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Costó y tardó, pero un día el genio tuvo compañía

Miércoles 11 de octubre de 2017
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LA NACION
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Foto: LA NACION / Fabián Marelli

Messi, solo, puede hacer mucho. Si lo ayudan un poco, es capaz de todo. De ganar un partido, de conseguir la clasificación al Mundial , de aliviar tensiones, de espantar los malos augurios y los pronósticos más funestos. Los grandes problemas, como en los que se había metido la Argentina, requieren de soluciones de la misma proporción. Un desafío justo a la medida de Messi.

Nadie había hecho más que Messi para no llegar a una situación tan límite y angustiante. Y fue Messi el que completó el rescate, el que destrabó el nudo, el que desató todo. El que evitó que el mundo (el Mundial) se le viniera abajo a la Argentina cuando perdía antes de completarse el primer minuto de juego.

Uno de los desvelos de Sampaoli era encontrar "relaciones" (dixit) entre los jugadores, crear sociedades, encontrar complicidades futbolísticas. No venía dando en la tecla el director técnico, hasta que anoche la cancha le dio la razón a su última elección, dentro de las incontables vueltas que le pegó a la formación en las prácticas. Messi encontró un complemento en Di María. No debería ser ningún hallazgo porque hace casi una década que comparten partidos con la camiseta celeste y blanca. Pero el flojo rendimiento de Di María ante Perú no sólo fue muy evidente para el público en general, sino también para la autoestima del rosarino. Hizo mella en su ánimo y un partido tan decisivo como el anoche no se lo podía encarar con alguien que no estuviera convencido de su potencial.

Pero igual Sampaoli le hizo un lugar entre los titulares, y además le encontró una ubicación que benefició a Messi y al equipo. Por el callejón del N° 10, sin estar pegado a la banda para permitir la proyección de Acuña, Di María estableció con Messi un diálogo futbolístico que le devolvió al equipo un discurso ganador, eficaz, liberador de goles. Di María y Messi combinaron en el primer gol como Messi no lo había podido hacer con Papu Gómez el jueves. El futbolista del PSG lo volvió a buscar en el segundo gol.

Había que darle una mano a Messi, como lo hacen en Barcelona. Metros más atrás del capitán todo funcionó mejor con la inclusión de Enzo Pérez, un acierto del DT. El despliegue, las coberturas y el paso adelante del volante de River para romper fueron el contraste de la hibridez que había mostrado Banega.

Gracias a que Messi estuvo mejor rodeado, la Argentina hasta se dio el lujo de descansar en el resultado y clasificarse sin apuros. Benedetto le quiso llevar alguna marca en el tercer gol, pero los tres ecuatorianos igual se fueron detrás del N° 10. A los tres se los llevó a la rastra rumbo al hat-trick. Messi nunca se borró, siempre estuvo. A tiempo apareció algo del equipo para acompañarlo al Mundial.

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