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Tagliafico: "Sé que tengo que relajarme un poco pero quiero ser mejor en lo que hago"

El lateral del Rojo es autoexigente, proyecta irse a Europa, ya analiza los partidos como futuro entrenador y dice: "Independiente necesita un título para levantarse totalmente"

Lunes 16 de octubre de 2017 • 20:15
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PARA LA NACION
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Foto: LA NACION / Mauro Alfieri

Lejos del prototipo estético del futbolista moderno, Nicolás Tagliafico (Rafael Calzada, 1992) es la representación más pura del estilo clásico. En cierto modo es un deportista que ruge a contramano del ruido, lo más parecido a un león domesticado. El lateral izquierdo de Independiente, con pasos cortos pero enérgicos, ha logrado construir una carrera en base a tres columnas esenciales: el sacrificio, el aprendizaje y la rutina como método de superación. Si no cuesta, para él, parece, no vale tanto. "A veces se hace difícil ser tan disciplinado y estricto, pero si uno quiere llegar lejos, creo, hay que insistir por ese camino. Está bueno disfrutar de los momentos positivos, pero a mí me cuesta hacerlo: soy bastante autoexigente y trato de pensar siempre en lo que viene, en lo que falta", dice Tagliafico, un perfeccionista de 25 años que sueña con ir al próximo Mundial y que tiene una certeza: cuando se retire, será entrenador. Antes tiene dos objetivos inmediatos: ganar un título con el Rojo y regresar al fútbol europeo. La liga inglesa -"por su dinámica"- y la alemana -"por la disciplina táctica y estratégica"- son sus faros.

-Tus compañeros dicen que sos un veterano en un cuerpo de una persona de 25 años. ¿Te sentís así?

-Sí, es verdad. Por momentos me siento así, una persona más grande en un cuerpo de alguien más joven. Incluso me pasaba cuando era más chico. Tenía 19, 20, 21 años y hacía cosas muy profesionales para la edad. Pasa que siempre tuve las cosas claras: quiero ser el mejor en lo que hago. Sé que a veces tengo que relajarme un poco, encontrar algo de equilibrio.

-¿Disfrutás de los triunfos?

-Es complicado. Diría que me cuesta. Cuando ganamos, en vez de quedarme con la satisfacción que te genera el resultado, pienso en los errores y en lo que hay que mejorar. Analizo las cosas que hicimos mal para solucionarlas cuanto antes. Lo bueno de eso es que cuando perdemos tampoco me siento el peor. Siempre pienso en lo siguiente. Y en entrenar. Esa es la base de todo.

-¿Los Tagliafico son igual de disciplinados?

-Somos una familia recta. Pero mi disciplina también viene de mis experiencias como futbolista: de muy joven me tocó compartir planteles con gente muy grande y eso, la verdad, me marcó. Siempre fui de aprender, de ver, de escuchar. Haber estado solo en España (entre 2012 y 2013 jugó a préstamo en el Real Murcia) y vestir la camiseta de las selecciones juveniles fueron factores que también influyeron en mi personalidad. Me enseñaron a ponerme la camiseta adentro del pantalón, a estar bien vestido, a tener el pelo corto, los botines bien atados. Eso me quedó y lo fui usando en todos los aspectos de mi vida.

-¿Cómo sobrevive un jugador tan ordenado en un fútbol tan desordenado?

-No es nada fácil, pero trato de abstraerme, de hacer una burbuja para poder centrarme en mí y en el equipo.

-¿Qué no soportás del fútbol argentino?

-El desorden, la indisciplina. Eso de a poquito va cambiando, pero, como todo, va a llevar tiempo. Ahora con la Superliga por lo menos sabemos cuándo vamos a jugar. Antes ni siquiera eso. Las canchas del fútbol argentino están muy malas. Pero el problema no es sólo futbolístico: es algo cultural, social. El ejemplo más claro es el de la selección: a estos jugadores que llegaron a tres finales seguidas nunca los recordamos como que alcanzaron un lugar extraordinario, sino como que perdieron. Hace unos meses atrás se insultaba a Messi y hoy dicen que es la salvación. Somos muy resultadistas. Cada uno tiene que aportar lo suyo para que la liga argentina sea mejor pero, sobre todo, para que el país evolucione.

-¿Cómo trasladás esa firmeza al plantel?

-Con el ejemplo. Es la mejor manera de marcar un camino. Si hay que multar por llegar tarde, habrá que hacerlo. Y si hay que tenerlos rectos a los chicos, habrá que hacerlo también. Es mi manera de ser. Me eligieron como capitán y yo voy a tratar de que mi equipo sea así. Podré equivocarme o no, pero es mi personalidad. Por suerte hay una convivencia muy buena en el grupo y todos tiran para adelante. Quiero dejar algo.

