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Peter Lanzani: "Quiero hacer de todo y curtirme"

Reluce en Un gallo para Esculapio, la miniserie del año, pero se ríe cuando dicen que es su trabajo consagratorio. "¿No había sido el anterior?" Cree que ya pagó el derecho de piso y no piensa pagar el de la fama. Versátil, hace TV, cine y teatro, y hasta entrevista referentes en la plataforma Cine.ar, del Incaa

Foto: Pablo Franco
Domingo 22 de octubre de 2017
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LA NACION

No tenés idea de todas las cosas que me han dicho por este bigote: este pibe está hecho mierda. Llegaron a subir una nota que decía ¿qué le pasa a Peter Lanzani? Decía que estaba en mi peor momento de facha. La gente por Twitter, por Instagram, me destrozó. ¿Qué me pasa? Sorry si no soy Brad Pitt. Tengo estos bigotes porque estoy filmando [El ángel], las ojeras que ves son por el cansancio y el peinado es el que necesita el personaje. ¿Por qué tengo que dar explicaciones? ¿Por qué en vez de decir que estoy hecho mierda no contás que estoy a full? Que me deslomo, que hice teatro, Un gallo para Esculapio. Lo que dicen a veces te afecta, porque uno es un ser humano. Da bronca. Me río, intento no engancharme. Pero es agotador, como esos que me ponen a prueba y dicen: a ver este pibito que puede hacer."

-Claramente hablamos de prejuicio.

-Es una palabra que castiga y mucho. Tuve que bancarme tantos comentarios, muchos de ellos por haber sido parte del equipo de Cris Morena. ¿Hasta qué punto tengo que salir a defender lo que hago? ¿Por qué tengo que estar a prueba? Ahora, Un gallo para Esculapio se supone que es mi laburo consagratorio. ¿No había sido el anterior? [se ríe]. Intento tomar siempre las críticas constructivas, porque siento que estoy aprendiendo todo el tiempo. Me gusta que se respete el laburo. No soy amigo de la impunidad de ciertos comentarios, que muchas veces, desde el anonimato, pasan a ser una falta de respeto.

-¿No tiene que ver con las supuestas reglas de juego?

-No creo en las reglas del juego, no me caben. A veces ponen a todos en la misma bolsa. Si salís en la tele, sos de la tele. No, pará, yo me deslomo, no me la paso yendo a programas armando quilombos. Si hablo es porque estoy presentando una película, una miniserie, una obra de teatro. Y también pasa que muchas veces hablás de tus laburos y lo único que quieren saber es de la relación que tenés con tu ex novia, o si te cae bien el novio de tu ex. Y no, no lo conozco [hace referencia a la actual pareja de Tini Stoessel, Violetta; también salió con Lali Espósito].

-El boca en boca hizo que Un gallo para Esculapio se convirtiera en el suceso televisivo del año (se rumorea muy fuerte una segunda temporada). La miniserie que marcó la vuelta a la ficción de Bruno Stagnaro, el director de la inolvidable Okupas, puso en el centro de las miradas a la dupla encabezada por Chelo Esculapio (Luis Brandoni) y Nelson Segovia (Lanzani). "Una hermosa locura ser parte de Un gallo. Fue un desafío enorme poder mostrar la transformación de este pibe en nueve capítulos. Un yin y un yang. Al comienzo ves a un pibe; al final, a otro. Está buenísimo. Qué puedo decir, si contás con un guión increíble, un gran equipo y encima tenés a un animal como Stagnaro en la dirección. Fueron cinco meses filmando cine. Bravísimo, intenso. Bruno es un genio, para mí es uno de los mejores directores argentinos. Cada tanto le escribo. Cuando terminé de ver Un gallo. le mandé a él y a Ariel Staltari [coguionista y actor, le pone el cuerpo a Loquillo] un audio de un minuto hablando como Nelson.

Foto: Pablo Franco

-¿Qué les dijiste en el mensaje?

