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Tibios, afuera

Miércoles 11 de octubre de 2017
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Discúlpenme, críticos y faunas cinéfilas, pero creo que dos películas recién estrenadas y en apariencia antagónicas dialogan entre sí: Zama y Desearás al hombre de tu hermana. En la primera (categoría cine arte), todo es pura espera: la del protagonista -un funcionario de la corona española del siglo XVIII que quedó varado en un destino remoto- y la de los espectadores, a los que la directora Lucrecia Martel les aplica con rigor esos tiempos muertos.

En la segunda (categoría cine comercial con hambre de taquilla), sus personajes centrales no esperan nada: se amanceban del primer minuto al último y cuando no, se miran con parodiada lascivia. Como resultan sensaciones complicadas de transferir, aquí el espectador fluctúa entre la risa -el film de Diego Kaplan adopta premeditadamente diálogos y estéticas del cine kitsch de los setenta-, la modesta calentura virtual del voyeur y los susurros azorados por ciertas explicitudes masculinas.

¿Qué tienen en común? A ambas se les nota la argentinidad: son apasionadas y extremas en los efectos que se empeñan en subrayar obsesivamente y, por lo tanto, expulsan a los tibios: sólo coleccionan incondicionales o detractores. En el medio, nada. Otra grieta. En este caso, una grietita.

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