-¿Qué significa ser el capitán de Independiente?

-Es un orgullo increíble. Al principio me costó asimilarlo. Tuve que dejar de pensar un poco en mí y hacerlo en los demás. Tengo que estar al tanto de cada detalle. Lo disfruto.

-¿Qué es hoy Independiente?

-Es un club muy grande que está volviendo a ser el que tiene que ser. Pero lleva tiempo. No es fácil hacer lo que hizo River, que ascendió y salió campeón de todo. Independiente necesita un título para levantarse totalmente. Si se sigue por este camino, no tengo dudas de que van a llegar las copas y el campeón de América va a volver. Hoy vienen a nuestra cancha y nos tienen respeto.

-¿Te proponés regresar al fútbol europeo?

- Durante toda mi vida me puse objetivos a corto, mediano y largo plazo. En su momento uno era llegar a primera y lo hice. Más tarde quería jugar en un grande del fútbol argentino y hoy soy el capitán de Independiente, algo que nunca pensé. Ante eso, puedo decir que tengo el objetivo de volver a Europa en algún momento. Quiero llegar y quedarme mucho tiempo allá.

-¿Qué harías si te vinieran a buscar de China?

-Ni lo pienso porque creo que a mí no me va a venir a buscar nadie de China. En esos mercados apuntan a jugadores vistosos y yo (sonríe) no lo soy. Soy un jugador de equipo. Por eso me lo saco de la cabeza. Tampoco me interesa: por suerte mi mentalidad fue la de siempre buscar exigencias deportivas y no centrarme en lo económico. Obvio que no debe ser fácil desechar una oferta de esa magnitud, donde hay tanto dinero en juego, pero lo deportivo pesa mucho.

-¿En qué jugador te inspirás?

-Ahora se retiró, pero me gustaba mucho verlo a Philipp Lahm. Un lateral versátil, dinámico, inteligente, polifuncional. Ahora, cuando veo un partido, no me enfoco sólo en los laterales: le presto atención al funcionamiento colectivo. Miro cómo funciona el equipo y en base a eso saco conclusiones para mi puesto. Analizo un partido y en relación a la táctica y la estrategia de cada club, trato de determinar cómo podría responder yo ante ese juego.

-Es evidente que cuando te retires vas a ser entrenador...

-Voy a ser entrenador. Es algo que me apasiona. Durante el último tiempo, en cuanto al aspecto futbolístico, escucho más a los técnicos que a mis compañeros. Antes, en cambio, era al revés. Hoy quiero saber más sobre cuestiones tácticas.

-¿Cuál va a ser el estilo de tus equipos?

-Me gusta la idea de posesión, de controlar el juego, de tener la pelota, de manejar cada detalle posible. Que nosotros marquemos el ritmo del partido y que mis jugadores entiendan lo que están haciendo. Tuve la suerte de ser entrenado por varios técnicos de ese estilo que me ayudaron a pensar, como La Volpe, Almeyda, Almirón, Milito, Holan. He aprendido mucho de cada uno de ellos. También de Falcioni, de Pellegrino.

-¿Cuál es el esquema táctico que más te gusta?

-No ataría a los jugadores a un esquema. Los futbolistas te marcan el dibujo. La idea es que se sientan cómodos. Si te quedás con un esquema sólo, se complica. Uno tiene que saber cambiar incluso dentro del partido. Pero si tengo que elegir, me quedo con el 4-3-3. Con ese sistema se forman muchos triángulos en el campo, algo clave para abrir los espacios y hacer fluido el funcionamiento.

-Sacando a Holan, ¿de qué entrenador aprendiste más?

-Creo que de Matías (Almeyda), en Banfield. En ese momento acababa de volver de España, jugábamos en la B Nacional, yo estaba entre los 20 y 21 años y empecé a conocer mejor el fútbol. Matías tiene una idea táctica muy bielsista, un 3-3-1-3, por lo que tuve que aprender mucho. Sacó lo mejor de mí. Ese campeonato que ganamos me marcó.

-¿Apuntás al Mundial?

-Sí, es mi gran objetivo. Sé que tengo que rendir acá, en Independiente, para que Sampaoli confíe en mí.

-¿Quién tiene la culpa de que la selección haya sufrido tanto para clasificarse?

-Todos. Los futbolistas del medio local por no exigirnos más, la dirigencia por cambiar tantas veces de técnico, los mismos técnicos por no encontrarle una solución a esto. Todos estamos involucrados. También los directivos de los clubes, que en su momento discutían para ver si cedían o no a tal o cual jugador. Es la selección argentina y tiene que ser la prioridad. Es algo que deben entender. Lo que pasó tiene que ser un punto de inflexión. Después del 1-7 con Alemania, Brasil empezó a cambiar y hoy está muy bien. Nos tiene que servir de experiencia

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