-Que eran dos genios, les pedí que no dejaran de laburar nunca porque nuestro cine y nuestra tele necesitan de ellos. Se mataron de risa. Creo que hay que seguir haciendo este tipo de trabajos. Es cierto que Bruno es un tipo muy particular, que va a filmar cuando sienta que tenga algo que contar y eso, es un arma de doble filo, porque quizá pasa diez años sin hacer nada, pero cuando filma. Es indiscutible lo que hace. Actualmente escribe y mucho. Y está bien, porque lo que necesitamos hoy son buenos guiones. Para mí es esencial, es el 60, el 70 por ciento de un proyecto.

-Hablando de buenas historias, venís de trabajar en un relato fuerte, con Luis Ortega [El Angel, la película basada en la historia de Carlos Robledo Puch]

-Otro genio. Ortega es muy genio, pegamos buena onda, ensayamos mucho, nos interiorizamos en la atmósfera de estos personajes, yo soy uno de los socios (Miguel Prieto). Luis es un director superclaro que sabe lo que quiere y el guión que Luis escribió junto a Rodolfo Palacios [autor de El ángel negro] es espectacular. Es una historia muy particular, yo lo di todo, ahora mi laburo está en manos de otro. En el cine, el actor es un instrumento, el director te afina, te dice qué tecla tenés que tocar y ahí tocás. Después eso puede quedar o no.

"¿No será esta la guerra? Que nos saquen el agua", pregunta Lanzani con la piel curtida en el tráiler de Los últimos, la ópera prima de Nicolás Puenzo que protagoniza junto a Germán Palacios y la peruana Juana Burga, y que llegará a los cines en noviembre próximo. "Fue un rodaje muy intenso. Filmamos en Chile, en Bolivia, a la altura del altiplano y también acá, en Buenos Aires. Para meterme en la piel del personaje, de este refugiado, bajé más de diez kilos. Su vida era la tierra, y ésta ya no da ni agua, ni comida. Es muy fuerte, nos metimos a filmar en minas, tomamos contacto con la gente de los pueblos mineros, con la tierra destrozada y ahí, mientras filmamos, nos dimos cuenta, por lo menos yo, de que se trata de un futuro no tan lejano. Fue una experiencia inolvidable, con un gran guión que escribieron a cuatro manos Nico y Lucía Puenzo y que se mete con los avatares medioambientales y sociales. Fue uno de los más grandes desafíos que tuve. Vengo de desafío en desafío."

Foto: Pablo Franco

-Al rodaje te llevaste una cámara para hacer tu propio registro. ¿Vas a hacer un documental?

-Tengo un montón de material, un diario de viaje, necesito sentarme a editar. Recopilé imágenes muy copadas, muy variadas. Tengo que ver qué forma le voy a dar, qué quiero contar, quizá un corto o tal vez se abra la puerta hacia algo más. Va a ser prueba y error.

-Hace tiempo que estás con la avidez de querer armar algo propio, estás muy atento a la cocina de todo lo que encarás.

-Sí, hace rato que vengo con esa idea, me contagia mucho lo que veo y recién ahora estoy empezando a bajar mis cosas y en algún momento me mandaré. Tiempo al tiempo, son procesos. Un día escribís una frase y esa frase te dispara a otra; después ayudás a hacer el videoclip de un amigo. Estoy en plena búsqueda, aprendiendo, atento de lo que hacen los que saben. Me encanta patear, mirar, escuchar. La curiosidad en este medio es importantísima. Quizá no tenés tiempo para estar en una universidad, entonces vas y le preguntás al de las luces por qué las puso así, o al de la cámara. Estoy estudiando con los mejores. Quiero hacer todo: cine, teatro, tele. Curtirme. Y lo vengo haciendo. ¿Sabés el derecho de piso que tuve que pagar para hacer cine? Y lo pagué. Yo era el pibito que venía de la tele. ¿Por qué no podía hacerlo? ¿Por qué un futbolista no puede jugar en cancha de cinco o de once? Si es bueno, que juegue. Y yo salí a jugar.

