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"Contra el cáncer se lucha pensando en los que caminan a tu lado"

En el mes de la sensibilización sobre el cáncer de mama, un relato en primera persona con un mensaje para nunca bajar los brazos.

Viernes 13 de octubre de 2017 • 00:46
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PARA LA NACION

Quedó grabado en su memoria para siempre. Ese 9 de noviembre de 2014 iba a marcar un antes y un después en la vida de Mónica Galante (58). Era una mujer vital, una madraza con todas las letras, de esas personas que se ocupan de la casa, el trabajo, y también de dar una mano a quien lo necesitara. Había viajado desde su casa en Villa Constitución en la Provincia de Santa Fe hacia la Ciudad de Buenos Aires para visitar a Natalia, una de sus hijas, que reside en la capital del país. Mientras se duchaba, notó con cierto asombro y preocupación un bultito en uno de sus pechos. "Tengo como una bolita con las que jugaban los chicos antes, de ese tamaño y dureza", le dijo a su esposo José mientras terminaba de prepararse para salir. Pensó que se había equivocado y, cuando regresó de su paseo, volvió a revisar su pecho: el bulto seguía en el mismo lugar.

De vuelta en su ciudad natal, se puso en campaña para averiguar qué pasaba. "Me hice estudios y se los llevé a un médico que quiero mucho y con el que tengo mucha confianza y me dijo Moni, acá hay algo que no me gusta. Me hizo una lista con los pasos a seguir, pero lo que yo quería era que esto se solucionara pronto, quería saber si era bueno o malo", recuerda. Decidió entonces consultar con un especialista. "Tenés cáncer, hay que operarte cuanto antes", sentenció el médico y Mónica sintió que su mundo se desmoronaba. La intrevención se programó para la semana siguiente pero el camino que Mónica iba a tener que transitar junto a esta enfermedad recién empezaba. El tumor había hecho metástasis y fue necesario continuar el tratamiento con quimioterapia y rayos. Con ese diagnóstico Mónica se convirtió en un caso más de los 18.700 que se detectan cada año en nuestro país.

Bronca, impotencia, tristeza infinita... Lo que vino después fueron momentos duros, quimioterapia por seis meses (con descomposturas, caída del cabello, lágrimas y muchos pesares más). Luego radiología, pero la piel blanca de Mónica se quemó y hubo que tratarla por esa condición por largo tiempo. Más adelante llegó el momento de otra operación; esta vez era su útero el que se habia visto afectado. Sufrimiento, entradas y salidas de sanatorios, farmacias y el fantasma del cáncer que todo el mundo asocia invariablemente con muerte volvió a aparecer. "Como esposo la acompaño con casi 38 años de casados y el cáncer fue el momento más tremendo que nos tocó afrontar. Ella sintió que se venía su mundo abajo cuando recibió la noticia de que ese nódulo era un tumor cancerígeno, lloró desconsolada ante nosotros y su médico. Afrontó con valor cada operación, fue sometida a quimioterapia y sus fuerzas físicas flaqueaban, se dormía en el asiento del acompañante del auto volviendo 50 km desde Rosario, pero nunca bajó los brazos", relata su esposo conmovido.

Pequeño y enorme a la vez

Aunque la vida la estaba golpeando sin darle respiro, una luz se encendió en los tristes días de Mónica. Mientras transitaba los momentos más difíciles de su tratamiento, nació Thiago, su nieto y la llegada de ese bebé al mundo le cambió la vida, la llenó de ilusiones y apuntaló la lucha. "Mi familia fue mi sostén y Thiago mi angelito de la guarda. Yo no podía caminar, estaba en cama y ellos fueron mi otra mitad. Cuando nos enfermamos nos ponemos extremadamente vulnerables y es muy valioso poder contar con el apoyo de quienes nos aman incondicionalmente. Durante este tiempo me preguntaron muchas veces cómo se lucha contra el cáncer y creo que la respuesta es simple: pensando en los que caminan a tu lado. Ellos son el motivo por el que hay que levantarse cada día; se puede, hay que apretar los dientes y marchar, la familia es un sostén invalorable a la hora de acompañar la lucha", dice con seguridad.

Con las sesiones de quimioterapia, el pelo comenzó a caerse. En una reunión familiar notó que el ventilador había volado algunos cabellos y al tocarse la cabeza, un gran mechón quedó en su mano. Los tratamientos se llevaron también gran parte de la energía que la caracterizaba. Trabajaba hacía más de 34 años en la Municipalidad de su ciudad, tenía un gabinete de masajes con su hijo Fernando (el papá de Thiago) y, además, nadaba cuatro veces por semana. Era inevitable, Mónica comenzó a sentirse más cansada y todas esas actividades que antes realizaba, muchas veces fueron suplantadas por una cama. "A veces simplemente un pensamiento rondaba mi cabeza y era que no podía más del dolor. Me tenían que agarrar de los brazos para levantarme, me sentía muy descompuesta. Pero miraba a mis hijos, a mi nieto y a mi esposo y sentía que no podía dejar de pelear".

Con el cáncer Mónica sintió el duro golpe de hacer un paréntesis en su vida, pero acaso entendió que también era preciso ocuparse de ella: darse su tiempo para el disfrute y algunos pequeños placeres. Con el tiempo recuperó sus ganas de hacer y se convirtió en una mujer con un profundo razonamiento y con una preocupación por darle a cada cosa, el valor que merece. "Es más: a todos nos tranquiliza cuando nos ve preocupados por alguna tontería. Mónica en suma aprendió a darle a cada cosa su exacto valor...ni más ni menos", enfatiza su marido.

Hoy Mónica continúa con controles médicos puntuales. Se cuida con medicación y está decidida a no dejar de luchar. "Volvió a ser la de antes: eso sí, mucho más espiritual, más calma. También más tranquila porque logró su jubilación y tiene más tiempo para realizar sus hobbies. Su desvelo hoy es tratar de concientizar, de difundir que la prevención y los controles salvan la vida a muchas mujeres: es más, se enoja pensando que muchos médicos podrían hacer más por difundir y machacar con la prevención. Lo piensa, lo razona pero seguirá intentado desde su humilde lugar. Porque repite siempre: la vida es un instante y hay que tratar de dejar algo cuando uno se vaya para siempre. A nosotros ya nos dejó mucho. Y nos deja demasiado cada día. Así es Mónica. Será por eso que la amamos profundamente", dice orgulloso José.

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