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Correr descalza la ayudó a superar sus problemas en las rodillas y no abandonar las carreras

A Leslie Slater los médicos le habían dicho que tenía que dejar definitivamente el running; pero un libro inspirador le mostró el camino para seguir sus sueños y no dejar nunca de moverse

Lunes 16 de octubre de 2017 • 20:23
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PARA LA NACION
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Leslie en la Marathon des Sables (Maratón de las Arenas) en Marruecos, edición 2015
Leslie en la Marathon des Sables (Maratón de las Arenas) en Marruecos, edición 2015.

"Tengo que hacer algo por mi cuerpo o voy a llegar a los 50 hecha un desastre", pensó Leslie Slater (51) el día en que su hijo empezó el jardín de infantes y una etapa de su maternidad llegaba a su final. Tenía entonces 39 años, algunos kilos de más que le habían quedado de su embarazo y una sensación de incomodidad con su cuerpo que la llevaba a sentirse frustrada consigo misma. No era especialmente una mujer amante de la vida al aire libre ni había hecho demasiada actividad física a lo largo de sus cuatro décadas y mucho menos algo que tuviera que ver con la disciplina deportiva. Entonces decidió empezar a correr, "solamente con el objetivo de adelgazar y de hacer algo por mí", recuerda quien hoy es mamá de dos chicos y azafata de Air France.

Empezó a correr con zapatillas, como todo el mundo, desde luego. Y, como les sucede a muchos corredores, también a ella le surgieron algunos problemas de rodillas que generaban inflamación, dolor y la obligaban a suspender la actividad hasta que el problema cediera. "Usted ya no puede correr, tiene que dejar el running, busque otro deporte", le dijeron diferentes especialistas. Leslie sintió que su mundo se desmoronaba; por fin había encontrado una actividad que la llenaba de satisfacciones y ahora su cuerpo le pasaba factura. Pero el destino quiso que su historia tuviera un giro especial y la puso frente al libro Born to Run (Nacidos para correr), de Christopher McDougall, convertido hoy en best-seller y que recoge historias reales sobre running, especialmente sobre personas que corren mucho en condiciones extremas, con muy poco equipamiento, sin todos los accesorios que tenemos hoy. "Eeste libro me gustó mucho, había personajes totalmente atípicos, un poco locos, que corren como máquinas. Me interesó el espacio dedicado a los ultracorredores (los que corren ultramaratones) porque corren con un mínimo de accesorios en sus pies. Es que los verdaderos corredores, como el caso de los keniatas, entre otros, corren con lo mínimo, y son los mejores. Después, incorporan zapatillas, por supuesto, pero empiezan con lo mínimo", relata Leslie.

Nacidos para correr fue una fuente de información e inspiración sorprendente para la azafata. Aprendió que la pisada y la biomecánica son diferentes cuando se corre sin amortiguación. Las cartas estaban echadas y, como no tenía más que dolor en sus rodillas y nada nuevo que perder, dio el gran paso. "Me compré unos guantes de pie. ¡Son muy feos! Y me acostumbré a ese calzado. Al principio me lesioné, es lo que pasa siempre. Por más músculos que tengas, siempre te lesionás cuando no estás acostumbrado, porque el esfuerzo es totalmente diferente. Hay que empezar muy lentamente, con mucha paciencia, cosa que no hace nadie (todo el mundo se tira de cabeza y se lesiona). Bueno, hice la transición y corrí con guantes durante mucho tiempo. En algunos casos totalmente descalza, cuando el terreno era fácil y no necesitaba hacer velocidad", recuerda la francesa.

Leslie describe como liberadora la sensación de desplazarse descalzo para un corredor al que le gusten las experiencias diferentes. "Despegás enseguida porque es un calzado liviano. El problema es que tu cuerpo al principio no está preparado. Requiere otra forma de poner las piernas, y de usar los huesos. Con frecuencia se ven fracturas por cansancio. Pienso que a la mayoría de la gente, incluso a los corredores bien entrenados y con músculos fuertes, les debe llevar unos seis meses hacer la transición. Sin embargo, una vez que superás esos primeros momentos tenés gemelos de acero, y no vas a tener más esguinces de tobillo. Yo no corro rápido, pero no tuve más problemas, ya no me lesioné, mi cuerpo se acostumbró", explica.

Zapatero a tus zapatos

Paso a paso, así fue el recorrido que Leslie transitó en la aventura de correr descalza. Hasta que un buen día tomó coraje y se inscribió en una carrera bastante particular, en el desierto de Marruecos, donde había arena. Sabía que la arena se iba a meter en los guantes y que eso podía lastimar sus pies. Necesitaba armar un plan alternativo para poder correr con lo mínimo, como estaba acostumbrada y, a la vez, cuidar sus pies que, contra todos los pronósticos, tan lejos la habían llevado.

Tomó contacto con uno de los personajes principales de Nacidos para correr, fabricante de las sandalias "Lunas", especialmente pensadas para la disciplina -inspiradas en la tribu Tarahumara de México- y con esa elección llegó un nuevo cambio en su andar. "Hice la prueba con sus sandalias y al final de la carrera tenía los pies perfectos. No soy una corredora particularmente rápida. Las sandalias me resultaron muy cómodas, la pisada me vino bien, mis pies se acostumbraron, y a partir de ese momento no volví atrás. ¡El problema es que ahora estoy en el otro extremo y ahora ya no puedo correr con zapatillas! Necesito que las suelas sean muy blandas, mucho espacio para los dedos del pie y que el calzado no tenga amortiguación", explica esta deportista diferente que este domingo formó parte de los más de 10 mil corredores que se inscribieron para los 42k de la Ciudad de Buenos Aires.

