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El relato separatista gana épica cuando más lo necesitaba

Martes 17 de octubre de 2017
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MADRID.- Con la represión policial durante el referéndum del 1º de este mes, el gobierno de Mariano Rajoy perdió la batalla de la imagen.

Con el encarcelamiento, ayer, de los dos líderes de plataformas independentistas, se acerca a sufrir otra estocada. La de la existencia de "presos políticos" en un Estado miembro de la Unión Europea (UE) .

La entrada en prisión de "los dos Jordis" activó una catarata en cadena de condenas. La narrativa independentista se volvió fecunda. Hubo miles de mensajes por las redes sociales en cuestión de minutos. En ellos se hablaba con prosa inflamada y Madrid no encuentra la manera de contrarrestarla.

"Presos políticos. Los queremos de vuelta en casa. Esto es intolerable. Madrid es represión. Lucharemos por la república. Quieren encarcelar anhelos, ideas, sueños."

Una figura conocida en Buenos Aires, la periodista Pilar Rahola, fue de las primeras en reaccionar. "Felicitaciones señor [presidente de la Comisión Europea, Jean Claude] Juncker. Europa ya tiene presos políticos".

Miembros del gobierno independentista de Carles Puigdemont reaccionaban por las redes sociales en todos los idiomas. Repitieron sus consignas en inglés, francés, alemán e italiano. Además de español y catalán, por supuesto.

Escribieron a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), a gobiernos de todo el mundo, a asociaciones de derechos humanos.

"Vergüenza, vergüenza, vergüenza", clamaron. Hasta los bomberos catalanes dijeron que "no se quedarán quietos" ante el atropello.

Las cacerolas de la indignación sonaron hasta bien entrada la noche. Para hoy se convocan protestas en toda la región. Frente a tanta exteriorización, el discurso oficial de Madrid era el silencio. No había casi reacción oficial en las redes sociales.

Otra vez, la batalla de la narrativa parecía paralizada para el costado del gobierno nacional y de los principales partidos de oposición que lo secundan en esto. Ni los socialistas ni los más activos de Ciudadanos, el partido de centro, estaban anoche en la batalla dialéctica. "España es un Estado que respeta la legalidad y practica el respeto por las decisiones de la justicia", escribió alguien por las redes sociales.

Pero, por alguna razón, la narrativa nacional va por detrás de la catalana. Anoche, en las vías de comunicación que usan miles de jóvenes, los héroes eran los dos activistas encarcelados y no el gobierno de Madrid.

Hoy, muchos de esos jóvenes saldrán otra vez a la calle catalana. El nivel de agitación popular empieza a ser una cuestión clave en las 72 horas que se abren ahora en Cataluña. Es el dato que aparece en las conversaciones en bambalinas. Porque una cosa es lo que se dice delante de las cámaras y otra, cuando no hay micrófonos. Cuando eso ocurre, lo que se palpa es preocupación y mucha.

En la sede del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), en la calle Ferraz de esta capital, no está en duda la decisión de acompañar al presidente Rajoy en su respuesta a Cataluña. Pero eso no significa que no haya temor. "El artículo 155 no existe. Es un papel en blanco. No se aplicó nunca. Aunque acordemos la versión más liviana que se pueda elaborar, no se puede desechar un brote de violencia", recogió la nacion. Se habla de rechazo. De comités de resistencia popular para cualquier medida que implique una toma de control efectiva. Ni qué hablar de la anunciada disolución del Parlamento catalán.

En la teoría, la tan mentada herramienta constitucional para intervenir en una autonomía es una cosa. En la medida en que se acerca y corporiza, su forma es otra. Mucho más inquietante.

Lejos de la retórica inflamada, desde el gobernante Partido Popular se argumenta que España es un Estado donde la justicia es independiente y sus decisiones se respetan. Se insiste en que Cataluña está sufriendo. Que las empresas se van. Que hay fuga de capitales.

Que el buen gobernante no es el que provoca inestabilidad sino el que, por el contrario, es capaz de generar condiciones de previsibilidad para que las sociedades prosperen. Recuerdan que hace más de un mes que el Parlamento de Cataluña está cerrado.

Que ayer fracasó un nuevo intento para ponerlo en marcha. Que no hay quien controle al gobierno de Carles Puigdemont.

Que el contrapeso de poderes no funciona. Que la región vive en movilización permanente.

Que son más los catalanes que quieren seguir dentro de España que los que no. Que lo mejor sería ir a las urnas, con elecciones claras y verificables y que gane el mejor.

Anoche se disparó la guerra de narrativas. La de la opresión era, sin duda, la más emotiva. Un agitador de peso cuando operan ya las 72 horas que decidirán la historia inmediata de España y de Cataluña.

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