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#MeToo

Un tuit y una etiqueta desatan una avalancha de mensajes de mujeres en las redes sociales que rompe el silencio sobre el acoso y el abuso sexual

Martes 17 de octubre de 2017 • 09:25
LA NACION
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WASHINGTON.- Todo comenzó con una idea, que pronto mutó en un mensaje en Twitter, y luego a una etiqueta: #MeToo (Yo también). Unas horas más tarde, cientos de miles de mujeres ya se habían encargado de mostrarle al mundo cuán arraigados y extendidos están el acoso y el abuso sexual.

La actriz Alyssa Milano, conocida por su papel en la serie Charmed, escribió en Twitter que una amiga había sugerido que si todas las mujeres escribían “yo también” en sus perfiles en las redes sociales la gente tendría una idea de la magnitud de un flagelo que despuntó –otra vez– con las revelaciones sobre el escandaloso historial de abusos de Harvey Weinstein, ícono de Hollywood.

“Si has sido acosada o atacada sexualmente, escribe ‘yo tambien’ como respuesta a este tuit”, propuso Milano.

Esas respuestas no tardaron en llegar: un mismo mensaje que se propagó como reguero de pólvora y despuntó en Washington, Nueva York, la Argentina, Colombia, México, Canadá, Noruega, Inglaterra, Dubai o la India.

“#MeToo, por supuesto”, escribieron tres mujeres en mi timeline de Facebook, subrayando lo obvio. Otro iba en la misma sintonía, aunque era más escueto: “Duh...”. Otro, sobre la vida laboral: “#MeToo, dos veces en el trabajo, una por un cliente, otra por un gerente”. Otro, apuntando a dudas cínicas: “#MeToo Y es 100% real”. Una mujer agregó otra etiqueta: #IBelieveYou (yo te creo).

Los mensajes desconocían fronteras geográficas, culturales o profesionales: son mujeres latinas, europeas, asiáticas, norteamericanas, profesoras, investigadoras, periodistas, productoras, funcionarias de organismos internacionales, activistas, artistas, emprendedoras; algunas de ellas, madres.

Un día después de que Milano lanzara la propuesta, #MeToo ya había sido utilizada en Twitter casi medio millón de veces. En Facebook, unas siete millones de personas hablaron sobre el tema, sólo el primer día. La revista The Atlantic habló de un nuevo movimiento. No es nuevo: ya sucedió con #BlackLivesMatter y #NiUnaMenos.

“Es un abrazo colectivo”, sintetizó Mercedes D’Alessandro, economista, escritora y cofundadora del blog Economía Femini(s)ta, donde aboga por la igualdad de género. “Permite ver que algo que le pasa a una no es individual, sino que le pasa a mucho gente; permite descargarse, y también es el punto de partida para generar una acción. Lo personal es político”, agregó.

Muchos hombres vieron ese mismo mensaje con espanto y asombro. Una avalancha construida por amigas, parientes, colegas, novias o, simplemente, conocidas.

“Triste. Es terrible”, escribió por mensaje un amigo que vive en Nueva York. “Sabía, pero verlo lo lleva a otro nivel. Respeto a las mujeres que decidieron publicar y a las que no. Pero el problema real es que cada mujer ha experimentado abuso en sus vidas. Y eso tiene que cambiar. Cada una. Tu mamá, tu hermana, tu novia, tu vida. Todas”, continuó.

Algunas respuestas para ese cambio o esa “acción”, en las palabras de D’Alessandro, tampoco tardaron en aparecer en medio de la catarsis.

Nicole Silverberg, comediante y escritora, publicó una lista con 29 propuestas destinadas a los hombres. Algunas de ellas (además de las obvias no acosar ni atacar): no interrumpir, o permitir que otros interrumpan, desterrar chistes machistas, y promover la paga igualitaria. “Pagarle a las mujeres lo mismo que a los hombres”, escribió Silverberg. Otra escritora, Helen Rosner, publicó otra lista en Medium. Uno de sus puntos: “Hablen menos. En todos los espacios. En todo momento. A un volumen más bajo”.

El mismo día que Milano lanzó su campaña, Kelly Cohen, una periodista radicada en Washington, contó en Twitter que al salir de un partido de fútbol americano de los Redskins un hombre le había cacheteado la cola. Todos sus amigos se habían reído. “Decime que el machismo no es real”, dijo Cohen.

Chris Cillizza, uno de los comentaristas políticos más conocidos de Estados Unidos, dejó por un instante de lado a Donald Trump, y retuiteó a Cohen con una pregunta: “Queridos muchachos, ¿qué demonios les pasa?”.

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