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Un tiempo muerto para bajar los nervios y buscar salidas

Jueves 12 de octubre de 2017
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MADRID.- "Tiempo muerto". En básquet se lo usa para repensar estrategias en el fragor del partido. En el conflicto catalán se abre ahora un paréntesis de varios días para rebajar la crisis y encontrar una salida política de una escalada crítica.

Desde ayer, cuando el gobierno de Mariano Rajoy ofreció ese "tiempo muerto", al independentismo catalán le será más difícil decir que "no hay diálogo".

Ya no sólo se lo ofreció el presidente del gobierno, sino que lo hizo en el recinto del Congreso de los Diputados y respaldado por la mayoría de los partidos allí representados.

Que el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), el centrista Ciudadanos y hasta la izquierda de Podemos hayan secundado el "diálogo" ofrecido por el presidente lo vuelve contundente y deja al gobierno de Carles Puigdemont con escaso margen internacional para rechazarlo.

Es posible que en las próximas horas organismos y líderes europeos respalden esa oferta e inviten a Puigdemont a aceptarla.

Son los mismos líderes e instituciones europeas a las que el independentista les viene pidiendo que "no desatiendan" la situación catalana.

En los mecanismos de la Unión Europea (UE), de la que Cataluña no puede alejarse un minuto sin dañar seriamente su economía y su bienestar, difícilmente no se apoye la oferta oficial de Madrid y del conjunto mayoritario de la clase política española.

Ahora que tiene semejante invitación, ¿la aceptará? ¿Hará efectivo ese "parlem" (hablemos) que pone en sus pancartas?

No parece. La primera reacción de Puigdemont fue tan confusa como su peculiar declaración de independencia.

Lo que hizo fue publicar en las redes sociales la imagen de un típico comienzo de partido de ajedrez.

Una foto en la que se ve una de las aperturas más usuales: un peón que avanza. Pareció una críptica respuesta, de interpretación abierta, al pedido de Rajoy y de la mayoría del Congreso español para que aclare qué hizo en la noche del martes: si declaró o no la independencia de la región.

"Porque nadie ha entendido nada", dijo el presidente, al expresar una impresión generalizada. Si algo abunda por estas horas son intentos por interpretar lo que quiso ser ese acto en el Parlamento catalán.

Tanto que ni siquiera los promotores de la independencia fueron capaces de decir qué había pasado.

"Ocurrió lo que ocurrió", ilustró ayer -seriamente- el diputado nacional por Izquierda Republicana de Cataluña (ERC), Joan Tardá.

Puigdemont habló también con la cadena norteamericana CNN y lo hizo para "pedir diálogo", que es, justamente, lo que le están ofreciendo desde Madrid.

Pero lo que él quiere -dijo- es "un diálogo sin condiciones", pero que sea para "elegir dos representantes de cada lado y que ellos negocien la elección de un mediador".

"Diálogo" es la palabra más repetida en este capítulo español, pero sus registros no son los mismos para cada una de las partes.

Desde el gobierno central se accedió a darlo en el más alto nivel, con una posible reforma de la Constitución de 1978.

La que consagró la llamada Transición Española y estatuyó el sistema de autonomías. Incluida la catalana.

"¿Qué más diálogo quieren que el que habilita la posibilidad de reformar nuestra norma básica de convivencia?", dijo Pedro Sánchez, el líder socialista que arrancó ese compromiso a La Moncloa.

Elogios de Podemos

Hasta Pablo Iglesias, el líder de Podemos, que venía cuestionando a Rajoy en toda esta crisis y reclamándole diálogo, ayer apoyó la propuesta e incluso se atrevió a ponderarlo.

"Le agradezco el tono conciliador que ha usado. Tal vez podamos acordar en muchas cosas", piropeó el combativo antisistema al presidente de derecha.

Puigdemont se está quedando sin abogados en Madrid y, por estas horas, eso significa que los pierde también en la Unión Europea, a la que tanto mira.

Su papel de víctima en reclamo de "diálogo abierto y sin condiciones" es, desde ayer, un poco más forzado.

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