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Un lugar donde morir

Héctor M. Guyot

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LA NACION
Jueves 12 de octubre de 2017
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Foto: AP / Anjum Naveed

He aquí una imagen universal. Podría haber sido tomada en cualquier barriada de las que crecen alrededor de las grandes urbes. El potrero ha devenido un espacio mítico que no conoce fronteras. Cuando la pelota empieza a rodar, no importa en qué hemisferio, todos hablan el mismo idioma, el del honor y la gloria. Aquí los jugadores siguen como hipnotizados la trayectoria del balón, que en apariencia se ha metido en el ángulo tras burlar el esfuerzo del arquero. El tiempo se ha detenido. Lo detuvo ese zapatazo que lo definió todo antes, en el momento del impacto. Lo que aguardan todos es la consumación que antecede al grito. Estamos en Islamabad, Paquistán, donde la federación nacional de fútbol fue suspendida por la FIFA en razón de que sus cuentas han sido intervenidas por la justicia. Desde aquí, lo único que le reprochamos a la AFA paquistaní es la falta de una red en este bendito arco. Los balones necesitan un lugar donde morir.

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