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Cáncer de mama: "Las ganas de vivir te ayudan a sacar fuerzas de donde sea"

Giselle es periodista, tardó un año en llevarle su mamografía al médico y enterarse que estaba enferma; por eso repite una y otra vez que es fundamental que las mujeres cumplan con sus controles médicos

Jueves 19 de octubre de 2017 • 13:29
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Nos abre la puerta de su departamento en pleno Palermo y se la ve espléndida en un vestido azul; sonríe y nos invita a pasar al living. Giselle es periodista, trabaja en El Cronista y sobrevivió a un cáncer de mama que le diagnosticaron en el año 2011. Le gusta hablar del tema y refuerza varias veces que la información es un pilar fundamental para la prevención de la enfermedad. "Yo cometí la torpeza de hacerme la mamografía de control y tardar un año en llevar el resultado a mi ginecóloga. '¡Sos periodista, cómo vas a hacer eso!', me retó. Y así me fui, shockeada, con una noticia que fue una bomba".

"Lloré una semana, lloré la segunda y la tercera dije. basta. Yo no puedo llorar más porque tengo que estar bien para afrontar esto", recuerda Giselle.
"Lloré una semana, lloré la segunda y la tercera dije. basta. Yo no puedo llorar más porque tengo que estar bien para afrontar esto", recuerda Giselle.. Foto: Juana Mauri

Lo primero que se preguntó fue si le iban a sacar la teta. "Pensar en una mutilación me daba miedo". Finalmente, solo le quitaron el tumor y le quedó una pequeña cicatriz, que muestra con una mezcla de orgullo y alivio. Giselle es, sobre todo, una persona optimista. Siguió trabajando durante todoel proceso de la quimioterapia; en ese entonces no estaba en pareja y no tenía (ni tiene) hijos, por lo que el camino transitado fue junto a sus padres y su hermana. "Lloré una semana, lloré la segunda y la tercera dije. basta. Yo no puedo llorar más porque tengo que estar bien para afrontar esto. Mi médico psiquiatra fue otro pilar fundamental, en el que me apoyé durante todo el tratamiento", recuerda.

Para Giselle, otra de las cosas que cambian son los vínculos, dice que algunos se pierden y otros se potencian. "Volví a ser más hija que nunca. En la época de la quimio me iba hasta Quilmes, donde viven mis papás, y me quedaba a comer y a dormir. A los 42 años, mi papá se iba a otra piecita y yo dormía con mi mamá. Era una necesidad de volver a la cueva, como un pájaro herido que regresa a su refugio".

La terapia también fue clave para mantenerse entera y anímicamente estable: iba dos veces por semana al psicólogo, y como ella no podía pagarlo, el profesional le cobraba solo una. Las amigas que acompañaron en ese entonces son las que todavía están, pero hubo otras que quedaron en el camino. Una de las cosas que más le impactó fue la estigmatización de algunas personas de su entorno. "Los pares tienen miedo, porque uno se transforma en un espejo de lo que el otro no quiere ser. Entonces surge el 'vos hiciste algo. O vos comiste mal. O vos sufriste mucho'. Que la gente te responsabilice es muy fuerte y doloroso".

Giselle insiste en que cada experiencia es única, y que lo que le sirvió a ella quizás no le sirva a otra persona. "No hay una receta para sobrellevar algo como esto, pero sí quiero dejar claro que lo más importante es hacerse la mamografía. Y sobre todo, tener ganas de vivir. Las ganas de vivir te ayudan a sacar fuerzas de donde sea".

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