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Un laboratorio de conductas humanas

Jueves 12 de octubre de 2017
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PARA LA NACION
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Etiquette

Autoría y dirección: Ant Hampton, Silvia Mercuriali/ compañía: Rotozaza/ traducción: Alan Pauls/ voces: Darío Tangelson, Paula Salomon, Mónica Santibañez, Alfredo Alcón, Vivi Tellas/ diseño de sonido: Ant Hampton/ duración: 30 minutos/ sala: Teatro San Martín, Corrientes 1530/ funciones: hoy, de 18 a 22; sábado, 14 de 17 a 21; jueves 19, de 18 a 22; y viernes 20, de 18 a 22/ Nuestra opinión: buena

En un FIBA que rompe fronteras para apostar por los cruces diferentes, Etiquette aparece como un laboratorio de encuentro, una micro experiencia en una mesa de café donde dos desconocidos, o no, viven juntos un evento inesperado en el aquí y ahora irrepetible. La única condición es entregarse, premisa básica para la convención artística, pero que en este caso es explícita, casi flagrante: no hay dónde refugiarse si uno es actor y espectador al mismo tiempo y tiene su espejo a medio metro de distancia.

La compañía Rotozaza fue fundada en 1998 por el artista británico Ant Hampton y la italiana Silvia Mercuriali. Investigadores de performances inmersivas, en 2007 iniciaron la serie Autoteatro con Etiquette, traducida a varios idiomas. Aunque es necesaria la inscripción previa, es muy probable que quienes se acerquen casualmente al hall del San Martín consigan su media hora protagónica: al ser gratuito, nunca faltan los ausentes sin aviso.

Entre las mesas dispersas del bar, dos son las preparadas para Etiquette. A ambos buscadores de aventuras, sentados face to face, se les colocan auriculares. Sobre la mesa hay vasos, libreta, lapicera, plastilina, objetos pequeños. No hay que preocuparse de qué hablar ni cual será nuestra apariencia porque pronto comienzan las instrucciones auditivas personalizadas acerca de las que sólo revelaremos un punto de partida: la película Vivir su vida, de Jean-Luc Godard. Lo demás, es un viaje intransferible, un juego que debe jugarse y, por lo tanto, no valen los soplidos ni las precauciones.

Porque Etiquette es un juego, no hay otra manera de abordarlo y ese es su encanto. A qué se juega es otra cuestión. ¿Al intento de comunicarnos? ¿Al dictado de las palabras? ¿A ser otro por un rato para liberarnos de la responsabilidad? Todo eso propone Etiquette: ni más ni menos que jugar al juego que es el teatro, un partido de ajedrez con otras reglas, sin competidores ni resultados, pero con la inmersión mágica en algún tiempo y algún lugar con otros que no somos los de todos los días.

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