-Tu nombre suele estar relacionado con buenas causas y organizaciones como Unicef y Greenpeace. De hecho, para esta última protagonizaste un corto narrado por Lalo Mir para concientizar sobre la deforestación ilegal.

-Me copa poder dar una mano cuando se puede o contar algo de la manera en que lo hizo Greenpeace a través de un corto [el actor se sumergió en una cápsula de agua para retratar literalmente el fin de la campaña: Sin bosques, nos hundimos todos]. Es otra forma de llegar, de contar. Para mí es importante no permanecer indiferente, cuando empecé a meterme en esto de la deforestación ilegal me di cuenta de que no sabemos nada de nada y el problema es que creemos que nos la sabemos todas. Es importante dejar de mirarnos el ombligo y levantar la mirada para ver más allá. Todos queremos vivir mejor y podemos hacer cosas dentro de nuestras posibilidades, aportar nuestro granito de arena, alzar la voz.

Foto: Pablo Franco

-Al comienzo de la charla hablabas de la impunidad con la que se opina desde el anonimato. ¿Te preocupa la naturalización con la que se encaran ciertas temáticas?

-Naturalizamos todo y ese es uno de los mayores problemas que tenemos, como cuando hablamos de bullying. Es cierto, bullying hubo siempre, pero hoy no sólo pasa por el colegio, sino por el WhatsApp, Instagram, Twitter, Facebook. Está mal y no es culpa del que hace bullying, sino que está mal aprendido, de lo que vivimos día a día. Estamos más atentos a los defectos que a las virtudes del otro. ¿Cuánta gente con la que te cruzás te saluda? A veces juego a eso, a caminar por la calle y saludar, a decir buen día. Hay gente que te devuelve una sonrisa, otra que ni te registra, y están los que te miran raro. Hay gente que se sube al ascensor y aprieta el botón rápido para no cruzarse con nadie; de última estemos callados, pero dejame subir. Siento que estamos perdiendo cosas que nos hacen bien, tenemos que cambiar el chip, hoy pareciera que uno quiere salvarse a sí mismo. No soy partidario de esto en mi vida, en mí accionar necesito de mis amigos, de mi familia y cuando voy a laburar me gusta hacerlo en equipo. Es tan triste ensimismarse en uno...

-Una idea que exploraste en El emperador Gynt, la pieza de Henrik Ibsen que presentaste en el Cultural San Martín.

-En un momento, el personaje, ya viejo, dice: "Es caro pagar con la vida el propio nacimiento". Señores, todos vamos a morir, no somos seres inmortales, hoy es ahora y mañana, nunca. Me animo a decirte que esta obra es el desafío más grande de mi carrera. Estoy casi dos horas, con catorce personajes, solo, hablando, perdiendo la cabeza, dejándome llevar. Es de una gran exigencia física, mental y emocional. La hacemos entre amigos, nos juntamos gente que nos gusta el teatro y nos mandamos. Tomamos un té, un traguito de whisky para calentar la garganta y hacemos la obra. Después vamos a comer una pizza entre amigos. Es una gran obra, una de esas que está contada desde las entrañas, que prevalece en la historia. El texto de Ibsen es tan inspirador. Sobre el final de la obra te das cuenta de que la vida pasa por otro lado y está bueno que te caiga la ficha, que te des cuenta de que es imposible que tu vida sea perfecta, porque no es así, porque muchas veces te van a cagar a palos, así es la vida. Obviamente, uno trata de que sea perfecta, pero no hay un modelo, no hay que comprar un modelo, no todo es color rosa. Hoy puede parecer que todo es perfecto, pero el día de mañana te pasa algo y ya no es así. Es una obra que pienso que voy a hacer toda mi vida, como lo hizo el chileno Franklin Caicedo.

-Todos tenemos momentos bisagras y el tuyo, según parece, fue El clan, la película que rodaste con Pablo Trapero.

