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Puigdemont impuso la sensatez y los matices que no tuvo el rey

Miércoles 11 de octubre de 2017
PARA LA NACION
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BARCELONA.- Cuando faltaban minutos para el inicio de la intervención de Carles Puigdemont, un pequeño país se sumergió entero en una especie de estado de hipnosis frente a la pantalla del televisor. Las emociones estaban a flor de piel.

De ilusión y esperanza para algunos, de miedo y angustia para otros. De expectación para todos, acentuada por el retraso de una hora en su comparecencia. Ni tan siquiera en las finales de la Champions League el Barça, el gran embajador catalán en el mundo, había conseguido paralizar la vida de España.

No sólo Cataluña estaba en vilo. En menor grado, el mundo, y sobre todo Europa, contenía la respiración, temeroso del estallido de un nuevo conflicto violento en su periferia mediterránea.

Todas las grandes cadenas mundiales, de la BBC a Al Jazeera, ofrecieron en directo el discurso del presidente de Cataluña, como si de Obama o Trump se tratara.

Y es que incluso los peluqueros o taxistas de Túnez, al saber que uno es de Barcelona, se interesan por la "cuestión catalana", debatida en los programas políticos de máxima audiencia.

En su discurso, Puigdemont ofreció una elocuente explicación de los agravios de los soberanistas catalanes. Sin embargo, mostró su respeto también hacía los decenas de miles de catalanes que se manifestaron el domingo a favor de la unidad de España. Habló también de "desescalar" la crisis y de diálogo. Unos matices ausentes en la alocución una semana antes del rey Felipe, al que lanzó un nuevo dardo.

Ayer, terminado el discurso, las emociones, contenidas durante más de media hora, volvieron a aflorar. Son siete años de "proceso soberanista", de muchos esfuerzos en pro del viejo sueño emancipador, nunca tan cercano.

Pero en el tradicional debate entre el seny y la rauxa, (la sensatez y el arrebato), tan propios del carácter catalán, ayer se impuso el primero.

Cataluña juega con su historia ante la atenta mirada de la comunidad internacional. En sus manos está evitar que esta pulseada ibérica termine en una tragedia.

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