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Se vislumbra la caída de Barcelona como capital de la edición en español

Tras la salida de Planeta, el gigante Penguin Random House y sellos como Salamandra evalúan la posibilidad de mudarse

Viernes 20 de octubre de 2017
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PARA LA NACION
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Las torres que Planeta deja en la Diagonal de Barcelona
Las torres que Planeta deja en la Diagonal de Barcelona.

BARCELONA.- Más de 800 empresas de todos los tamaños abandonaron Cataluña en las últimas semanas a raíz del conflicto independentista , y la hemorragia económica continúa, según el Registro Mercantil, a razón de 70 nuevas firmas al día. Y en la industria del libro la estampida económica está provocando un gran impacto, porque supone la caída de Barcelona como capital mundial de la edición en lengua castellana.

La decisión de Planeta (líder en español) de trasladar su sede social y fiscal a Madrid ya es definitiva. La confirmó su presidente, José Creuheras, y aunque ratificó "la intensión de conservar los puestos de trabajo", esto parece aplicable a su división catalana de Edicions 62, porque "el traslado de su centro de decisión y de la reunión de junta accionarial a Madrid" acabará arrastrando buena parte de su producción.

El movimiento ya supone un desequilibrio a favor de Madrid y la pérdida de la capitalidad editorial de Barcelona , que recogía hasta ahora el 50,8% de la facturación total del mercado español -casi 1170 millones de euros de los 2317 millones facturados en 2016, según un informe oficial de la Federación Española de Cámaras del Libro-. Y la cosa puede agudizarse con la más que posible retirada del otro peso pesado del duopolio en español (60% del mercado entre ambos) Penguin Random House, la filial en Barcelona de la multinacional con sede central en Nueva York . El grupo PRH ya estaría reforzando su sede en Madrid, fruto de la compra de Alfaguara en 2014, de cara al posible traslado, pero los directivos del gigante guardan prudente silencio. El ambiguo comunicado oficial que emitieron deja entrever esa posibilidad en caso de enturbiarse aún más el marco jurídico y fiscal en Cataluña. "Penguin Random House opera en muchas jurisdicciones y países diferentes al servicio de sus autores, lectores y empleados, y siempre trabaja conforme a las leyes y regulaciones locales. En caso de que haya cambios, evaluaremos la situación en consecuencia y tomaremos entonces todas las medidas necesarias para defender los intereses de autores, lectores y empleados".

Más o menos en los mismos términos se expresa Sigrid Kraus, al frente de Salamandra, y eso quiere decir que se disponen a marchar. "Si hubiera una declaración de independencia, nosotros cambiaríamos de sede", confirma. "Lo hemos hablado con Pedro", añade Kraus refiriéndose a Del Carril, la mitad argentina del sello editor de Harry Potter. "Vemos muy complicado llevar la empresa en un marco inestable de inseguridad jurídica. Podríamos publicar en castellano en una república catalana independiente, pero si se llegara a ella de manera pactada y en buenos términos, no así a las patadas y con la UE en contra", aclara la editora, recién llegada de la Feria de Fráncfort, donde se le hizo "muy difícil trabajar", porque esta inquietud eclipsaba todo encuentro entre agentes y editores, barceloneses y extranjeros. Para Kraus, la "pérdida de la capitalidad editorial" es un hecho, pero no está tan segura de que se pierda también la "centralidad literaria", porque eso depende no sólo de los poderosos grupos y un puñado de editoriales medianas, sino también de agencias literarias y sellos independientes. "Me preocupan también las imprentas -añade-, porque aquí se imprime para todo el mundo hispánico, y en caso de aranceles o restricciones en un nuevo contexto también se irán".

Anagrama, en cambio, no se dispone a marchar. "Barcelona está en el ADN de Anagrama. Continuaremos trabajando aquí contemplando los acontecimientos", informa su directora editorial, Silvia Sesé. "Si la situación se extremara, tomaríamos medidas para tranquilizar al capital, porque la inestabilidad no es buena para ninguna empresa". Pero aclara que, según las conversaciones ya mantenidas entre Jorge Herralde y Carlo Feltrinelli, esas medidas no incluyen el traslado de su histórica sede. Para Sesé, la consecuencia del conflicto independentista en el sector del libro puede traducirse en "una fragmentación del centro editorial y literario en favor de otras ciudades latinoamericanas".

Como presidente de la Federación de Gremios de Editores de España, Daniel Fernández se niega a expresar más que una "gran preocupación del sector", pero como director de Edhasa define su posición sin problemas: "Continuaremos editando en un viaje de ida y vuelta, para ambas orillas, porque ya estamos acostumbrados", dice, recordando la fundación de la casa en 1946 con el retorno de Buenos Aires del exiliado republicano Antoni López Llausàs para luego fundar Edhasa Argentina en 2003. "Seguimos dentro del marco jurídico español; si nada cambia, seguiremos publicando en Barcelona y Buenos Aires", señala.

La misma preocupación que manifiesta los agentes, en boca de Pau Centelles, Asociación de Agencias Literarias, que reúne el 50% de las firmas barcelonesas, entre grandes casas como las de Antonia Kerrigan, Guillermo Schavelzon y Mercedes Casanovas. "Que Barcelona se descapitalice y pierda su centralidad en el mapa ya es un hecho que nos preocupa", reconoce Centelles, quien sabe, aunque aún no se ha hecho oficial y no se puede comunicar, que cuatro de las principales agencias literarias marcharán de Barcelona al día siguiente de una hipotética declaración unilateral de independencia.

Aunque no se confiese más que off the record, en el mundillo literario la anticipación de Planeta se toma como un gesto político, además de una decisión empresarial. Y muchas empresas y firmas prefieren eludirlo y permanecer calladas antes de seguir sus pasos, cuando la situación sea irreversible. Por lo pronto, las consecuencias económicas palpables ya son alarmantes, porque, según confesó el presidente de Planeta, la venta de libros en Barcelona cayó un 25% en lo que va del mes.

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