-Ya había comenzado a hacer una búsqueda antes de que saliera El clan, y la película es parte de esa búsqueda, de ese camino, que había arrancado cuando estaba detrás de los derechos de Equus [la polémica obra de Peter Shaffer], que compré para hacerla acá, con dirección del gran Carlos Sorín y con el genio de Rafa Ferro. Una obra que actoralmente me revolucionó mucho. Venía de hacer también Camila, el musical, una apuesta muy diferente, con un registro distinto para mí y fue espectacular; después estuve en Casi normales, otra gran experiencia, en Fuerza Bruta. El clan fue mi primer proyecto en cine, era algo que anhelaba muchísimo, pasé por siete castings para conseguirlo. Aprendí tanto de Trapero, de Guillermo (Francella), de todos. Me metí mucho. Empecé a orientar mi búsqueda hacia ese lado y me fui cruzando en el camino con directores muy grosos. Y así vas aprendiendo mucho, mucho. Hice La Leona en televisión con Miguel Angel Solá y un elenco increíble, en Telefé, con gente que conozco de toda la vida. Tuve la suerte de trabajar con Stagnaro, con Nico Puenzo, Ortega, Gabriel Grieco (Hipersomnia), Fede Cuevas (Sólo se vive una vez). Puse el eje en aprender, así que disfruto al máximo.

Foto: Pablo Franco

-¿Cómo fue la experiencia de compartir set de filmación con Gérard Depardieu [en Sólo se vive...]?

-Está loco, pero es un genio, es brillante. Actoralmente tiene una verdad que se gana con los años y con oficio, con horas de vuelo. Sabe un montón de cine, pudimos hablar. La verdad es que conmigo se comportó superbien, en una nota tuvo un lindo gesto para conmigo y no hacía falta, tampoco es que hayamos compartido ocho semanas de rodaje. También fue genial conocer a Santiago Segura y trabajar a su lado. Lo que no voy a negarte es que tengo una polaroid con Gérard colgada en el corcho de mi casa. Es un apasionado.

-Dicen que la pasión se contagia.

-¡Y cómo! En el deporte es igual. Si ves a un jugador que lo está dejando todo, te contagia eso y en la vida es igual. En la peli de Nico Puenzo fuimos un equipo bien guerrillero, cargábamos los trípodes, filmábamos bajo la lluvia torrencial, eso se contagia. Se hizo un laburo maravilloso.

-Siempre hacés referencia al deporte. Te formaste jugando rugby, ¿eso te marcó?

-Soy un deportista frustrado. Voy a ver a mis amigos, pero ya no juego un partido entero. Cuando puedo juego algún set, es menos brusco. No tengo problemas en golpearme, pero el rugby no va de la mano con mi laburo, menos si estoy filmando. Despunto el vicio un ratito cuando puedo. Veo mucho rugby de acá y el mundo. Sigo a Los Pumas, a muchos los conozco, cada tanto hablo con ellos. Me encanta el rugby, el deporte. Hubiese sido deportista, de cualquier deporte. Los fines de semana estoy yendo a jugar al básquet con amigos a una plaza donde se arman distintos equipos. He hecho de todo. Jugué tenis, golf, pádel, vóley, fútbol americano, rugby, fútbol. Lo disfruto mucho, me divierte, en algunos soy mejor que en otros. Pero juego, a vos te falta uno y yo voy.

-¿Con la música te pasa más o menos lo mismo?

-Y sí, por momentos me siento como un músico frustrado también (risas). Tengo muchos amigos músicos, y sé que para ser un buen músico tenés que prepararte, poner mucho. Hoy, lo mío está puesto más en lo actoral, en ver películas, en caminar por la calle e ir a escribir a un bar. Cuando aparece la oportunidad de volver a cantar [en Sólo se vive una vez cantó una versión de un tema de Kiss], de tocar, lo hago, pero ahora disfruto más acompañando. Ahora voy a seguir con mi cámara la gira de unos amigos, los Bandalos Chinos, que están pisando bastante fuerte y me fascinan. Otra banda de amigos que disfruto un montón ir a verlos es Malbón [protagonizó uno de sus videos]. Quizás en algún momento vuelva a la música, en su momento no me fue mal. Soy un actor que quiere ser músico y un deportista frustrado [risas]. Pero ahora quiero seguir por este camino, salir a tomarme una birra, aprendo un montón mirando a la gente, escuchando historias, me disparan muchas ideas. Siento que estoy en un momento muy creativo y trato de aprovecharlo al cien por ciento. Hoy estoy bien, mañana puedo estar siete escalones más abajo, así que laburo mucho, hay tanto que aprender.

