Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

La bestia mundialista: por qué el país no está en condiciones de tomarse un mes de vacaciones

Viernes 13 de octubre de 2017 • 01:16
LA NACION
0

Fui a la rotisería a comprar dos empanadas para el almuerzo, así están las cosas, pero como no me gusta la masa recalentada, señalando el exhibidor, le pregunté al vendedor “¿cuáles están más calientes? "Los chilenos", me respondió. Doce horas después de la clasificación, los que casi no clasificamos hicimos emerger al enano sudamericano soberbio, eludiendo que para la historia, junto con la magia de Messi, tributaremos este pase al Mundial a la magia de un brujo. En breve, la sombra de Rusia 2018 extenderá sus dominios sobre toda la pauta publicitaria y enriquecerá a la patria ensambladora de televisores. La bestia mundialista se apoderará de nuestras agendas y nos obligará, durante cuatro semanas, a organizar los días y las noches de acuerdo con el fixture, así como Bono y su troupe estiraron el inicio de su concierto 75 minutos para vernos brillar con Messi desde atrás del telón. En síntesis, ya nos estamos fumando el Mundial.

Aunque derrotada en el deseo, vengo a contar lo hermoso que va a ser vivir desintegrados en el mágico nirvana del Mundial. Será como si abriéramos la puerta de Alicia y nos encontráramos con un país nuevo donde todo funcionaría tan bien que lo único que nos quitaría el sueño es pasar a la siguiente ronda del mundial. Un lujo que la Argentina, ni hoy ni en los años que vienen, no puede darse. El país no está en condiciones de tomarse un mes de vacaciones en pleno año laboral. Hay que trabajar y aprender que para ser los mejores del mundo no alcanza con traer una copa dorada. Muchos se quejan por los paros docentes, sin embargo todos aplauden que los niños interrumpan sus clases para iniciarse en el ritual mundialista criollo. ¿Y qué aprenden? Primero, que el mundial es otra muestra de la avivada argentina que justifica que todo quede suspendido durante un mes, incluso la educación. Y segundo que si ganás te convertís en héroe, pero en un héroe con el riesgo inminente de desaparecer en el instante en el que el esfuerzo vicario no alcanza el éxito demandado por una sociedad que parece depositar todas sus esperanzas de felicidad en el resultado del dudoso esfuerzo de otros. ¿Y el espíritu deportivo? Bien, se fue a comprar cigarrillos, gracias.

Es verdad que el universo no me escuchó. Ni Dios, ni Jehová, ni Alá ni Buda ni tampoco el Dalai Lama. Estimo probable que ellos también tengan un negocio con la FIFA. Quizás debería haber organizado una plegaria ecuménica en los bosques de Palermo. Pero no soy pesimista porque sé que todo es para bien. Al fin y al cabo, a mí, como madre, lo único que verdaderamente me preocupa es la autoestima de Messi a quien le diría “Lío, no te juntes más con esos chicos, son malos”.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas