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"No nos rendiremos": el doble arresto le da aire fresco al desafío catalán

Mañana vence el plazo para que definan si declararon la independencia; hubo una masiva marcha por los detenidos

Miércoles 18 de octubre de 2017
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LA NACION
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Multitudinaria marcha, ayer, en las calles de Barcelona
Multitudinaria marcha, ayer, en las calles de Barcelona. Foto: AFP / Lluis Gene

MADRID.- El proceso independentista catalán no se entiende sin la calle y la calle volvió a hablar.

Al grito de "no nos rendiremos", cerca de 200.000 personas marcharon en Barcelona para demostrar, una vez más, que el camino a la ruptura con España les suena inexorable. La prisión que desde anteayer cumplen dos de sus más destacados activistas les dio nueva bandera y sentido épico.

Para ellos, poco sentido tiene esperar a mañana, a las 10, cuando se agota el ultimátum dado por el presidente Mariano Rajoy para que el gobierno de la Generalitat aclare si declaró o no la independencia.

La fractura se agudizó en la sociedad catalana. Crecieron las denuncias de personas contrarias a la independencia que aseguraron sufrir persecución y acoso. Muchas de ellas dijeron haber amanecido con una cruz esvástica pintada en su puerta o en su auto.

"Es una situación sumamente peligrosa y no podemos olvidar a los catalanes que sufren esa incomprensión y ese hostigamiento", dicen en La Moncloa.

Hoy, los dos gobiernos, el regional de Cataluña y el central de España, hablan de temas distintos.

Aquí, en Madrid, el equipo de Rajoy mantiene diálogo fluido con la oposición del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y de Ciudadanos para medir la inminente intervención de la autonomía catalana.

Concretamente, lo que se discute es la escala con la que se aplicará el artículo 155 de la Constitución. El temor es el viaje a lo desconocido que esa herramienta implica. Sobre todo, inquieta la reacción que puede haber en las calles catalanas, que, a esta hora, viven una movilización permanente.

En Cataluña, en cambio, el tema es otro. La duda es cuándo se declara la independencia y el nacimiento de la nueva república. En un bucle imparable, el gobierno de Carles Puigdemont está convencido de que hacia allí van.

"Lo que quiere el gobierno de Rajoy es que nos rindamos y eso no cabe para nosotros", dijo Jordi Turull, el ministro vocero y asesor del gobierno independentista.

Deslizó que de nada sirve esperar a que mañana venza el plazo dado por La Moncloa para que la Generalitat responda claramente si declaró o no la independencia de la región, porque no habrá respuesta en los términos -sí o no- que pretende Rajoy.

En lo dialéctico, las cosas siguen igual, estancadas en un juego semántico de lo que se dijo o dejó de decir. Pero en lo político la dinámica es otra.

Subió de voltaje con la prisión que, desde anteanoche, cumplen los directivos de las dos principales plataformas del independentismo. "Son presos políticos de un Estado represor", coreó ayer la multitud en referencia a la prisión sin paliativos que rige para el titular de la Asamblea Nacional Catalana (ANC), Jordi Sánchez, y el de la asociación cultural Omnium, Jordi Couxart, ambos acusados por el delito de "sedición".

Decidida por la Audiencia Nacional, la medida fue el tiro de gracia que terminó de encender la mecha.

Hoy la disputa está de nuevo en la calle y ayer en Cataluña a nadie -o a casi nadie- parecía importarle que el Tribunal Constitucional hubiese dejado sin sustento el referéndum del 1º del actual, en el que, precisamente, se basa la pretensión de independencia.

Por fallo unánime, el máximo organismo para la interpretación de la Constitución dictaminó que esa norma, aprobada por el Parlamento catalán, contraría los preceptos de la carta de 1978.

"Éste es un tema político y no judicial", insiste el gobierno de la Generalitat. Los discursos y las posiciones van en dos órbitas diferentes y el choque parece inevitable.

Madrid "tiene que elegir entre diálogo o represión", dijo Turull, a la vez que reprochó la "vergüenza democrática" de la prisión impuesta a "los dos Jordis".

Anoche, en plena marcha en el corazón de la capital catalana, alguien leyó un manifiesto que aseguraba que "el Estado español ha franqueado una línea roja" y "cometió un grave error" al ordenar esos arrestos. Hubo miles de velas encendidas en reclamo de su libertad.

El clima es cada vez más tenso. La fuga de empresas se agudiza, pero a los independentistas poco parece importarles.

Crece la amenaza en gran bretaña

El director del servicio de inteligencia británico MI5, Andrew Parker, alertó ayer sobre la "intensa" amenaza terrorista que afronta Gran Bretaña, que ha sufrido cinco atentados este año. "Con los jihadistas regresando de Siria e Irak, e Internet que proporciona motivación y material, el ritmo de la violencia no muestra signos de caídas", alertó Parker.

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