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Jueves 12 de octubre de 2017
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Concierto de Oscar Strasnoy

Dirección: Oscar Strasnoy/ programa: Y e Ittingen-Concerto, de Strasnoy; Cuatro últimas canciones, de Richard Strauss; Sinfonía en tres movimientos, de Igor Stravinski/ solistas: Carla Filipcic Holm (soprano) y Nicolás Favero (violín)/ en el Teatro Argentino de La Plata

Filipcic Holm y Strasnoy
Filipcic Holm y Strasnoy. Foto: LA NACION

Strasnoy dirige a Strasnoy. Y también, a Stravinski y a Strauss. Las obras son una lección de orquestación: todas reflejan distintas propuestas estéticas, todas revelan una gran pericia en su factura. Y a cada partitura, la orquesta y el director/compositor argentino responden con prolijidad y minuciosidad.

Es interesante el diálogo con la tradición que establece la programación de este concierto: aun habiendo pasado mucho agua bajo el puente (incluso gran parte de la obra de Stravinski), Strauss elige extender el romanticismo hasta mediados del siglo XX -con los beneficios de la elongación orquestal wagneriana-; y Strasnoy propone a viva voz la emancipación del espasmo contemporáneo "antitradición". En la práctica, Strasnoy es consecuente con sus ideas, sin tener por ello que sacrificar su actualidad, transformando la posibilidad de acercarse a un acervo histórico en una marca de estilo.

Esto se hizo patente en los estrenos argentinos de sus obras Y e Ittingen-Concerto. La primera insinúa un movimiento lento de concierto, contiene una cita de la obra Warum? (¿Por qué?), de Schumann y se hace eco de su carácter intensamente melancólico.

En este concierto, Y se convirtió en una pulcra obertura para las Cuatro últimas canciones, de Strauss, en las que la orquesta puso de relieve no sólo la calidad de la instrumentación, sino también la capacidad del compositor para escribir bellas melodías y entretejerlas en diversas texturas. Entre una obra y otra, las filas de la orquesta se engrosaron, pero no variaron en su vibrante calidad, a lo que se sumó la soprano Carla Filipcic Holm con enorme musicalidad.

Por su parte, Ittingen-Concerto fue compuesta especialmente para una orquesta barroca. Desde el primer movimiento se evidenció su carácter: una búsqueda sonora sin extremos dinámicos, una insinuación del estilo concertante y el uso del clave como una perla de época. Todo aplicado a un material actual y elaborado que no teme acercarse a la melodía (aunque sea de manera fragmentaria). Ante esta propuesta, los intérpretes no hicieron ni más ni menos que justicia.

La Sinfonía en tres movimientos, de Stravinski, completa la función con espectacularidad. La gran orquesta explora, más que en las otras obras de la noche, contrastes dinámicos, e interpreta con soltura la siempre cautivadora elaboración rítmica y métrica de las células temáticas que construyen la obra.

Strasnoy afirma que "un artista es artista cuando hace lo que se le da la gana". Este repertorio no hace más que comprobar esa declaración proponiendo una reflexión sobre la articulación tradición/vanguardia, que, lejos de estar resuelta, cobra un vigor estético particular, ajeno a todo cliché, de la mano del compositor argentino.

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