Por supuesto, corrió los 42k fiel a su estilo, con sus sandalias y una sonrisa de oreja a oreja. "Correr totalmente descalza 42k sobre el asfalto no me hace bien. A veces corro totalmente descalza, por ejemplo el Marathon du Médoc, porque lo hago con un amigo que está completamente loco, que corre con una torre Eiffel en la cabeza. Me viene bien porque entreno los pies. Pero si no, corro con las sandalias, porque si quiero hacer un poquito de velocidad, y sobre todo un maratón en una ciudad, donde hay que fijarse bien dónde uno pone los pies, es mejor con las sandalias", asegura.

Leslie y su amigo Michel Bach, ella descalza, él con su querida Torre Eiffel
Leslie y su amigo Michel Bach, ella descalza, él con su querida Torre Eiffel.

En el "paisaje" de las carreras, Leslie es una rara avis. Porque entre tanta tecnología aplicada al calzado y donde los colores llaman la atención, sus sandalias sencillas y que dejan sus pies al descubierto generan reacciones de todo tipo. "La gente hace comentarios. ¡Sobre todo los hombres! Son los que te dicen eso es malo para la espalda. Depende del día, a veces les digo gracias, tiene razón, otras veces me enojo un poco. Una vez vino un señor con una gran barriga y un cigarrilo en la mano a explicarme que lo que yo hacía era malo para la salud. Otras veces les digo que no tengo plata para comprarme zapatillas. Depende de mi ánimo del día (risas). Otros me preguntan si no me duele. Lógicamente, si me doliera, ¡no lo haría! Las mujeres me parece que son más abiertas, me vienen a preguntar porqué corro descalza y les explico que así evito lesiones", dice.

Correr para volar

No es la primera vez que Leslie cubre una distancia de esta envergadura. Ya corrió tres veces el maratón de París y asegura que la primera vez fue como un viaje a un lugar donde nunca antes había estado. "Nunca fuiste tan lejos corriendo, entonces necesariamente te enfrentás con el muro. El muro es a partir de los 32, 33km. Tu cuerpo te dice, sobre todo tus muslos, ¿qué está pasando? ¿¡por qué estás haciendo esto?!. Y después, terminás, estás muy contento", dice la azafata y aclara que corre para complementar sus horas de vuelo con el entrenamiento que las carreras le ofrecen. "No hay nada mejor que la actividad aeróbica para nuestra actividad, yo diría que es indispensable. Te sentís menos cansada cuando llegás, te sentís mejor durante los viajes. Nos los dicen los médicos de la empresa. Es un trabajo que necesita deporte. SI no hacés deporte, lo podés sufrir mucho en cansancio, los contrastes frío-calor, la presurización de la cabina, etc. Si tenés un buen estado físico, lo vivís mucho mejor. Es realmente el secreto a largo plazo para los que trabajamos en vuelos de largo recorrido", confiesa la azafata.

A la izquierda, Christine Nougier, colega de Air France y compañera de running de Leslie Slater. A la derecha: Leslie con su medalla de los 42k antes de partir rumbo a su Francia natal
A la izquierda, Christine Nougier, colega de Air France y compañera de running de Leslie Slater. A la derecha: Leslie con su medalla de los 42k antes de partir rumbo a su Francia natal.

Euforia, ansiedad, tristeza. Leslie asegura que correr es como la vida misma y que completar una carrera es una experiencia bastante parecida a lo que atraviesan las mujeres en el momento del parto. "Lo preparás, lo esperás, llega, lo hacés, sufrís, llorás, es horrible, y cuando termina estás super contenta. ¡Eso es una carrera! ¡París tu carrera! ¡Y después tenés una depresión post-parto! Porque, una vez que terminó, lo dejaste atrás, lo esperaste tanto, estaba ahí, en tu horizonte, y lo sufriste, y lloraste, y después tuviste esa euforia. y después te olvidás enseguida del dolor! Mientras lo hacés pensás ¿por qué estoy haciendo esto? Yo no puedo hacer esto. Y después, cuando terminás, ya estás buscando tu próxima carrera!", explica con una sonrisa y la medalla de finisher de los 42k colgada con orgullo en su cuello.

Para Leslie correr es una forma de conocerse, de ir al fondo de uno mismo. "Pienso que vivimos en un mundo cada vez más complicado, artificial. Pero en la carrera, estás frente a vos mismo. Te da confianza en vos mismo, aprendés cosas, a veces los pensamientos decantan en tu cabeza. También está el hecho de que correr brinda una buena relación calidad precio para el cuerpo y la salud. Dicen que es algo extremo, pero yo no estoy de acuerdo, pienso que el cuerpo puede hacer muchas cosas. Si uno respeta el cuerpo, se pueden hacer cosas extraordinarias. Uno aprende mucho sobre uno mismo. Es el gusto del esfuerzo, de ir más lejos de lo que uno piensa que puede hacer", dice con seguridad.

Si viviste alguna una experiencia que mejoró tu bienestar y calidad de vida (puede ser médica, alimenticia, deportiva, un viaje, sentimental, profesional, lo que sea) y querés compartirla en esta columna, escribí a Bienestarlanacion@gmail.com con todos los datos que te pedimos acá.

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