músicos: Gregory Porter (voz), Chip Crawford (piano), Tivon Pennicott (saxo), Jahmal Nichols (contrabajo) y Emanuel Harrold (batería) / Invitados: Hernán Jacinto y Fabio Cadore / Sala: Teatro Coliseo / Función: domingo 8 / Nuestra opinión: excelente

¡Alabado seas, oh, Gregory Porter! Dueño de todas las voces, de todos los espíritus, de todo el groove del universo. Así de impactante. Así de contundente. Así de definitivo. El debut porteño de la voz más popular del jazz en la actualidad estuvo a la altura de su aura de leyenda. Por eso no nos resistimos a la tentación de echarle loas. ¡Oh, Lord!

Predicador sin sermones, Porter ostenta algo más que una voz poderosa, sobre la cual volveremos una y otra vez. Porter irradia una energía divina, como un Obélix estilizado que hubiera caído en una marmita de góspel. De allí la espiritualidad que se proyecta desde una gola privilegiada, aunque igualmente entrenada. Su porte, dulce y elegante, es una marca que se impone como una síntesis de todas las voces, con un universo musical que trasciende los géneros. Acompañado por un ajustadísimo cuarteto de notables, Porter logra condensar toda su inventiva en un show con una plataforma pop. Ésas son sus formas, con un espacio para los solos que permite la expresión de sus músicas y el desarrollo de las improvisaciones, pero que no se aparta del formato canción. "Holding on", que abre su álbum más reciente, Take Me to the Alley (2016), es el puntapié inicial de un concierto contundente. El cantante despliega allí su impronta soulera, en un guiño al gran Marvin Gaye, pero en su registro grave, de barítono, siempre vibrante.

Oscilando entre el jazz y el soul, esa cruza que en el indispensable Liquid Soul (2013) plasmó con maestría amalgamando los sonidos de Blue Note con el característico sello de Motown, la factoría soulera de Detroit, Porter se impone en escena.

Algo que lo distingue y lo agiganta es su condición de compositor. De la cuestión racial "1960 What?" (inspirada en el asesinato de Martin Luther King) hasta baladas como "Hey Laura" o "Be Good (Lion's Song)", donde impone su estilo de notas largas, que parecen extenderse al infinito, alcanzado en su vibración una fibra que hace que se aparezcan algunos lagrimones en las mejillas de una audiencia embelesada por la emoción. Y utiliza un fragmento de "Liquid Spirit" para repasar su educación sentimental, emocionando a James Brown, Earth Wind & Fire, Donny Hathaway, Stevie Wonder, Sarah Vaughan, Ella Fitzgerald y Al Jarreau.

Como adelanto de Nat King Cole & Me, álbum de salida inminente, Porter, apenas acompañado por el piano de Chip Crawford, lleva la balada "Mona Lisa", de Ray Evans y Jay Livingston, a una nueva dimensión. El despliegue vocal es tan impresionante que por momentos parece que sonara sostenido por una orquesta de cuerdas. Gracias Porter. ¡Alabado seas!

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