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Escapadas a Chile: 4 paseos imperdibles para incluir en el itinerario

El país vecino ofrece un amplio menú de atracciones a los turistas

Miércoles 08 de noviembre de 2017 • 07:35
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LA NACION
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El "desierto florido" de Atacama
El "desierto florido" de Atacama. Foto: LA NACION

CHILE.- Atraídos por los precios de las marcas de ropa internacionales o los costos accesibles de los smartphones o televisores, los argentinos viajan a comprar en masa a Chile desde hace varios años. Pero ese no es el único plan posible en el país vecino. A la hora de armar el itinerario de una escapada, hay un amplio menú de atracciones para tener en cuenta. La lista incluye a las impactantes vistas panorámicas de Santiago y la Cordillera, la "ruta del vino" de Casablanca, la pintoresca Valparaíso y el "desierto florido" en Atacama.

1) Santiago desde el aire

Santiago de Chile recuperó el año pasado el teleférico metropolitano, uno de sus íconos
Santiago de Chile recuperó el año pasado el teleférico metropolitano, uno de sus íconos. Foto: LA NACION

Santiago de Chile recuperó el año pasado el teleférico metropolitano, uno de sus íconos históricos, que parte desde el Cerro San Cristóbal. Una buena alternativa es subir en funicular, pero también se puede llegar caminando, en auto o bicicleta. Desde su reinauguración, el teleférico suele ser muy concurrido por visitantes de todo el mundo. Según el día y el horario, puede haber extensas filas para comprar tickets. Una vez arriba se consiguen vistas privilegiadas de la Cordillera de los Andes, de los edificios de "Sanhattan", como llaman algunos chilenos al centro financiero de la capital, y de los barrios emblemáticos. El frondoso cerro San Cristóbal es un lugar especial para los habitantes de la capital chilena. "Yo le propuse casamiento a mi novia en este lugar", confiesa uno de los guías. "Yo me quiero casar aquí", responde una joven turista. El descenso a la base del Parque Metropolitano, donde se pueden practicar distintos deportes, demora unos pocos minutos.

Sin embargo, el viaje en el teleférico no es la única opción en Santiago de Chile para los amantes de las panorámicas. En el barrio Providencia se encuentra la Gran Torre Santiago, una mole de acero y vidrio de 300 metros de altura. Un ascensor traslada a los visitantes desde la planta baja -en los primeros niveles hay un shopping, por si la tentación es superior a todo - hasta el piso 61 del edificio en un puñado de segundos. En la cima del rascacielos, llamado Sky Costanera, hay una vista de 360 grados de Santiago: se puede observar con binoculares la Cordillera de los Andes, el río Mapocho o el Cajón del Maipo. "El mirador más alto de América latina" está abierto todos los días y el último ascensor a las alturas parte a las 21. Es un plan ideal para el atardecer.

2) La "ruta del vino" en Casablanca

Los interesados en el enoturismo pueden encontrar su paraíso a 50 minutos de Santiago de Chile. La "ruta del vino" en el Valle de Casablanca es una escala placentera del camino hacia Valparaíso. Antes de viajar, conviene programar visitas a las decenas de bodegas que ofrecen tours y degustaciones de todo tipo. Las más recomendadas son Veramonte, Emiliana, Catrala, Viña Mar, Matetic, Indómita, Quintay, Casas del Bosque, Recova Wines, Loma Larga y Kingston.

Veramonte se caracteriza por realizar una producción orgánica de vinos
Veramonte se caracteriza por realizar una producción orgánica de vinos. Foto: LA NACION

Los viñedos de Veramonte están al noroeste de Santiago de Chile, a 30 kilómetros del océano Pacífico. Su primer dueño fue el empresario Agustín Huneeus, uno de los pioneros de la industria vitivinícola en Chile. Actualmente, la viña pertenece a la empresa familiar González Byass y se distingue por realizar una producción orgánica de vinos en las 3500 hectáreas -420 son productivas- que tiene en el valle de Casablanca. Desde 2012 no utiliza pesticidas o agrotóxicos en el proceso de elaboración. "Ante una problemática buscamos una solución natural", se enorgullece Jonathan, guía de la visita. Veramonte produce uvas para sus vinos tintos en el Valle de Colchagua y a los pies de la Cordillera, cerca de Santiago de Chile. "Aquí la uva no requiere de mucho sol o calor para madurar bien. Por eso cultivamos uvas blancas en este valle", cuenta.

A la hora de degustar hay que prestar atención a las recomendaciones de Jonathan y activar todos los sentidos. La bodega ofrece marcas base (Veramonte) y de alta gama, como Ritual, Primus y Neyen -el ícono de la empresa-.

3) El "desierto florido" de Atacama

El fenómeno natural atrae a turistas y botánicos de todo el mundo
El fenómeno natural atrae a turistas y botánicos de todo el mundo. Foto: LA NACION

Roberto, el guía de la aventura, camina en cuclillas para identificar algunas de las 200 especies de flores. "¡Con cuidado, por favor! No las vayan a pisar", suplica al grupo que lo persigue en fila. Señala las "añañucas" rojas y amarillas; "la garra de león"; "las orejas de zorro"; "la pata de guanaco"; "los suspiros" lilas y celestes. "¡Esto es único, hermano!", exclama. Está en el "desierto florido", como lo llaman los chilenos, donde las flores se yerguen insólitamente como desafiando la aridez del paisaje.

El "desierto florido" ocurre entre las ciudades de Vallenar y Copiapó
El "desierto florido" ocurre entre las ciudades de Vallenar y Copiapó. Foto: LA NACION

El espectáculo de vegetación, que atrae a turistas y botánicos internacionales, se produce con mayor o menor intensidad desde hace varios años en el inicio del desierto de Atacama, entre las ciudades de Vallenar y Copiapó. La principal causa del fenómeno es el aumento de las precipitaciones que genera El Niño, sostienen los especialistas, aunque algunos lo vinculan también al cambio climático.

Los primeros brotes en el desierto más árido del mundo se dan en agosto, por lo que es ideal visitar la región en septiembre, cuando las flores están en su máximo esplendor. Una alternativa es tomar la salida norte de la ciudad de Vallenar y visitar el Parque Nacional Llanos de Challe.

4) Valparaíso

Dibuje en su mente decenas de casas de madera apiñadas en una cadena de cerros con sus ventanales y sus techos de chapa. Pinte las paredes de las viviendas alternando los colores y tonalidades. Guarde el azul para el mar Pacífico y deje espacio en la costa para un puerto, barcos, grúas y contenedores de distintos tamaños. Sume un funicular que recorra un cerro entre árboles y campanarios de iglesias antiguas. Trace calles con veredas angostas, faroles, postes de madera y escaleras de azulejos. No se olvide de los murales y graffitis en las esquinas.

Ya terminó su pintura, abra los ojos. Está en Valparaíso.

Una visita a Chile no puede prescindir de un paseo por la emblemática ciudad colonial, que se encuentra apenas a una hora y media de distancia de Santiago de Chile. A los paisajes se suma una amplia oferta gastronómica y una rica historia. Vale la pena tomarse unos minutos para conocer los paseos Atkinson y Gervasoni en el cerro Concepción. En el mirador de la Plaza Bismarck hay buenas vistas de la ciudad, del puerto y de la Cordillera de los Andes -si el cielo luce despejado-. En el casco histórico emerge la Plaza Sotomayor, donde se puede visitar el monumento a los Héroes de Iquique.

Valparaíso tiene como vecino un socio turístico, Viña del Mar, uno de los destinos más populares en Chile y conocido, entre otras atracciones, por albergar anualmente al festival de música.

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