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Así se festejó un gol de Lionel Messi ante Ecuador en el Estadio Unico de La Plata, a la espera del recital de U2

El grupo irlandés demoró su concierto paraque la multitud disfrutara el emotivo 3-1 de la Argentina

Miércoles 11 de octubre de 2017
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LA NACION
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U2 supo esperar
U2 supo esperar. Foto: Soledad Aznarez

LA PLATA.- Hace sólo diez minutos que Noel Gallagher y su banda, High Flying Birds, terminó su show y las casi 50 mil personas que ya colman el Único de La Plata están en "modo fútbol". El concierto de U2 deberá esperar dos horas. Primero está Ecuador y ese baldazo de agua helada temprano; luego Messi , Di María, Pérez. Llega el empate, llega el segundo y la energía cambia. Este estadio lleno viendo lo que sucede en otro estadio, en la lejana Quito, de pronto modifica ostensiblemente su semblante. Qué lejos estamos de "Sunday Bloody Sunday" y de las canciones de Joshua Tree que Bono y sus muchachos vinieron a recordar en una nueva, gigante y espectacular gira. Primero está el fútbol. Siempre el fútbol. No hay guionista de Hollywood que haya imaginado esto. Al productor Daniel Grinbank se le ocurrió que era una buena idea que una pantalla gigante transmitiera el partido; que U2 postergara una hora y media su show. La banda y su management accedieron pero pidieron que se garantizara el transporte público. La intendencia accedió, claro, y lo que era una quimera se convirtió en realidad. Una pantalla gigante que antes mostraba a Gallagher cantando clásicos de Oasis ahora nos devuelve a once gladiadores de celeste y blanco que se reponen de la zancadilla precoz. Inesperada como todas. En el campo el público se sienta. Y se para. Y se vuelve a sentar. Hay rostros concentrados, miradas incrédulas y corazones que luchan por no detenerse. Vivimos, respiramos, sentimos fútbol.

¿U2? Los irlandeses quedaron en un segundo plano. Al menos por ahora. No importa por ahora si se pagaron dos, tres, cuatro, cinco mil pesos. Todos sufrimos y anhelamos que cuando la banda finalmente salga a escena el Único sea la fiesta que vinimos a disfrutar. Completa por la clasificación conseguida, claro está, pero después de sufrir un rato. Volver a casa tarde, mojado si es que finalmente la lluvia nos sorprende, cansado pero feliz. Y se da. Nada de tristes, golpeados, cabizbajos, la opción indeseada. Volver de La Plata será como volver de un partido de fútbol de esos que paralizan nuestras vidas. Todos recordaremos dónde estábamos este 10 del 10. Todos relataremos una y mil veces que vimos esos golazos de Messi en el estadio mismo, rodeados de amigos y de desconocidos. Llorando por dentro y por fuera. Y que cuando Bono salió a escena de pronto fue un argentino más. Acá, en La Plata, las calles no tienen nombre ("Where the Streets Have No Name"). Pero sí lo tiene nuestra emoción.

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