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La nueva novela de Dan Brown tuvo su lanzamiento mundial en una España convulsionada

Presentó en Barcelona Origen, parte de la serie de Robert Langdon con una visión en clave de la historia española; el independentismo catalán como telón de fondo

Miércoles 18 de octubre de 2017
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Brown, ayer, en La Pedrera
Brown, ayer, en La Pedrera. Foto: AFP / Patu Barrena

BARCELONA.- Parece un simpático agente comercial de una empresa multinacional o un ejecutivo de relaciones públicas que busca sobre todo agradar a su interlocutor con la broma y la sonrisa a flor de piel. Ni la más mínima señal de provocación ni rastro de escándalo en lo que dice. Sin embargo, goza del poder de convocatoria de una estrella de rock y en la céntrica Casa Milà (La Pedrera) de Gaudí, en Barcelona, reúne a corresponsales de toda Europa, ya sea de Finlandia o de Suiza, que le preguntan cuándo ambientará una novela en sus respectivos países o al menos los visitará en promoción. La estrella no es otra que Dan Brown (New Hampshire, 1964) , el popular autor de El Código Da Vinci (2003) y de otras tres novelas de una saga protagonizada por un profesor de simbología e iconografía religiosa de Harvard llamado Robert Langdon ( Tom Hanks en la pantalla grande), que ya lleva vendidos más de 200 millones de libros en todo el mundo. Ahora, Brown presenta la quinta entrega de la serie, Origen, con un lanzamiento mundial de proporciones. Planeta ha puesto en circulación el 3 del actual 600.000 ejemplares de la novela en lengua castellana, en simultáneo con la publicación en 15 países, y otras 41 traducciones aguardan su publicación en los próximos días (vertida a 56 lenguas en total).

El destino de la presentación no es casual, porque en España se ambienta íntegramente la última aventura de Robert Langdon, entre Madrid, Bilbao, Sevilla y, especialmente, Barcelona, bajo la impactante arquitectura modernista de Antoni Gaudí, como la Sagrada Familia y la citada Casa Milà, o el antiguo Monasterio de Montserrat. "Origen es una carta de amor a España", dice el escritor entre recuerdos de su primer viaje de adolescencia a Gijón, donde le enseñaron canciones populares asturianas o refranes como "fuma y bebe que la vida es breve", que trastocaron su disciplina o su año de residencia en Sevilla como estudiante de historia del arte.

Pero quizá la clave esté en la única frase que suelta Brown en español a la espera de aplausos: "Siempre he pensado en España como un país de enormes paradojas". Se refiere a "la mezcla de una fuerte tradición arraigada en la cultura católica con la visión del futuro de la modernidad. Aquí tenemos una de las computadoras más rápidas del mundo", añade, mencionando el ordenador Mare Nostrum del Barcelona Supercomputing Center, instalado en una antigua capilla. Otro de los escenarios cruciales de Origen que sorprendió al escritor. "Esto parece una novela de Dan Brown", se dijo entonces. "Robert Langdon tenía que ir allí y me tiré de cabeza".

En esa dicotomía "entre ciencia y religión" va cifrada la novela. "Las ideas son mías e intenté una visión equilibrada entre una y otra." Lo cierto es que pese al afán conciliador del autor, su nuevo thriller puede llegar a molestar a ciertos sectores, como en su día lo hizo El Código Da Vinci con la cúpula eclesiástica del Vaticano. Un descubrimiento científico de Edmond Kirsch, un discípulo de Langdon, sobre el origen y el destino de la humanidad puede acabar con el fundamento de todas las religiones. Reúne a sus principales líderes y cuando se dispone a presentar su hallazgo en el Museo Guggenheim de Bilbao es asesinado. Allí comienza la aventura de Langdon en una fuga junto a la directora del museo, Ambra Vidal, que es una plebeya, como doña Letizia, casada con el príncipe heredero a la corona española, llamado Julián, no Felipe. Y entre guiños a personajes con nombres reales, como el de su agente literaria, Mónica Martín, o el científico Mateu Valero, los villanos son aquí los franquistas, que regresan del pasado con un misterioso tatuaje en la muñeca, y un sector reaccionario ultraconservador de la Iglesia Católica, que controla a la monarquía en pleno 2016 a través de un obispo consejero del rey.

