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¿Quién se come al intermediario?

Martes 17 de octubre de 2017 • 21:43
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Una nueva revolución se está gestando en el plano tecnológico, tal cual sucedió en los '90 con Internet, pero en esta ocasión la discontinuidad abarca el plano del dinero y las finanzas. Va de la mano del Bitcoin y las Fintech

Así como la web cambió radicalmente nuestro día a día, las criptomonedas y las “finanzas embebidas” (como me gusta llamar a las empresas Fintech) harán lo propio en un lapso no mayor a 10 años, revolucionando la banca y muchas industrias relacionadas con el sistema financiero para beneficio de las personas, que verán cómo se reducen los costos y el tiempo que demanda la mayoría de las operaciones. Nada muy distinto a lo que ocurre con la actividad laboral de las personas (muchas ya trabajan vía web) y los servicios que contratan a través de aplicaciones.

Como todo proceso disruptivo, esta revolución financiero-tecnológica es dinámica y sus alcances irán mutando a partir de las nuevas aplicaciones que vayan surgiendo en el camino. Por lo pronto, se puede vislumbrar un cambio fundamental: el reemplazo de los intermediarios por las nuevas tecnologías y la inútil resistencia de las empresas tradicionales a las transformaciones que imponen las Fintech y los nuevos sistemas descentralizados (Blockchain).

Para no marearse y entender mejor todo esto, comencemos viendo la Teoría de los Tres Trabajos, que detallo a continuación.

Teoría de los Tres Trabajos

¿Cuántos trabajos tenemos? Aunque solemos pensar que la respuesta correcta es uno, lo cierto es que siempre tuvimos dos y actualmente se sumó un tercero que prácticamente no percatamos.

El primer trabajo es el tradicional, aquel que nos obliga a levantarnos todos los días y que nos provee del ingreso necesario para vivir.

El segundo trabajo es el que refiere a las tareas cotidianas: llevar e ir a buscar a los chicos al colegio, cocinar, limpiar la casa, etc. Nadie nos paga por ello. Es un trabajo que hacemos para nosotros mismos y que quienes tienen ciertos recursos materiales pueden delegar en parte en otras personas con el objetivo de descansar más o concentrarse en el trabajo que les da de comer.

El tercer trabajo es el “pasivo”. Antes lo hacía otra persona. ¿De qué estamos hablando? La historia es así: a partir de las últimas innovaciones tecnologías, las empresas de la nueva economía digital se las han ingeniado para reducir aun más los costos y dejar de contratar empleados para hacer trabajar a los propios clientes, sin que estos se den cuenta. No estoy hablando de la robotización sino de algo que está pasando aquí y ahora frente a nuestras narices. Hay empresas que nos hacen trabajar para ellas sin pagarnos un centavo y encima logran que nos sintamos contentos por la tarea realizada. Vamos con los ejemplos:

Años atrás: si planificábamos un viaje al exterior, íbamos a la oficina del agente de viajes y nos sentábamos con él para que nos asesore y nos pase una cotización de vuelos, traslados, hoteles, etc.

Ahora: abrimos una aplicación con nuestro celular y nos encargamos nosotros de seleccionar cada parte del paquete. En la web encontraremos no solo la descripción del lugar que visitaremos sino también fotos y opiniones subidas gratuitamente por otros usuarios.

Años atrás: si teníamos que depositar un cheque en nuestra cuenta, íbamos al banco, nos atendía el cajero y le dábamos el cheque para que lo deposite. Aún hoy hay gente que lo hace...

Ahora: vamos al cajero automático y hacemos el depósito nosotros sin intermediación humana.

Años atrás: si necesitábamos viajar en taxi, llamábamos a una operadora que nos preguntaba dirección, teléfono y destino del viaje. Luego pasaba la información por radio a los choferes que se encontraban cerca de nuestro domicilio.

