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Tras el discurso, la UE respiró aliviada y eligió el silencio

Antes de que Puigdemont hablara, el bloque le pidió que no declarara la independencia

Miércoles 11 de octubre de 2017
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LA NACION
Dos independentistas, frustrados tras el discurso de Puigdemontt
Dos independentistas, frustrados tras el discurso de Puigdemontt. Foto: Reuters / Susana Vera

PARÍS.- Europa respiró anoche aliviada después del discurso de Carles Puigdemont, aunque diplomáticamente evitó comentar las decisiones anunciadas por el presidente de la Generalitat catalana. Pero las declaraciones formuladas horas antes por dirigentes de primer orden de la Unión Europea (UE) no permiten imaginar la intervención directa del bloque en una eventual mediación.

"¿Por qué Europa, Francia o Alemania no intervienen en la cuestión catalana? Porque Europa está formada por Estados soberanos", dijo ayer el presidente francés, Emmanuel Macron, durante un debate sobre el bloque en la Universidad Goethe, de Fráncfort.

"Si yo tomara partido, intervendría en los asuntos internos de España. Y eso es intolerable tanto para el presidente del gobierno como para el monarca español", agregó. "Se puede decir «Mariano Rajoy actuó de este o de otro modo». No me corresponde juzgar. Pero la actitud catalana no se inscribe en las reglas del Estado de Derecho español", sentenció.

El presidente francés fue más duro aún: "En este momento se juega en Cataluña una forma de irredentismo con profundos acentos culturales, que yo respeto; a veces con características de egoísmo económico, que me dan miedo, y con una irresponsabilidad que no comparto. De modo que, como soy incapaz de separar el trigo de la paja, creo que le corresponde hacerlo a Mariano Rajoy".

Y Macron prosiguió: "¿Una mediación? No es un país vecino de España el que puede hacerla. Tampoco es el papel de Europa. Es España misma la que debe resolver ese problema".

Para Macron, si la Unión Europea interviniese, se encontraría tratando de igual a igual con Carles Puigdemont y Mariano Rajoy. "Esto sería como abrir una caja de Pandora en otros países europeos", concluyó el jefe del Estado francés.

Por su parte, el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schauble, se declaró esperanzado en que todos actuarían "sobre la base del derecho aplicable a fin de evitar consecuencias que nadie quiere".

Su homólogo austríaco, Hans Jorg Schelling, declaró que confía en que "la actual situación no provoque una crisis del euro y de la UE".

Poco antes, el presidente del Consejo Europeo (CE), el polaco Donald Tusk, había lanzado un llamado a Puigdemont a "no anunciar una declaración que volvería el diálogo imposible".

"La diversidad no debería y no debe conducir a un conflicto cuyas consecuencias serían negativas para los catalanes, para España y para toda Europa", exhortó Tusk ante el Comité de Regiones, órgano que representa las colectividades locales en Bruselas.

Por la mañana, la Comisión Europea (CE) también había llamado al diálogo entre el gobierno español y las autoridades catalanas.

Interrogado sobre la actitud de Bruselas en caso de proclamación unilateral de la independencia por parte de las autoridades catalanas, el vocero de la Comisión -órgano ejecutivo de la UE- reiteró su "confianza" en el gobierno de Madrid.

"Como lo hemos dicho, la violencia no puede ser un instrumento político. La Comisión Europea expresa su confianza en la capacidad del presidente del gobierno, Mariano Rajoy, para administrar este delicado proceso, en el respeto de la Constitución española y los derechos fundamentales de los ciudadanos", explicó el funcionario .

Para no echar aceite sobre el fuego de las numerosas ambiciones independentistas que atraviesan el continente y no extralimitarse en sus atribuciones, la UE hace de cuenta que no está realmente concernida por la crisis catalana.

Por un lado, rechaza el papel de mediador que muchos le solicitan. Por el otro, advirtió varias veces a los independentistas catalanes que, si la región se independiza, quedará excluida del bloque y deberá presentar su candidatura de adhesión como cualquier otro país.

No obstante, los países vecinos de España se apresuraron a anunciar que no reconocerán una eventual independencia. Salvo si esta se inscribe en el marco de un acuerdo con Madrid.

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