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El vendedor de quiniela que entró a un bar en el momento justo

Viernes 20 de octubre de 2017
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Era el número dos del Ministerio de Planificación Federal. Roberto Baratta tuvo un ascenso tan rápido como impensado. Fue uno de los funcionarios más encumbrados del mundo de la energía. Manejó millones con un estilo similar a Guillermo Moreno, a telefonazo limpio. Creció a la sombra de su jefe, el entonces ministro Julio De Vido , y allí desplegó una carrera cuyo ascenso fue tan rápido como impensado.

Hace 15 años Baratta manejaba un taxi y vendía quiniela. Fue en aquella época cuando un día entró a un bar de Barrio Norte, como tantas veces. Pero ese día cambiaría su vida. Según contó hace poco tiempo a una fuente judicial que lo escuchó en los tribunales, no bien ingresó lo vio a Néstor Kirchner. Y el hombre lo encaró derecho y le pidió trabajo.

El entonces candidato a presidente le dijo que hablara con Julio De Vido. El ex ministro lo llevó a su círculo íntimo y lo designó subsecretario de Coordinación y Control de Gestión. Y allí creció. Tuvo un solo techo en su ascendente carrera: su jefe.

Era el hombre más operativo de De Vido en materia energética. "¡Cortá! ¡Te dije que cortes el gas!", le gritaba a un ejecutivo de una empresa de consumo masivo en medio del crudo invierno de 2006. Por su despacho pasaron gran parte de la relación con Venezuela y toda la importación de combustibles. Ganó centenares de adversarios, a quienes maltrató en épocas de charreteras.

La petrolera estatal Enarsa y la empresa mayorista eléctrica Cammesa, dos sociedades anónimas usadas como sellos para comprar energía al exterior, eran dos de los dominios de Baratta. Además, fue uno de los que llegaron temprano a YPF aquella vez en la que se produjo la estatización de la petrolera. En esas horas, mientras los ejecutivos de Repsol se retiraban por las cocheras, el ahora detenido se instaló en las oficinas más lujosas de la torre de Puerto Madero.

Últimamente, Baratta estaba asustado. Se movía con la certeza de que iría preso. Sin poder desde que cambió el Gobierno y con su jefe sólo sostenido por los cada vez más endebles fueros, el ex funcionario se imaginaba que su vida continuaría en prisión. Y los hombres desesperados tienen conductas inimaginables.

Hace poco tiempo, en medio de una discusión de pareja, la novia de un ex colaborador amenazó con revelar algunos secretos. Ahora aquella mujer despechada es propietaria de un pintoresco departamento.

Su desesperación lo llevó a intentar cualquier tipo de arreglo con la Justicia. No hubo caso, la causa ya tenía vida propia. También está implicado en la causa sobre corrupción en la mina de carbón de Río Turbio. Cuando el poder se escurre, los hombres quedan solos. Y Baratta lo estaba. Vivía entre su departamento de Belgrano y una oficina en la calle Florida.

Eso sí, visitaba periódicamente a De Vido, el hombre que transformó a aquel vendedor de quiniela en millonario.

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