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Héroe del silencio: el 10/10/17, un antes y un después para un Messi que se hace dueño del seleccionado argentino

El capitán se carga la selección al hombro y ejerce ya a fondo; se está haciendo dueño del equipo, que es lo que le pedían.

Jueves 12 de octubre de 2017 • 09:30
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LA NACION
Como el adolescente peruano de Ayacucho, Messi lleva sobre sus hombros a la celeste y blanca
Como el adolescente peruano de Ayacucho, Messi lleva sobre sus hombros a la celeste y blanca. Foto: Rodrigo Abd

Corría el año 2002 y el abuelo de Gerard Piqué se acercó a Leo Messi para hacerle una oferta: vestir la camiseta de la selección española Sub 16.

"Ni loco", le había dicho Messi a un emisario anterior. "Ni loco, volvió a decirle ya a Amador Bernabeu, padre de la madre de Piqué, ese compañero y amigo con el que escribiría historia de la grande en el Barcelona.

Aquel Messi adolescente que se quedaba despierto hasta bien entrada la madrugada para ver fútbol argentino era tremendamente silencioso, un argentino muy difícil de entender para aquellos que hoy nos rompen los tímpanos mañana, tarde y noche en la tele. Tan discreto, tan parco, tan aburrido. Porque para muchos hay solo una forma de ser argentino y de ser futbolista argentino. Lo demás no sirve. Messi tampoco.

Hasta que llegó la noche del 10 de octubre de 2017 y Messi les tapó la boca a todos. Si hasta sus tres marcadores ecuatorianos prefirieron desentenderse de Darío Benedetto para sacar butaca de primera fila en el tercer gol. ¿Cuándo y dónde volverían a ver a un jugador de ese calibre? Lo mismo sienten seguramente los garotos brasileños que visten en las playas de su país la camiseta del "10". La de la selección argentina. Ojo, no la del Barcelona.

Jorge Burruchaga, que algo sabe de lograr cosas grandes junto con un grande, fue contundente ayer con un paralelismo que eriza la piel: "Messi fue ante Ecuador lo que Maradona fue muchas veces para nosotros".

Y así como sin Messi la Argentina no superaba la primera rueda en Brasil 2014, sin él todo hubiera terminado en drama en las eliminatorias. Ahora, cargándose la selección al hombro, tal como el joven peruano en la foto de Rodrigo Abd que acompaña este texto, el capitán ejerce ya a fondo. Se está haciendo dueño del equipo, que es lo que le pedían. "Si vamos todos juntos de la mano es mucho más fácil".

Se equivoca de tanto en tanto, claro, tal como lo hace un fútbol argentino que en su momento fue capaz de dar a la luz semejante prodigio, dejarlo suelto en una tentadora Europa y así y todo recuperarlo. Si volver a ser campeones del mundo no es sueño, sino meta, es solo gracias a Messi, el héroe del silencio.

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