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La revolución de los lenguajes, según actores y marionetas

Jueves 12 de octubre de 2017
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LA NACION
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Arde brillante en los bosques de la noche

Dramaturgia y dirección: Mariano Pensotti/ intérpretes: Patricio Aramburu, Esteban Bigliardi, Inés Efron, Laura López Moyano, Susana Pampín/ vestuario y escenografía: Mariana Tirantte/ iluminación: Alejandro Leroux/ realización de marionetas: Marcos Berta, Román Lamas/ música original: Diego Vainer/ asistencia de dirección: Juan Schnitman/ producción: Grupo Marea, Florencia Wasser/ sala: Teatro Sarmiento/ funciones: jueves, viernes, sábados, a las 20.30; domingos, a las 20/ duración: 110 minutos/ Nuestra opinión: muy bueno

Brillante elenco de actores-manipuladores
Brillante elenco de actores-manipuladores. Foto: LA NACION

Lo lógico siempre es empezar por el principio. Aunque, a veces, el final reformule casi todo lo sucedido. Puede decirse que Arde brillante en los bosques de la noche, la última propuesta de Mariano Pensotti, tematiza la revolución. Eso es relativamente cierto. La primera revolución mencionada es la rusa. Puesta en tiempo pasado y como objeto de estudio, parece lejos de aportar consecuencias específicas para la vida presente y cotidiana. En la primera parte, conviven los actores y las marionetas. Algunas de ellas aparecen como una representación de quienes las manipulan. Ése es el primer desvío: el modo de manipulación. Las marionetas, a veces, son manejadas eludiendo los hilos (sí, claro, hay permiso para leer las metáforas).

La historia, que surge como realista en apariencia, se va enredando de tal modo que es imposible saber cuándo el referente es "real" y cuándo no lo es. Es en esta zona en la que se plantea el tema del cuerpo como un campo revolucionario. Un cuerpo que no está puesto en primer plano, sino desplazado por el foco de atención que es la marioneta.

El entramado del relato es tan complejo que dar cuenta de la totalidad implicaría hacer un esquema conceptual. Sin embargo, eso es superficie. La propuesta es definitivamente lúdica. Los hilos se entrecruzan hasta un punto imprevisible que se va sucediendo hasta el momento final. Es decir, las marionetas devendrán en espectadores de una serie de actores. Parodia de ciertos géneros, discusión en torno a otra revolución que, esta vez, es latinoamericana, aunque planteada desde una perspectiva europea alejada, edulcorada, sistemáticamente incomprendida. A su vez, se juega el planteo irónico de para qué sirve un revolucionario cuando deja su revolución. Todo en clave de juego paradojal, por supuesto.

Los actores irán a distraerse a un cine argentino hecho con bajo presupuesto pero intenso. Y la historia (las historias) se trasladarán a la pantalla. De manera tal vez imprevista se retomarán cuestiones que se habían abandonado en la primera parte y, esta vez, el foco estará puesto en las conductoras de un programa de televisión, que significativamente se llama Polifonía. En un viaje a las Cataratas, tal vez, en una referencia a una antigua obra de Mariano Pensotti, se retoma el universo citado de la profesora que investiga un personaje poco conocido de la revolución rusa. Un cruce sin consecuencias para la narración, pero que funciona como un guiño para los espectadores.

Es difícil escribir sobre esta propuesta porque no se deja enredar fácilmente en las redes ordenadas y sucesivas de las palabras. Cuando se la ve, uno va cambiando de barco con los personajes y deslizándose entre las historias sin preguntarse demasiado. Y la perspectiva se cierra con la memoria de los espectadores que reconocen la identidad de las actrices más allá de los personajes que representan y en una transformación a la vista del público. El artificio está constantemente subrayado. También, en el modo de armar la escenografía. En el marco de las marionetas, con una impronta estética magnífica, en la de lo "teatral" remedando la pobreza y la economía de cierto teatro en todas sus acepciones posibles y en la parte cinematográfica con detalles cuidados en la filmación.

Etimológicamente, revolución implica "una vuelta". La que propone Pensotti con sus fantásticos actores y con todo el equipo creativo es la revolución de los lenguajes en la propia escena. No es una revolución que se cuenta, sino una que se pone en juego en el escenario del Teatro Sarmiento.

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