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La vuelta del picnic

De propuestas gourmet a eventos masivos, la primavera trajo nuevas versiones de un clásico para descontracturar y aprovechar los espacios verdes

Sábado 14 de octubre de 2017
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LA NACION
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Martín Drucaroff (centro) y sus amigos disfrutan de una canasta deli en el bulevar García del Río
Martín Drucaroff (centro) y sus amigos disfrutan de una canasta deli en el bulevar García del Río. Foto: LA NACION / Mauro Alfieri

Un par de limonadas con menta y jengibre, una taza de café colombiano y otra de chai latte; de comer, una porción de carrot cake, otra de Red Velvet, un buen trozo de sandía y variedad de sándwiches. Como parte de un lento ritual, el contenido de la canasta se despliega sobre el mantel que Martín Drucaroff y sus amigos pusieron sobre el césped que tapiza el bulevar García del Río, en el barrio de Saavedra. Del otro lado de la calle está Moshu, el local de repostería artesanal que desde hace unas semanas ofrece la posibilidad de solicitar mantel y canasta (y elegir qué bebidas y comidas poner en su interior) para luego cruzar la calle y disfrutar de un picnic urbano con productos que nada tienen que envidiar a los mejores locales de pastelería de la ciudad.

"Me gusta la posibilidad de estar al aire libre y no puertas adentro. Ahora, en primavera, es algo que me permite estar en contacto con la naturaleza y no atado a una mesa si quiero reunirme con amigos", dice Drucaroff, de 28 años, mientras disfruta de su regia merienda teñida de aire fresco.

Sus palabras son ajenas a los autos que circulan por el asfalto de las calles que delimitan el bulevar García del Río, ensimismados en el mecánico ir y venir de la gran ciudad. Como él, son varios los que apuestan a descontracturarse en medio del caos porteño. Es que la puesta que improvisó Martín tiene varios puntos de contacto con un evento que, horas más tarde y en otro extremo de Buenos Aires, involucró a casi 1000 personas (y 4800 que quedaron en lista de espera). Hablamos de Le Dîner en Blanc: un encuentro pop up celebrado el último sábado bajo la consigna de disfrutar de un picnic "très chic" en una locación sorpresa y vestidos de riguroso blanco. Así, entre uno de los diques de Puerto Madero y el Faena Hotel Buenos Aires, tuvo lugar la primera edición del encuentro masivo que ya se realiza desde hace años en más de 80 ciudades de 30 países. "Nos pareció superdivertida la idea de hacer un picnic en un lugar emblemático de la ciudad, que era sorpresa. Sospechamos de distintos lugares, pero éste nos encantó", contaba Constanza Tassara, una concurrente de 34 años, mientras disponía sobre el mantel blanco las comidas, las bebidas y los utensilios que, junto con sus amigas, llevaron para disfrutar. "Nos dividimos las tareas y cada una trajo lo suyo: comida, postre y vino".

¿Es el clima que se ha vuelto más amigable? ¿Son los aires de primavera? ¿Moda pasajera o revival de estudiantes? Algo es evidente: el picnic se impone en los rincones verdes del tejido urbano y proliferan las opciones que buscan reversionarlo con variables gourmet, apuestas masivas y alternativas que ofrecen comodidad para el público postmillennial. Hay cierto espíritu estacional, es cierto, pero también es un signo de época. "La onda de esta propuesta la vemos también en otros lugares de la ciudad, en restaurantes o bares que tienen mesas compartidas, como Le Pain Quotidien o Camping: la idea es juntarse y no estar tan separados", comenta Cecilia Roca, que también estuvo en Le Dîner en Blanc.

"La idea es generar esta sensación de estar juntos en comunidad, pero en un lugar público, compartiendo mesas grandes para comer, con sistema de música al que llamamos «el fogón del campamento», que le permite a todos los que se acercan a Camping elegir la música. Queremos crear una experiencia que permita romper la barrera con el que está al lado", explica Gabi Balan, director de Camping, esta suerte de beer garden montado en la terraza del Buenos Aires Design, en pleno barrio porteño de Recoleta, donde en invierno los asistentes recurren a mantas y comidas calóricas (ragú de cordero, guiso de vegetales, tortilla de papas) para disfrutar de la noche bajo las estrellas con una cerveza en la mano. En primavera, aclara Gabi, es otra historia.

Amor de primavera

Tomás y Martina almuerzan en la feria Sin Tacc, en Barrancas de Belgrano
Tomás y Martina almuerzan en la feria Sin Tacc, en Barrancas de Belgrano. Foto: Diego Spivacow/AFV

"En primavera dan ganas de volver afuera, al aire libre, a disfrutar de la naturaleza", afirma Balan. Lucas Villalba coincide; propietario del establecimiento de repostería artesanal Moshu, decidió tomar la idea surgida en el seno de su familia de ofrecer la posibilidad de que sus comensales decidan si quieren comer dentro del local o, en días en los que el clima acompaña, en el bulevar que se encuentra con tan sólo cruzar la calle.

"Ya que el bulevar está tan lindo, podrías ofrecer picnics, me dijeron. Mucha gente viene a comprar para llevar, y a veces incluso se cruzan al bulevar o al parque [Saavedra] a disfrutarlo. Lo que hicimos fue sumar la idea de ofrecer una canasta para que lleven las cosas, un mantel y combos para 2, 4 u 8 personas para desayunar, almorzar o merendar como en un picnic de los de antes. No es lo mismo desayunar en el local: los chicos, que tienden a ponerse inquietos sentados, pueden jugar al aire libre mientras sus papás también disfrutan", cuenta Lucas, que reconoce que se trata de un plan que depende en un 100% del clima: "Ahora empieza la buena época", asegura.

Ese espíritu primaveral es el que también hace de los meses que nos separan de fin de año una temporada de festivales gastronómicos y culturales que toman diferentes espacios abiertos, para proponer revisitarlos con propósitos diferentes a los que supone la rutina cotidiana. El fin de semana pasado, por ejemplo, las Barrancas de Belgrano fueron el escenario de una nueva edición de Sin TACC, la feria callejera e itinerante dedicada a los alimentos aptos para celíacos. Allí acudieron el sábado al mediodía Martina Samra y su novio Tomás Dreizzen, en plan de picnic primaveral.

"Estas ferias al aire libre reúnen varias cosas que me gustan: salir a comer, probar cosas distintas y disfrutar del aire libre", cuenta Martina, abogada de 26 años, con un crepe de Bon Bouquete en la mano, mientras su novio apura una hamburguesa de Trixie. "Es una buena opción que encuentro para salir un poco del edificio si uno no tiene parque ni tiene club donde ir, y si no quiere tampoco ir muy lejos. Uno viene, pasea, come algo, compra algún producto, toma sol y pasa un buen rato, algo muy distinto a ir a un restaurante donde te sentás, ordenás el plato, comés, pagás y te vas".

La agenda de ferias gastronómicas que apuestan al cielo abierto estalla en octubre, noviembre y diciembre. Ya un clásico, Masticar ofrece su edición de primavera del 9 al 12 de noviembre, nuevamente en el predio de El Dorrego (y áreas circundantes), en Palermo. "La feria sigue creciendo: el Mercado, bajo techo, y la oferta gastronómica con más de 50 restaurantes afuera, con novedades como Leandro "Lele" Cristóbal de Café San Juan, Christina Sunae de Sunae Asian Cantina, Mauro Colagreco con su hamburguesería Carne, Gastón Acurio con Tanta y el restaurante asiático Una canción coreana como invitados -cuenta Ernesto Lanusse, integrante de Acelga, asociación que organiza la feria-. Si el clima nos acompaña habrá mucho espacio para disfrutar al aire libre; y sino, también, ya que es una locura lo que vimos en algunos días de frío y lluvia, en los que la gente igual estaba afuera comiendo o haciendo la cola en los puestos con una sonrisa".

Para Ernesto, este tipo de festivales gastronómicos están reformulando ciertas costumbres porteñas. "En las primeras ediciones, uno encontraba cierta resistencia ante la idea de que si venías a una feria a comer ostras con champagne no lo hicieras siendo atendido por un camarero y en una mesa; hoy ya se instaló esta idea de venir a comer un plato de restaurantes como Chila o Tegui, pero en una mesa compartida y en un espacio abierto. Creo que está cambiando la forma de disfrute".

"Hay una gran necesidad de volver a los espacios públicos", coincide Diego García Tedesco, chef que participa de Masticar y también del festival Bocas Abiertas, cuya próxima edición se realizará del 26 al 29 de octubre en el Centro Municipal de Exposiciones de San Isidro. "Lo que vemos en Bocas Abiertas, por ejemplo, es que la gente se encuentra contenida en esos espacios con los vecinos, con los amigos, cosa que dejó de suceder, aunque hay una gran necesidad en todas partes de que esta posibilidad de encuentro al aire libre vuelva a ocurrir", agrega Diego, que destaca el espíritu de fiesta familiar de estos eventos.

