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Cerró Hermann, el tradicional restaurante de comida alemana frente al Botánico

Según su dueño, fue porque no le renovaron el contrato de alquiler del local de Palermo; preocupación de los empleados por la incertidumbre respecto de las indemnizaciones

Viernes 13 de octubre de 2017 • 17:56
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LA NACION
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Un grupo de empleados del restaurante, hoy al mediodía, frente al local cerrado a la espera de novedades
Un grupo de empleados del restaurante, hoy al mediodía, frente al local cerrado a la espera de novedades. Foto: LA NACION / Ricardo Pristupluk

Sobre la barra de madera, "Manolo" Barral arreglaba unos números con una de las tantas proveedoras del restaurante. Detrás de él, el espejo del aparador con vitrina, ese en el que dos ciervos alzan su mirada hacia el reloj de agujas, reflejaba el salón: unas cuantas mesas ocupadas, las arañas encendidas pese al sol del mediodía que se filtraba a través de los vitrales, el grito de un mozo que pedía a la cocina un matambrito al verdeo, y una bandeja que salía con uno de los últimos cafés que despacharían.

"Sí, el domingo es el último día que abrimos. Y se cierra porque no nos renuevan el alquiler", dijo anteayer Barral, con un marcado acento español pese a las décadas que lleva en la Argentina. Se mostró reacio a seguir hablando, pero enseguida remarcó con orgullo que Hermann, su restaurante, fue inaugurado en la década del 40 y declarado sitio de interés cultural por la Legislatura porteña en el año 2000. Así lo confirma la placa de bronce de la entrada, en la esquina de Santa Fe y Armenia, justo enfrente del Jardín Botánico.

Ayer a la mañana, sin embargo, las persianas metálicas del restaurante permanecieron bajas, los candados cerrados. Así lo encontró Ramón Paz, cocinero del primer turno, desde hace 18 años. "Pensábamos dar servicio hasta el domingo, pero ayer a la noche [por antenoche] los empleados se plantaron porque nunca nos llegó el despido y hasta ahora no nos dieron ninguna respuesta sobre la indemnización -dijo, mientras esperaba en la puerta-. Que sea lo que sea, pero que nos paguen."

Primero llegó la camioneta del lavadero con los manteles, delantales, servilletas. "¿Está cerrado?", preguntó. A los minutos se fue. Lo mismo pasó con el pan, las gaseosas, el café, y con cada vecino del barrio que no entendía por qué, a media mañana, el tradicional restaurante aún no había abierto. Los clientes habituales, sin embargo, ya lo sabían: los mismos mozos se lo habían advertido.

Despedida

Una de esas habitués fue Silvina Reusmann, que apenas se enteró de la noticia fue con un grupo de amigos el sábado pasado a rendirle su propio homenaje. "Cumplimos con el ritual de la despedida, brindamos y cruzamos los dedos para que apareciera alguna solución mágica, pero tristemente no pasó. ¡Hasta esperé para conseguir mesa, cosa que no hago en ningún lugar! -contó-. No tenía un plato favorito aunque tengo un recuerdo maravilloso de las salchichas con chucrut. Creo que lo que más extraño es esa certeza de que aunque no haya arreglado con alguien, voy a pasar por la puerta y voy a ver a algún amigo comiendo en una de sus mesas."

Ramón Paz también recordará ese plato. Es el que más sacaba de la cocina. En particular, el chucrut garnie: salchicha, costilla de cerdo ahumada, papa al natural y chucrut. "Todas las noches estaba lleno y siempre había algunas mesas al mediodía -dijo-. No es agradable terminar así."

Con el correr de las horas se fueron sumando otros empleados. Entre ellos, Héctor Hermoza, uno de los mozos. Según detalló, son 16 trabajadores que se ven perjudicados con el cierre y por la incertidumbre respecto al pago de la indemnización.

La placa sobre la esquina de Santa Fe y Armenia
La placa sobre la esquina de Santa Fe y Armenia. Foto: LA NACION / Ricardo Pristupluk

El rumor es que el inmueble, una casa de dos pisos con balcón francés (arriba funcionaba hasta hace unos meses un gimnasio), construido por los arquitectos Pibernat y Loizaga en los años 40, y que empezó como la Confitería El Sol y luego se convirtió en una cervecería Munich, ahora será vendido.

Más allá de la declaración de interés cultural por parte de la legislatura porteña, la directora de la Dirección de Patrimonio de la Ciudad, Graciela Aguilar, confirmó que Hermann no presenta ningún tipo de protección patrimonial según lo dispuesto por el Código de Planeamiento Urbano ni por la Ley 1227, ley marco de Patrimonio Cultural de la Ciudad.

Punto de encuentro

Las mesas de la tradicional esquina de Palermo, y también las de su fugaz sucursal, el Nuevo Hermann, sobre la calle Güemes, eran frecuentadas desde los años 60 por artistas y personalidades del ambiente cultural y deportivo. El actor Jean Pierre Noher ocupó todos los domingos, durante 31 años y hasta la semana pasada, una de las sillas de la mesa grande delante de la barra. "Voy desde chiquito con mis viejos. Siempre muy bien atendido, con mucha calidez. Y me quedé mal con la noticia porque era un clásico después del teatro. Como una especie de restaurante de hotel de Córdoba, donde podías comer una salchicha con chucrut o una costillita con puré de manzana. El domingo pasado ya sabíamos que iba a ser el último", contó.

Lo recordó como un lugar histórico de Palermo, al que la modernidad se lo llevó por delante. "Habrá que trabajar el desapego ahora. Es tarde, pero me ofrezco a ser parte en lo que se pueda hacer", dijo. Todo sea por conservar un asiento alrededor de una de esas mesas en esa esquina que quedará en el recuerdo de muchos porteños.

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