-El ciclo DAC Ficciones, que coconducís con Mariano Hueter (por Cine.ar, la plataforma digital y gratuita del Incaa), ¿tiene que ver con este aprendizaje, con estas búsquedas?

Es un gran placer poder entrevistar a gente tan grosa y hablar sólo de cine. Poder charlar con [Rodrigo] De la Serna, [Juan José] Campanella, Santiago Mitre, Armando Bo, Cecilia Roth, Dolores Fonzi, Lucía Puenzo, [Axel] Kuschevatzky..., repasar sus pasiones, por mí se pueden colgar 45 minutos hablando de Quentin Tarantino, [Martin] Scorsese. Analizamos cortos, hacemos críticas constructivas. Me gusta eso de abrir el juego. Cuando voy al club de rugby y hablo con mis amigos de series, de películas, me encanta escucharlos, cómo hablan de la luz, del guión, hacen comentarios muy acertados, la mirada de un buen espectador es muy válida.

Dice que ahora quiere parar un poco la pelota, leer algunos guiones, volver a los escenarios con la obra de Ibsen, bajar a tierra algunas ideas propias y concretar algunos proyectos. "Son ideas que todavía ni siquiera tienen guión, que las hablamos, pero que estoy mentalizándolas para que salgan. Hago fuerza mental -bromea-. Me considero un afortunado y por eso quiero aprovecharlo todo. Soy una esponja, lo absorbo todo."

Peter contagia entusiasmo, ganas y respeto por sus compañeros, incluido el gallo. "El mejor actor de la miniserie, lejos. Se portó de manera espectacular, muy manso, divino, mimoso. Comió como un campeón durante todo el rodaje, para él fue como estar de vacaciones. Tuvimos una gran relación. Un capo el Van Dan."

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1990

Nace Juan Pedro, en el barrio de Belgrano. En su infancia juega al rugby y forma parte de Asociación Alumni

2006

Debuta en la televisión con Chiquititas. Continúa su relación con la escudería Cris Morena con el suceso teen Casi Ángeles

2013

Protagoniza junto a Natalie Pérez el musical Camila, nuestra historia de amor. Continúa con Fuerza Bruta y Casi normales

2015

Protagoniza El clan, el film de Pablo Trapero. En teatro estrena Equus, la polémica obra que también produce

2016

Integra el elenco de La Leona, en Telefé, y se pone al frente junto a Mariano Hueter del ciclo de entrevistas DAC Ficciones

2017

En cine estrena Hipersomnia y Sólo se vive una vez. En televisión protagoniza Un gallo para Esculapio, dirigido por Bruno Stagnaro

El futuro

En noviembre llegará a los cines Los últimos, la ópera prima de Nicolás Puenzo que protagoniza junto a Germán Palacios y la peruana Juana Burga. A los escenarios volverá con la pieza del noruego Henrik Ibsen. En 2018 estrenará El ángel, la película de Luis Ortega sobre Carlos Robledo Puch

Asistente de fotografía: Lucas Pérez Alonso. asistentes de producción: Camila Pepa y Antonella Nicolicchia. make-up: Carol schmoisman para Estudio Novillo con productos Yves Saint Laurent. pelo: Gabo Escobar. Agradecimientos: Penguin, Revolver, Ay not Dead, Bolivia, Carla Di Si, Grimoldi, Terrible Enfant y Bar Uptwon, Arevalo 2030, www.uptwonba.com

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