"Cada vez hay más necesidad de estos espacios, la gente lo está pidiendo y lo está aceptando", concluye. Basta ver el crecimiento exponencial de las ferias gastronómicas y culturales -y del número de sus asistentes- para dar crédito a sus palabras. Masticar, por ejemplo, reunió a 50.000 personas en su primera edición en 2012; en la edición de otoño de 2017, fueron 130.000.

La noche en blanco

El sábado pasado, 1000 personas fueron a Le Dîner en Blanc, en Puerto Madero
El sábado pasado, 1000 personas fueron a Le Dîner en Blanc, en Puerto Madero. Foto: LA NACION / Paula Salischiker

El espíritu primaveral es también el que se respira -a pesar del viento fresco que corre ahora, ante la caída del sol- en este upgrade de picnic urbano, que en un rato desembocará en un baile que se podría comparar con el de la más lujosa noche de fiesta. Pero todavía es el momento de la entrada, de la organización de las mesas y de la sorpresa: los contigentes de personas vestidas de blanco circulan por el bulevar Juana Manso, en Puerto Madero, para llegar al lugar hasta ahora no revelado en el que se realiza la primera edición de Le Dîner en Blanc. Los transeúntes preguntan si se trata de un casamiento o qué, al ver desfilar hombres y mujeres con trajes y vestidos blancos, llevando muchos de ellos coquetas canastas, mesas y sillas plegables.

"El evento busca generar, una vez al año, una ocasión distinta en donde amigos puedan reunirse en un lugar secreto y con un formato tipo picnic urbano", explica Nicolás Francisquelo, uno de los anfitriones de la primera edición de Le Dîner en Blanc de Buenos Aires, que se realizó en el predio comprendido entre las calles Juana Manso, Martha Salotti y Petrona Eyle, frente al dique 2 de Puerto Madero. "Obviamente con una rica comida, buena bebida y el evento, pero lo que prevalece es la idea de compartir y brindar el marco para que la gente se conozca, ya que aquí se reúnen amigos, y amigos de amigos", agrega.

"Es muy divertida la idea de venir a un lugar secreto y que cada uno traiga sus cosas para armar un picnic", asegura Cecilia Roca, mientras sirve cuatro copas de vino rosado. Ella y sus amigas Constanza Tassara, María Rauddi e Isabel Caldararo comparten dos de las mesas de la fila F 16, de Le Dîner en Blanc; fueron de las primeras en ingresar al predio y ya han dispuesto la vajilla, la comida y la bebida, e incluso han encendido las velas que han traído, cuya luz se refleja ahora en las copas.

"Aunque ofrecíamos la posibilidad de comprar online la comida y retirarla directamente en el evento, más de la mitad de los asistentes se prendió con la idea de traer su comida como lo hace todo aquel que asiste a un picnic -agrega Nicolás-. Incluso se notó cómo muchos de los participantes del evento le pusieron tiempo y ganas a la ambientación de sus mesas, para que tuvieran un adorno, flores. La participación de la gente superó las expectativas", dice y detalla que ya se encuentra trabajando en la organización de una próxima edición para el año próximo, también en primavera.

La consigna se ha cumplido: un picnic urbano que permita revisitar un lugar de la ciudad por el que uno transita habitualmente. Detrás del evento, agrega Nicolás, "lo que está latente es el juntarse; no tanta amistad digital, sino compartir y participar de un picnic. Para que salga bien tenés que involucrarte en ver qué llevás, cómo te vestís".

La fiesta terminará relativamente temprano, porque el viaje de vuelta implica volver en buses que devolverán a los asistentes a los puntos de encuentro iniciales (aquellos de los que se partió a la tarde hacia el lugar secreto). Al día siguiente, domingo, la ciudad despertará con un sol que invita a salir.

La opción de la comida informal al aire libre como plan de disfrute y de encuentro, caída antaño en desgracia por distintos motivos, comienza a aflorar de nuevo, fomentada por festivales gastronómicos y otras propuestas que abrevan en el espíritu foodie, siempre listo para resurgir. ¡Larga vida al picnic!.

Producción de Lila Bendersky

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