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Derrumbe total: cayó Raqqa, la capital del califato de EI

El grupo jihadista perdió su bastión en Siria, que desde 2014 funcionaba como centro de operaciones militares en la región y desde donde se orquestaban atentados en el extranjero

Miércoles 18 de octubre de 2017
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Milicianos de las FDS kurdo-árabes celebran la victoria sobre Estado Islámico en las calles de Raqqa
Milicianos de las FDS kurdo-árabes celebran la victoria sobre Estado Islámico en las calles de Raqqa. Foto: Reuters / Erik de Castro

RAQQA, Siria.- La siniestra bandera negra de Estado Islámico (EI) , con su leyenda "No hay más dios que Alá", dejó de flamear ayer después de tres años en Raqqa, la capital del proclamado "califato" desde donde el grupo terrorista instrumentó su expansión territorial en la región y sus atentados en Occidente.

La ciudad cayó casi por completo a manos de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), una coalición de milicias kurdas y árabes respaldadas por Estados Unidos , luego de una campaña de cuatro meses que costó la vida de más de mil civiles y 2000 combatientes islamistas.

Sólo quedaba ayer un puñado de jihadistas que se negaban a rendirse y se arrinconaron en el estadio de la ciudad, reciclado durante los tres años de ocupación en una cárcel que se volvió célebre por sus crueldades. Sin contacto con el exterior, sin refuerzos armados ni esperanzas reales, completamente cercados, tenían las horas contadas.

"Todo terminó en Raqqa. La ciudad está bajo control de las FDS. Quedan operaciones de búsqueda para eliminar las células dormidas, si las hay, y para desminar la ciudad", afirmó un vocero de las FDS.

Las celebraciones se desataron en Raqqa, con gente de todas las edades soltando su euforia contenida desde 2014 y saltando de alegría en las plazas y calles, las mismas donde horas antes se vivía bajo las represivas reglas de un régimen draconiano, que decretaba la muerte por infracciones como fumar cigarrillos o comunicarse por Internet.

Después de cuatro meses de abrirse trabajosamente paso hacia el corazón de la ciudad, las FDS tomaron la Plaza Paraíso, el lugar preferido de los extremistas para las ejecuciones y decapitaciones públicas. Allí se dejaban durante días los cuerpos y cabezas cortadas, colocadas sobre postes, con etiquetas que describían los delitos de los infractores como advertencia y escarmiento.

La Plaza Paraíso, antes conocida por su famosa heladería, no tardó en ser conocida como Plaza del Infierno. Pero fue la captura del Hospital Nacional, que funcionaba como centro de operaciones de los jihadistas, lo que permitió arriar la última bandera de EI, corolario de la batalla iniciada en junio y que dejó un tendal de edificios en ruinas.

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"Sabemos que todavía quedan artefactos explosivos y trampas en las áreas tomadas a EI, así que las FDS continuarán despejándolas", dijo el coronel norteamericano Ryan Dillon, vocero de la coalición que apoyó a las tropas locales con bombardeos aéreos.

Desde hace meses los milicianos jihadistas retroceden en Siria e Irak frente al poder de fuego de sus diferentes enemigos. En Irak perdió su más preciada posesión, Mosul, y en Siria se vio forzado a replegarse hacia una franja del valle del río Éufrates y el desierto que lo rodea.

Allí también, en esas migas de territorio desértico donde aún encuentran un precario refugio, los jihadistas deben hacer frente a dos ofensivas simultáneas: las fuerzas del régimen sirio apoyadas por Moscú y las tropas del FDS, apoyadas por la coalición aérea internacional que lidera Washington .

Las atrocidades cometidas en los territorios dominados por EI cubren un largo listado de decapitaciones, ejecuciones masivas, violaciones, secuestros y limpieza étnica. Comunidades enteras debieron abandonar forzadamente sus hogares por pertenecer a otra confesión religiosa ajena al credo integrista de los conquistadores, las mujeres sospechosas de adulterio fueron lapidadas y los homosexuales fueron sometidos a muertes brutales.

En ese escenario de horror, los bombardeos de la coalición internacional también causaron la muerte de cientos de civiles. Otros perdieron la vida al ser utilizados como escudos humanos por EI. La situación humanitaria llegó a ser desastrosa y los combates llevaron a miles de inocentes a huir de la región.

En virtud de un acuerdo negociado por líderes locales y dirigentes tribales, los últimos civiles atrapados en la ciudad pudieron ser evacuados y los jihadistas sirios fueron autorizados a dejar la ciudad. Un total de 275 islamistas sirios y sus familias se beneficiaron de la amnistía y fueron evacuados.

Para los combatientes extranjeros, en cambio, se establecieron reglas más estrictas. Las tropas victoriosas quieren evitar el regreso de los terroristas a sus países, con la carga ideológica de odio potenciada al máximo y un entrenamiento militar que aumenta exponencialmente su capacidad de destrucción.

"Lo último que queremos es que los combatientes extranjeros sean liberados para poder regresar a sus países de origen y causar más terror", afirmó Dillon.

Una ciudad clave en la guerra

3250

Muertos

Hubo en los cinco meses de batalla para recuperar la ciudad siria de Raqqa, a manos de EI, según el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos (OSDH); de ellos, 1130 fueron civiles

El dominio de EI

En 2013, Raqqa se convirtió en la primera capital provincial siria en caer en manos de grupos rebeldes opuestos a Al-Assad; en agosto de 2014, EI tomó el control de toda la ciudad e impuso allí su califato

Atrocidades

Raqqa se convirtió en el símbolo de las atrocidades de EI, desde donde se habrían planificado atentados en varias ciudades europeas

6500

Combatientes de EI

Quedan en Irak y Siria, según las fuerzas armadas norteamericanas; el grupo extremista, que sólo controla el 3% de Irak, perdió en los últimos meses las regiones más importantes de su proclamado califato

Ofensiva

La avanzada kurdo-estadounidense sobre Raqqa comenzó en noviembre de 2016 y la fase final para tomar la ciudad empezó el 6 de junio pasado

Reconstrucción

A pesar de su liberación, Raqqa afrontará una ardua reconstrucción por el grado de devastación que generó la guerra; para eso, las fuerzas kurdas formaron un consejo civil

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