Ahora: abrimos Uber o Cabify, nos fijamos qué vehículos están cerca gracias al GPS incorporado y en un instante daremos la orden con nuestro dedo índice para que un auto venga a buscarnos. Además, conoceremos el tiempo de demora estimado y el precio de nuestro viaje.

Estos son solo algunos casos, pero hay muchísimos más: cuando subimos fotos y videos a las redes sociales para compartir con nuestros amigos y familia o con el público en general, lo que estamos haciendo es aportar contenido en forma gratuita a la plataforma de la empresa (Facebook, Instagram, Snapchat, Youtube, etc.), lo que fomentará que otras personas también pasen horas prestándole atención a las redes. Al mismo tiempo, estamos revelando nuestros gustos. Las empresas utilizan esa información para redireccionar la publicidad, con lo que atraen a más y más anunciantes que se aseguran llegar a los consumidores deseados.

¿Dónde encontramos al antiguo asesor de viajes, el cajero de banco o la amable operadora de radiotaxis? O bien están desempleados o bien se encuentran trabajando en otro lugar. ¿Y dónde está el dinero que se ahorra la empresa que deja de contratar personas/intermediarios? En la mayoría de los casos, el 80% de ese monto pasa a engrosar la rentabilidad de la firma mientras que apenas el 20% restante constituye nuestro ahorro, lo que nos deja por demás contentos.

Esto es lo que llamamos “trabajo pasivo”, cuyo plusvalor paradójicamente queda en manos de la empresa a la que le pagamos por sus bienes o servicios.

Fintech, Blockchain y la puja por “la torta” del intermediario

Cuando todo parecía indicar que, una vez más, serían los consumidores los que “pagarían el pato”, un grupo de cyberpunks expertos en encriptación crearon en el año 2009 el Bitcoin y con ello la Blockchain, que es la tecnología que permite correr a esta criptomoneda y que tiene muchos más usos. En su esencia hay un sistema descentralizado que tiene la capacidad de convertir un pasivo (la casa, el auto) en un activo. A diferencia de aplicaciones que también logran esa conversión, como Uber o Airbnb, este sistema te paga por usar tu computadora para crear nuevos bitcoins (a esto se le llama “minar” bitcoins) y monitorear y confirmar transferencias que hacen otros usuarios. Todo esto ocurre sin la intervención de ningún sistema centralizado (bancos centrales u organismos gubernamentales) y crece a pasos tan agigantados que quizás en un futuro cercano las empresas paguen con criptomenedas por el trabajo pasivo, no porque quieran sino porque no les quedará otra ante la competencia de las nuevas tecnologías.

Por lo pronto, en el mercado de ICOs (Oferta Inicial de Monedas), distintas starups que trabajan sobre Blockchain están logrando financiar sus proyectos a través de la emisión de criptomonedas que compran con dólares los inversores. En estas emisiones no hay organismos interventores. Además, son veloces y resultan muy eficientes. ¿Será esta la Bolsa del futuro? Difícil saberlo. Lo cierto es que la lógica comercial de Uber y Airbnb podría resultar anticuada dentro de muy poco tiempo. De a poco surgen las DAOs (Organizaciones Autónomas Descentralizadas) que planean ofrecer servicios como el de Uber pero donde los propios choferes son accionistas de las firmas, con lo que recibirán un ingreso por su labor y los dividendos que reparta la compañía a partir de sus ganancias.

Conclusión

¿Significa entonces que en un futuro todos los sistemas serán descentralizados? Hay nichos de mercado que difícilmente puedan descentralizarse, pero muchos otros sí, en especial los que hoy gozan de una posición monopólica u oligopólica y brindan un servicio deficiente a precios relativamente altos.

El Blockchain y las Fintech irán por todas las intermediaciones que quedan y que no agregan valor real al producto o servicio.

Nos toca vivir una era extraordinaria. Grandes cambios se avecinan y lo importante , como sostuve en otras ocasiones, es seguir con atención cada paso que dan las nuevas tecnologías. Será por nuestro bien y el de nuestras finanzas personales.

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