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"El hambre no es una enfermedad incurable", advirtió el Papa

Francisco urgió a superar guerras y cambios climáticos para garantizar el derecho de todos a alimentarse, en una visita a la sede de la FAO, la organización para la Agricultura y la Alimentación de Naciones Unidas

Lunes 16 de octubre de 2017 • 07:40
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LA NACION
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Francisco, junto a la escultura de Aylan Kurdi, el niño sirio que apareció muerto en una playa de Turquía en 2015
Francisco, junto a la escultura de Aylan Kurdi, el niño sirio que apareció muerto en una playa de Turquía en 2015. Foto: Reuters

ROMA.- "Está claro que las guerras y los cambios climáticos ocasionan el hambre, evitemos pues presentarla como una enfermedad incurable". En su segunda visita a la sede de la FAO, la organización para la Agricultura y la Alimentación de Naciones Unidas en ocasión de la celebración de la Jornada mundial de la Alimentación, dedicada este año al tema "cambiar el futuro de la migración", Francisco volvió hoy a pronunciar un discurso fuerte, en el que urgió a la comunidad internacional a actuar para que no haya más víctimas de desnutrición, guerras y cambios climáticos.

En una estocada al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el Papa lamentó que "por desgracia, algunos se están alejando del Acuerdo de París". Este pacto para frenar el cambio climático fue firmado en diciembre de 2015 en París por 195 países, pero fue abandonado en junio pasado por Estados Unidos, primera potencia mundial.

En su segunda visita a la FAO, donde había estado en 2014, Francisco llevó de regalo una escultura de mármol que representa a Aylan Kurdi, el niño sirio que apareció muerto en una playa de Turquía en septiembre de 2015. Realizada por el artista italiano Luigi Prevedel, esa imagen se transformó en el símbolo de la tragedia de las migraciones. "En el mundo hay hoy 740 millones de migrantes, un número nunca tan alto. Ellos representan un desafío al que estamos llamados a responder en modo ordenado y justo", dijo el director general de la FAO, el brasileño José Graziano da Silva, al recibir al Papa.

Francisco, un papa que puso al centro de su pontificado a los pobres y a los refugiados, advirtió que, en el panorama actual, "lo que está en juego es la credibilidad de todo el sistema internacional". Luego de destacar que las guerras y los cambios climáticos están en la raíz del problema del hambre y las migraciones, recordó que el derecho internacional indica los medios para prevenir o resolver los conflictos. "¿De qué vale denunciar que a causa de los conflictos millones de personas sean víctimas del hambre y de la desnutrición, si no se actúa eficazmente en aras de la paz y el desarme?", preguntó. Lo escuchaban, en la sala plenaria de la FAO, no sólo diplomáticos, representantes de los Estados miembros de la organización, entre los cuales la Argentina, sino también los ministros de Agricultura del G7, que concluyeron aquí una cumbre.

"Frente al aumento de la demanda de alimentos es preciso que los frutos de la tierra estén a disposición de todos", también dijo el Papa, que destacó que "para algunos, bastaría con disminuir el número de las bocas que alimentar y de esta manera se resolvería el problema". "Pero esta es una falsa solución si se tiene en cuenta el nivel de desperdicio de comida y los modelos de consumo que malgastan tantos recursos. Reducir es fácil, compartir, en cambio, implica una conversión, y esto es exigente", indicó.

La categoría del amor

Acto seguido, sorprendió con una propuesta: "¿Sería exagerado introducir en el lenguaje de la cooperación internacional la categoría del amor, conjugada como gratuidad, igualdad de trato, solidaridad, cultura del don, fraternidad, misericordia? Estas palabras expresan, efectivamente, el contenido práctico del término «humanitario», tan usado en la actividad internacional". "Amar a los hermanos, tomando la iniciativa, sin esperar a ser correspondidos, es el principio evangélico que encuentra también expresión en muchas culturas y religiones, convirtiéndose en principio de humanidad en el lenguaje de las relaciones internacionales", recordó.

Al referirse al fenómeno de las migraciones, un tema cada vez más candente en Europa y sobre todo en Italia, principal receptora de desesperados, el Papa advirtió que las cientos de miles de personas que se desplazan, dispuestas a arriesgarlo todo, "no podrán ser detenidas por barreras físicas, económicas, legislativas, ideológicas". "Sólo una aplicación coherente del principio de humanidad lo puede conseguir", aseguró.

"Prestemos oído al grito de tantos hermanos nuestros marginados y excluidos: «Tengo hambre, soy extranjero, estoy desnudo, enfermo, recluido en un campo de refugiados». Es una petición de justicia, no una súplica o una llamada de emergencia", pidió. "El yugo de la miseria generado por los desplazamientos muchas veces trágicos de los emigrantes puede ser eliminado mediante una prevención consistente en proyectos de desarrollo que creen trabajo y capacidad de respuesta a las crisis medioambientales", indicó. "La prevención cuesta mucho menos que los efectos provocados por la degradación de las tierras o la contaminación de las aguas, flagelos que azotan las zonas neurálgicas del planeta, en donde la pobreza es la única ley, las enfermedades aumentan y la esperanza de vida disminuye", advirtió.

Al elogiar, finalmente, las muchas iniciativas puestas en marcha por la FAO, Francisco destacó que, sin embargo, no bastan. "Urge la necesidad de seguir impulsando nuevas acciones y financiando programas que combatan el hambre y la miseria estructural con más eficacia y esperanzas de éxito", dijo.

Al finalizar su discurso, que pronunció en español, su idioma, todos los presentes se pusieron de pie para aplaudirlo durante varios minutos.

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