Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Manu Ginóbili y un amor que ya es leyenda

Diego Morini

SEGUIR
LA NACION@dhmorini
Miércoles 18 de octubre de 2017 • 11:38
0
Manu Ginóbili, la pelota y su zurda: una conexión única
Manu Ginóbili, la pelota y su zurda: una conexión única. Foto: AFP

Cuando tenía a Luca sobre su cabeza y jugaban juntos no quería saber nada con ella. Pero es difícil olvidarse de alguien así. Cuando Dante y Nicola le ordenaban "te toca el disfraz de Ironman", estaba convencido que lo mejor era decirle 'hasta acá llegamos'. Aunque no sabía bien cómo encontrar las palabras para decirlo. Tenía casi la determinación tomada, ese amor ya no daba para más. Le hizo saber públicamente que no tenía la misma pasión de siempre por ella, que el deseo estaba puesto en otro lado. Pero no. Son más de 22 años juntos, desde ese primer paso oficial en la Argentina, van a ser 16 compartiendo el día a día en el lugar más maravilloso que pudieron haber encontrado para disfrutar de esa hermosa relación: la NBA. Es cierto que el tiempo gasta todo, pero entre ellos esas cuestiones no cuentan. Entre Emanuel Ginóbili y la pelota de básquetbol hay algo que no se explica con palabras.

“Estoy en el proceso en el que me estoy amigando con la pelota”, contó en su última columna en el LA NACION. Y parece que además tiene ganas de burlarse de todos. Cómo él no va tener ese espacio en esa relación. Si él no merece ese lugar, quién sí. Porque fue Manu quien la hizo volar orgullosa en aquella palomita en los Juegos Olímpicos de Atenas en el cierre agónico ante Serbia. Fue el propio Ginóbili quien la apretó fuerte contra su pecho y la cubrió con la bandera de la Argentina, cuando consiguió en 2003 el primer anillo de la NBA. Todos los vieron cómplices cuando decidieron hacer explotar un aro en el AT&T Center cuando Chris Bosh pretendía interponerse entre ellos en la final de 2014, el último título que ganaron juntos. Estalló la NBA cuando el 20 de los Spurs fue quien le dijo al propio James Harden, en el cierre del juego 5 de la semifinal de la Conferencia Oeste de la última temporada, ella es mía y se la quitó de entre las manos.Por eso ella se derrite por el bahiense.

Hay secretos entre ellos. De otra forma es imposible que perdure esa relación. Seguro se juraron amor eterno en alguna de aquellas mañanas, cuando Manu apenas tenía cuatro o cinco años, y la picaba entre las sillas de la cocina de su casa del pasaje Vergara 14, en Bahía Blanca. Algo seguro se dijeron y nadie lo pudo escuchar, ni su mamá Raquel, ni Oscar Sánchez que lo empujaba a hacer esas cosas, ni Chucho, su papá, ni tampoco Sepo o Leandro, sus hermanos, porque ellos andaban atentos, en Bahiense del Norte, por tratar de conquistar a la misma dama. Si el más chico de la dinastía Ginóbili se convirtió en una leyenda del deporte, es casi una fija que fue porque le prometió algo a la pelota. No hay otra. Es verdad que la mira como casi nadie. Que la cuida como pocos. Que se tira de cabeza para tratar de recuperarla si alguien se la quiere quitar ¿Pero por qué ella siempre lo elige? ¿Por qué él siempre la elige? Seguro hay algo más entre ellos.

Van por otra aventura, una más, por la 16ª temporada en la NBA. Y Marianela, la mujer que eligió Manu desde hace ya más de 20 años, los mira sin celos. Bueno algunos, los lógicos. Porque Many conoce qué siente el uno por el otro. Porque más allá de que su marido sostenga, con razón, que su prioridad hoy es su familia y no tanto el básquetbol, sabe que en el fondo hay un fuego encendido que no se puede apagar y que los quema. Que por más que Manu haya dicho hace un tiempo que ya no siente que va a salvar el mundo cuando tiene la pelota en sus manos, lo real es que cuando están juntos puede pasar cualquier cosa. Hasta Dante, Nicola y Luca disfrutan de ver a su papá con una bola entre los dedos. Es que si él la tiene, se multiplica en el aire la sensación de que nada puede salir mal.

Entonces, vale disfrutar. Porque no importa si es el último capítulo de esta historia de amor, no interesa si termina como los cuentos de hadas. Solo cuenta que este amor ya es leyenda.

En esta nota:
Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas