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Los puntajes de la selección: el colosal Lionel Messi se reencontró con la electrizante sociedad de Ángel Di María

Tres goles y una actuación fantástica para la noche perfecta del capitán de la selección; Di María y Enzo Pérez, laderos del crack; Salvio, la decepción

Miércoles 11 de octubre de 2017 • 07:00
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LA NACION
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Leo Messi, decisivo
Leo Messi, decisivo. Foto: AP

QUITO.- El fulgor de Lionel Messi atrapó las miradas del mundo. Pero el recorrido por todo el equipo de Sampaoli ofreció muchos matices en la victoria sobre Ecuador.

Romero (6): Una actuación correcta, más allá de algún centro que se le complicó por los escurridizos recorridos que dibuja la pelota en la altura. Ofreció tranquilidad en un partido de alta tensión, acertó con algunos saques y no tuvo inconvenientes ante los remates de media distancia de Ecuador.

Mercado (5): Nunca terminó de clausurar su sector, y esas grietas lo desnudaron algo torpe en los desplazamientos. Apeló a las fricciones y no ofreció una alternativa de proyección por su banda.

Mascherano (5): finalmente como zaguero después de que se especulara con su regreso al mediocampo a partir de algunos ensayos de Sampaoli, comenzó muy mal. Víctima de la desventaja física en el gol, también se equivocó en algunos pases y en traslados excesivos. Pero reaccionó, acomodó su tarea con la marcha del encuentro y terminó siendo un sostén emocional.

Otamendi (6): el mejor defensor del seleccionado, con agresividad y sentido de la distancia. Aguerrido, combativo, concentrado, peleó cada pelota con contagioso temperamento.

Salvio (4): su floja actuación se afirma en una tarea deambulante. Flotó entre un volante insulso y un delantero sin determinación. Había expectativa alrededor de su desempeño y decepcionó.

Biglia (5): una tarea prolija. El equilibrio indispensable para retroceder y sumarse a la fortaleza defensiva. Sin pase entre líneas, al menos sus entregas no generaron compromisos para los retrocesos.

Enzo Pérez (7): un desempeño convincente a partir del oficio para patrullar el mediocampo. Nunca le pesó la responsabilidad del partido, pidió la pelota incluso en ese comienzo traumático. Pisó con firmeza la cancha y se mostró como una rueda de auxilio para socorrer a sus compañeros.

Acuña (5): un pistón intermitente, con generosidad defensiva y contenido desnivel en ataque. Su figura no tuvo el atrevimiento que sí había desequilibrado contra Perú, por ejemplo, y en el segundo tiempo directamente fijo su atención en la marca.

Messi (10): una noche increíble que quedó grabada entre las páginas inolvidables. Fue su partido más trascendente en la selección, porque rescató al equipo del derrumbe más estrepitoso. Titiritero y killer, hizo todo. Pensó y ejecutó. Tres goles de colección para romper con un embrujo, y mucho ascendente sobre sus compañeros. Tomó de la mano a un equipo desahuciado y lo llevó a Rusia.

Di María (7): apareció el socio que Messi tanto añoraba. El despliegue electrizante al servicio de dañar al rival. Clave en el gol del empate, el primero de Messi, para asistir al capitán. Creció en confianza después de varios partidos descoloridos y su juego reaccionó. Recuperó la verticalidad que se había extraviado en el barullo.

Benedetto (6): cumplió con descargas prolijas, buscó asociarse, abrir la cancha y mostrar espacios. Dinámico, salió para mostrarse y también contuvo a los centrales. Le faltaron situaciones de gol para probar si había reencontrado la eficacia que luce en Boca.

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