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Una noche como para preguntarse cómo pudimos sufrir tanto teniendo a Messi

Diego Latorre

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LA NACION
Miércoles 11 de octubre de 2017 • 00:42
Foto: LA NACION / Fabián Marelli

Quiero abstraerme de todo lo que pasó hasta acá, quiero dejar de lado todo lo que tuvimos que sufrir y padecer, todo lo que debimos atravesar. Quiero enfocarme solo en el magistral, en el emocionante partido de Lionel Messi , y no puedo creer que hayamos tenido que esperar hasta el último partido para decidir nuestra suerte.

A un jugador como él es cuestión de darle apenas unas facilidades mínimas, de que Enzo Pérez le pase la pelota en los momentos oportunos, de que Benedetto pivotee como mandan los cánones y que Di María entienda la necesidad de asociarse para ser profundo. Después, el 10 encontrará siempre las soluciones para todo lo demás.

En las peores condiciones posibles, luego de recibir un gol a los 40 segundos que nos dejaba afuera del Mundial, con el añadido de la altura y el peso de la racha adversa sin marcar en los partidos anteriores, Messi sacó a relucir toda su rebeldía y su jerarquía para contagiar al resto de sus compañeros. En un partido extremo expuso todo su deslumbrante repertorio para desequilibrar y definir, ese que hemos visto mil veces en el Barcelona, cuando toca en velocidad desde afuera del área y llega al remate desde atrás, porque todos sabemos que es mejor llegar que estar, aparecer que anclarse.

Tuvo esta vez Leo los mínimos auxilios que tanto hemos anhelado. Es curioso, porque encuentros como el de anoche da la impresión que es autosuficiente, que puede ganar solo los partidos. Pero no es así. Enzo Pérez y Di María supieron detectarlo en los momentos justos y le ahorraron la tarea de ser quien tenga que generar, asistir y definir al mismo tiempo. Con eso le dieron dinámica, asociación en velocidad y profundidad a los ataques argentinos.

Por supuesto que también hubo lagunas y que falta mucho para tener un equipo, un funcionamiento con el cual sobrevivir si el 10 se apaga o es controlado por el rival de turno. Encontrarlo será el siguiente reto para Jorge Sampaoli , un técnico de largo plazo y no de emergencias, que ha sabido construir cada vez que ha tenido tiempo, que en Universidad de Chile y Sevilla ha demostrado que se lleva bien con la continuidad y los procesos, que instala su idea de juego y que sus equipos son el reflejo de lo que quiere. Ahora tendrá ese tiempo que necesita.

Pero esa será otra página. Hoy toca disfrutar de la alegría y el alivio. De volver a emocionarse una y otra vez con el partido de Messi. Y también de preguntarse cómo pudimos llegar hasta acá teniendo un futbolista tan implacable, el más desequilibrante de todos, el mejor del mundo.

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