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La inesperada alumna de Durán Barba

Domingo 15 de octubre de 2017
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Habiendo tenido ya un resultado plebiscitario en las PASO (50,13% de los votos en la Capital Federal) que, por lo que todos piensan y las encuestadoras miden, se ensancharía aún más en las elecciones legislativas del próximo domingo, Elisa Carrió quebró la regla de oro en la Argentina de que quien es favorito para una elección no suele conceder un debate público a los demás competidores.

Desde antes de los comicios de agosto la "arquitecta" de Cambiemos ya había fijado posición positiva al respecto. Y la honró con su presencia el miércoles último al asistir al programa A dos veces, de TN, para debatir como una más con los otros candidatos en la Ciudad a pesar de que los aventaja por varios cuerpos (sólo falló a la cita Luis Zamora, quien mantiene un viejo enojo con Marcelo Bonelli, uno de los dos conductores de ese ciclo).

Habla muy bien de la primera candidata a diputada porteña por Vamos Juntos porque le habría resultado fácil deshacerse de ese delicado compromiso. Sin embargo, también hay que decir que no fue una de sus mejores actuaciones, aunque igual le alcanzó para sostener su protagonismo.

Por momentos levemente disfónica -debería dejar de fumar de una buena vez-, algo dispersa, con tendencia a interrumpir, aburrirse y a saltearse las reglas fijadas para el debate, tuvo algunas intervenciones no tan redondas y no siempre al responder se ajustó a las consignas dadas.

Su momento más polémico fue cuando ante la insistencia del candidato de la izquierda, Marcelo Ramal, dijo que había un 20% de posibilidades de que Santiago Maldonado estuviese en Chile retenido por el "RIM". ¿De dónde sacó ese porcentaje? El 80% restante, ¿representaría a la Gendarmería o a quiénes? Y el RIM, aclarémoslo, son las siglas del Regimiento de Infantería de Montaña. Carrió había querido referirse al RAM (Resistencia Ancestral Mapuche), un error que alguien de su altísimo nivel en la cúpula de Cambiemos no debería permitirse porque puede interpretarse como otro síntoma del interés relativo que el Gobierno le pone al caso. En días posteriores aclaró que era una "intuición", que espera "con fe enorme que esté con vida" y hasta se disculpó.

Fuera de esta polémica puntual, Carrió se adaptó con gusto al modo zen adoptado por la campaña oficialista, que hizo que sus habituales embestidas (inclusive hacia adentro del propio Gobierno) quedaran por el momento de lado. Tal vez esa estrategia terminó por distenderla más de la cuenta.

Paradójico triunfo del estratega comunicacional de Cambiemos, Jaime Durán Barba, al que Lilita le tiene público fastidio, pero que, de todos modos, ha logrado imponerle la gestualidad que sobrevuela por encima de las palabras a la campaña oficialista. Vemos a Carrió en gigantografías callejeras abrazando, besando a distintas personas y sonriendo, carteles cuyos textos prometen genéricamente más salud, más seguridad y más diálogo. En algunos de esos registros felices, suman sonrisas María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta (con los que comparte sesiones públicas de Facebook). Y en los avisos radiales o televisivos reparte escuetas y previsibles promesas de mayor bienestar con voz sedada. Daniel Filmus, en cambio, en sus cortos subraya que está en contra del "gobierno de Macri y de Carrió", un pegoteado rendidor a los oídos del votante K, aunque lejos de la realidad porque la doctora no ocupa ningún cargo ejecutivo.

En esta fase electoral, Lilita invirtió roles con su par provincial, Cristina Kirchner. En tanto que Carrió sólo abre la boca lo indispensable y se cuida de no ofuscarse como suele hacer en otros contextos, la ex presidenta se prodiga intensamente como nunca y verborrágica en todos los formatos (entrevistas, conferencia de prensa, actos y recorridas). Pura ganancia para el Gobierno, maximizada cuando se revela que la persona que atacó con huevos a la comitiva presidencial es simpatizante de esa parcialidad política.

Esta Lilita que habla menos y posa más -al debate se presentó luciendo coquetos anteojos de armazón naranja (¿irán juntos con Jorge Lanata a comprar lentes colorinches?)-, sin embargo, tuvo sus momentos "letales", esos en los que combina explosiva y como nadie el humor mordaz con la crítica filosa.

"Son divinos, lástima que no sirven para nada", opinó sobre la izquierda. O cuando se dirigió con cero humor a su viejo compañero de ruta, ahora distanciado y compitiendo contra ella, Martín Losteau y le espetó: "No sos confiable". También fue feroz con Filmus: "¿Cómo te juntás con los delincuentes que robaron el país?" Y al pobre Matías Tombolini lo hundió con su ninguneo. "Me tildé", reconoció y enseguida fusiló verbalmente a su jefe, Sergio Massa.

Horas más tarde, a partir de una aplicación desarrollada por LA NACION, se conoció el ranking de inasistencias en el Congreso. Aunque el PJ no kirchnerista encabeza las inasistencias seguido por los legisladores K, en tanto que Cambiemos y la izquierda ostentan los mejores promedios de presencias, en las performances individuales, Elisa Carrió figura tercera, con el 69,16% de faltazos sobre el total de sesiones. Atención.

Resta saber cómo hará sentir hacia adentro del Gobierno su poder fortalecido en las urnas. Una verdadera incógnita.

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