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Un Gallardo con más ideas ofensivas que intérpretes

Lunes 16 de octubre de 2017 • 21:44
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Foto: Archivo

River empezó la actual Copa Libertadores con Driussi y Alario, dos argumentos ofensivos de peso para sostener el reposicionamiento internacional del club desde que lo dirige Gallardo. En vísperas de las semifinales ante Lanús, terminará en la competencia con Scocco (32 años), a quien fue a buscar de apuro, y sin Cvitanich, a quien también intentó contratar contrarreloj y sin que su generosa oferta (cuatro millones de dólares más el pase Bertolo) por un atacante de 33 años lograra conmover a Banfield.

La incorporación de Alario a mediados de 2015 fue un hallazgo con rédito futbolístico inmediato para cubrir la repentina salida del imprevisible Teo Gutiérrez.

La del ataque es la línea en que River desde hace tiempo anda más justo. Casi que vive un proceso inverso a lo que marca su historia. El club que dio a la luz a la Máquina, quinteto de fama mundial –en Europa fue analizada por varias publicaciones– que contribuyó a identificar la cultura futbolística de un país, tiene más facilidades y variantes para armar la defensa que para presentar una delantera temible. Si River hubiera formado y promovido en los últimos años tantos atacantes como zagueros centrales (González Pírez, Ramiro Funes Mori, Álvarez Balanta, Mammana, Pezzella; ahora, Martínez Quarta y Montiel) no habría tenido la necesidad de salir al mercado con las urgencias y desesperación que lo hace. Ahí surge un déficit imputable a las divisiones inferiores. Ya no se trata del poco aporte de una determinada categoría, sino de más de una generación sin las condiciones suficientes para establecerse en primera, con la excepción de Driussi.

Con Gallardo pasaron varios que encontraron más acomodo en otros destinos: Giovanni Simeone, Kaprof, Boyé (él forzó su salida vía Newell’s para terminar en Italia), Andrada. Un poco más atrás aparece Rogelio Funes Mori, de buen presente en México.

Si se pregunta por lo que puede surgir desde abajo, las respuestas son Gianluca Simeone, Alan Marcel Picazzo (hizo un gol en San Juan) y Franco López, apellidos para los que se necesitan tiempo y paciencia, justo lo que no le sobra ahora a River. Ninguno es un Crespo o un Saviola.

Con Mora y Larrondo en la enfermería, y con Auzqui y Borré más como acompañantes que como primeras espadas, Gallardo tiene más ideas ofensivas que nombres propios para llevarlas a la práctica.

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