"No hay un mensaje específicamente político en el origen de esta novela incluido adrede, sino un telón de fondo", dice Brown conciliador, haciendo hincapié en que "son personajes ficticios, no se trata del rey actual". Pero su novela llega en pleno conflicto independentista catalán, en el que el fantasma de la represión franquista está más presente que nunca. "Amo España y adoro Cataluña, y éste es un momento doloroso", concede Brown. "Confío en el diálogo para resolver las diferencias, pero es importante que ambas partes comprendan de dónde vienen". Del mismo modo que ataja la posible indigestión que le pueda causar a la corona su novela. "No sé qué reacción esperar, pero escribí esta novela con el debido respeto a la familia real, a la inteligencia artificial y al arte moderno", apunta en relación con los otros dos grandes temas de la obra.

Brown siente atracción por la monarquía desde su época de estudiante. "Me fascina esa estructura antigua que sigue sosteniéndose, no sé si logrará sobrevivir. Lo que intento explicar es que todas las grandes empresas humanas, la cultura, la ciencia o las instituciones están hechas por hombres con sus virtudes y fallos", matiza.

De la polémica también huye en el plano religioso. "Quien dice que la ciencia mata a los dioses es Langdon, no yo", corrige el escritor, que se define como "agnóstico", porque atraviesa "un proceso que no sé si me llevará al ateísmo o a creer que hay algo más allá, como me ocurre cuando miro el cielo estrellado". En todo caso, el escritor norteamericano cree que "las religiones deberán evolucionar o se extinguirán porque ya no interesan a los jóvenes. El milagro lo encuentran en el sistema operativo del iPhone X", dice. Y en concreto sobre la religión católica, que recibió en formación y de la que recuerda se rebeló en la infancia, al morir una amiga de leucemia, ve con buenos ojos "la apertura progresista del papa Francisco, que propicia el cambio". Pero no sé si los cambios responden a la velocidad necesaria", añade.

En su novela en concreto el estigma se lo llevan los villanos de la Iglesia Palmaria, escindida del catolicismo, que descubrió hace unos años cuando investigaba sobre el Opus Dei. "La incluyo como ejemplo de religión extrema en 2016. No me han llegado reacciones, pero no creo que suceda porque no digo nada nuevo. Todo lo que cuento en la novela ya ha sido publicado", concluye, y, de pasada, confirma que los derechos a la pantalla grande de Origen ya están en poder de Sony, pero lo tiene sin cuidado. "Nunca sé qué va a pasar con las películas".

Opiniones a la vuelta del escándalo

Dan Brown vuelve a hacer de las suyas, en este caso apuntando a la iglesia ultraconservadora y a los viejos franquistas en el seno de la hoy cuestionada monarquía española, pero el escándalo que desató en 2005 con la anatema lanzada desde el Vaticano por el cardenal Tarcisio Bertone sobre El Código Da Vinci ya no parece interesarle. "Entonces me sorprendió que les molestara la pregunta hipotética sobre si Jesucristo era hijo de Dios o del hombre". "Pero si hubiera vendido sólo 10.000 ejemplares", dice el escritor, que recuerda con malicia los 27 que vendió con su primer título, "el Vaticano no habría prestado atención a una versión alternativa y racional de la historia". Apasionado de las conspiraciones, Brown reivindica su función social. "El ser humano detesta el caos y el azar. Ante un mundo convulso, creamos historias que nos permitan ordenarlo." Y como no puede con su genio, remata con una provocación: "Hay quien dice que la religión es la última gran conspiración".

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