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Una nueva trampa

Jueves 12 de octubre de 2017
PARA LA NACION

ESPAÑA.- El golpe al Estatuto y a la Constitución madurado a principios de septiembre con las leyes de ruptura o desconexión desembocó en una declaración unilateral de independencia (DUI) asumida por el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, pero con efectos retardados por "unas semanas". Por más que esta declaración se haya procurado edulcorar con cláusulas restrictivas (se "asume" el presunto mandato del presunto referéndum, pero no se "proclama" abiertamente la república), suspensivas y ambiguas, una DUI es una DUI, y no otra cosa, y es fácil identificar esta maniobra como una burla más de Puigdemont al Estado de Derecho.

Contra lo que sostuvo Puigdemont, no hubo mandato para la independencia en las elecciones del 27-S (sino de una minoría del 48% de los votos) ni lo hubo el pasado 1° de octubre, pues la votación del presunto referéndum fue además de ilegal, irregular, sin ninguna garantía, ni control, ni responsable fiable del recuento.

Muchas personas bienintencionadas tendrán hoy la tentación de aferrarse a la suspensión y la oferta de diálogo planteada. Pero todos deben tener claro que la confusión que sembró Puigdemont es parte integral de su estrategia independentista y en ningún caso una oferta sincera de volver al marco constitucional para, desde ahí, plantear un diálogo sin condiciones, sino, una vez más, otro ultimátum que el Estado de ninguna manera puede aceptar.

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